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El 8 de marzo no es un día cualquiera. A mí la gente me pregunta con angustia por quién votar. Cualquier persona que uno se cruza en la calle hace la misma pregunta: —¿Qué vamos a hacer? ¿Si votamos la consulta? —¿Por quién hay que votar? —¿Cómo ves la cosa?
Lo primero que hay que decir es esto: hay que votar. El 8 de marzo no es un día para quedarse en la casa. Aunque todavía no es la primera vuelta presidencial, Colombia se juega ese día mucho más de lo que muchos creen. Ese día elegimos Congreso y se votan consultas. Y hay una consulta muy importante. La gran consulta por Colombia.
¿El Congreso importa? Y mucho.
Durante estos años hemos visto lo que significa tener un Congreso sin carácter, sin independencia y sin control político serio. Los partidos tradicionales —el Liberal, el Conservador y el Partido de la U— han terminado haciéndole el juego a este gobierno, como a tantos gobiernos anteriores. Lo vimos en la reforma laboral, el desfalco a la salud, en los escándalos de corrupción y en decisiones que debilitaron las instituciones.
Es cierto que en algunos momentos se le pusieron límites al poder. Por eso el Congreso es clave para la gobernabilidad, porque allí está la representación ciudadana. Necesitamos mayorías en un Congreso que esté a la altura de los desafíos que tiene el país. Que sea el corazón del equilibrio democrático.
Por eso, la primera recomendación que le hago a la gente es clara: voten por partidos que estén probados haciendo control político real. Que sean coherentes. Que no cambien de postura según la conveniencia.
Y hay otro punto que no es menor.
Hay que votar por listas que vayan a superar el umbral. Un voto por una lista que no pasa el umbral (alrededor de 600.000 votos) es un voto que no se traduce en representación. Y además está la cifra repartidora: incluso si alcanzaran una curul, serían muchas menos las que se lograrían si esos votos se concentraran en las listas que con certeza van a superar el umbral.
No podemos desperdiciar el voto.
Necesitamos fortalecer las listas que tengan la posibilidad real de entrar con fuerza al Congreso.
En Cámara el mensaje es similar: ojalá voten por candidatos de opinión. Personas con criterio propio. Que no dependan de maquinarias. Que sepan decir “no” cuando haya que decirlo. Que entiendan que el Congreso no es una notaría del Ejecutivo, sino un contrapeso.
En estos cuatro años, donde más nos faltó control político fue en la Cámara de Representantes.
Yo, por ejemplo, voy a votar por un candidato de opinión dentro de la misma lista que voy a apoyar al Senado. Coherencia.
¿Y la consulta?
Hay que votar la Gran Consulta por Colombia.
Llevamos mucho tiempo diciendo que no podemos seguir fragmentados. Que tantos candidatos divididos no le sirven al país. Que necesitamos una alternativa real y unida. Pues bien: hoy hay nueve candidatos que decidieron unirse.
Esta consulta es una oportunidad para unir fuerzas antes de la primera vuelta.
Hay candidatos de distintas corrientes. Es el momento para votar por el candidato que a uno le gusta; aquí lo importante es que esta consulta saque por lo menos 4.000.000 de votos.
Si usted es de derecha, hay opciones. Si es de centro, hay opciones. Y si su candidato no está en la consulta, después podrá votar por él en la primera vuelta.
Pero este 8 de marzo hay que enviar un mensaje contundente, claro y fuerte.
Un mensaje de participación. Un mensaje de unión. Un mensaje de que hay una mayoría que quiere recuperar la estabilidad, el crecimiento y la confianza. Que quiere defender la democracia y las libertades.
La democracia no se defiende desde la comodidad de la casa. Se defiende votando.
Ese día no solo elegimos nombres en un tarjetón. Ese día decidimos si aceptamos la resignación o recuperamos el rumbo. Si seguimos fragmentados o empezamos a construir mayoría. Si dejamos que otros decidan por nosotros o asumimos nuestra responsabilidad.
La democracia se defiende con el voto. Y el 8 de marzo tenemos un deber simple, pero poderoso: salir de la casa, tomar el tarjetón y marcar el voto.
Porque a veces la historia cambia así. Con millones de decisiones individuales que, juntas, se convierten en un mensaje imposible de ignorar. Ese mensaje lo escribimos nosotros.













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