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Estamos en el cambio, hoy en día, después de pandemia y entre guerras políticas, el arte y las nuevas culturas precisan un orden, esta ciudad, tacita de plata que en realidad es ponchera de barro, es una ciudad que históricamente ha utilizado las expresiones artísticas como adorno, es momento de abrir la opinión, matar las candelas que no permiten confiar en el poco recurso disponible para las nuevas formas artísticas y vagabundas, hay que redireccionar los cultos públicos; aplaudir carros viejos y recién pintados debe ser cambiado por gigantes comparsas de jóvenes con la cara pintada y cantando para ponderar las mejores hortalizas o las diferencias del placer y los sexos, las salas teatrales deben pulular las comunas alrededor de las estaciones de policía, eliminar las plazas adictivas y llenas polvo legalizado e idealizado, es momento de valorar la expresión emocional de las humanidades poco adineradas, dejar el ego histórico y aceptar que, sí es necesario educar en el arte de emocionar, los colegios deben sumar a Molière en sus planes de cátedra, Baldor no lo notará, sumar o multiplicar cantando es más divertido que dar golpes y regalos para salvar descuidos patronales o padrastros desubicados y desnutridos, recordemos que la cultura es el cultivo de las ideas para solucionar necesidades de un colectivo.
Un rico no es culto por tener un obrero metido en su cultivo, el pobre se lo cree ser, cuando no se le permite la calle para gritar dolido; el contrincante del arte es el empresario avaro que no sabe decir lo que le violaron de niña o niño.
Es momento de cambio, aunque duela debemos hacerlo, o si no, la muerte por naturaleza lo hará primero, empezando por los pueriles empantallados celulosos, pequeños traumados, que si se salvan, serán guerreros sin causa que solo han visto la guerra como cultivo patrocinado por viejas iglesias para supuestos divinos.
Cambiemos por su dios, se los pido… Amén.












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