De la acción individual a la gremial

Las marchas del magisterio durante la última semana me hicieron revivir en la memoria las movilizaciones que durante octubre y noviembre de 2011 llevamos a cabo decenas de miles de estudiantes universitarios, de secundaria, docentes e incluso padres de familia para oponernos a la lesiva reforma a la Ley 30 que propuso el gobierno del presidente Juan Manuel Santos en cabeza de su ministra de educación para la época, la señora Maria Fernanda Campo. Unidos entorno al propósito central de evitar la mercantilización de la educación y defender la autonomía universitaria, los estudiantes logramos derrotar el proyecto de ley y poner nuevamente la lucha estudiantil en el escenario nacional, como no se veía desde el año 71.

Una experiencia que dejo buenas lecciones que valen la pena destacar. En primer lugar, partir de que es totalmente posible lograr la unidad de un sector cuando existen políticas o iniciativas oficiales que lesionan su bienestar o incluso ponen en vilo su existencia, como en su momento lo fue el proyecto de Ley 112 de 2011 para la calidad de la Educación Superior. En segundo lugar, esa unidad se debe concretar en una organización material que le de orientación a las luchas, recoja sus reivindicaciones y propuestas para ponerlas sobre la mesa con su interlocutor (el gobierno nacional), papel que cumplió con éxito la Mesa Amplia Nacional Estudiantil – MANE. Y no por último, menos importante, está el hecho de vincularse, asociarse o agremiarse como quiera que es la participación masiva y vinculante la que le da “carne” a una lucha gremial, de lo cual valga decir, tuvo bastante ese movimiento estudiantil, con la participación incluso de estudiantes y profesores de la “elitista” Universidad de los Andes.

Haciendo énfasis en el último aspecto, es indiscutible que cuando sectores de individuos que comparten labores, oficios o intereses en el campo profesional, económico o empresarial se enfrentan a una misma problemática, la cuota inicial de su solución está en el pasar de la acción individual a la gremial. Visión que no obstante el caso del movimiento estudiantil descrito, prende cada vez con menos fuerza en el espíritu de las nuevas generaciones, permeadas por un pensamiento posmoderno donde prevalecen verdades relativas que no dan campo a la unidad de criterio y mucho menos de acción, priorizando el pensar y actuar individual sobre el colectivo.

Lo anterior, tiende a configurar un panorama hostil para la existencia de las organizaciones gremiales y por ahí derecho para los sectores que representan: la baja o pasiva participación de los representados conlleva una nula efectividad en su gestión, interlocución y cabildeo; y esa ausencia de resultados a su vez presiona a la baja la participación de sus afiliados, conformando un círculo vicioso. Esto al final pone en jaque su funcionamiento como corporación gremial y contrapeso, en aras de mantener un sano equilibrio entre las políticas públicas que emanan de un gobierno y los sectores sobre quienes éstas se aplican.

Así que poniendo al margen los mecanismos que tuvo la lucha del estudiantado colombiano para aquel logro de 2011, el corolario es simple: fortalecer los gremios y asociaciones de los sectores económicos, productivos y profesionales que competen a nuestra labor con una participación activa, de modo que podamos pasar de la acción individual a la gremial, con una vocería única, legitimada en la amplia participación y por ello, con mayor capacidad para presionar por nuestros intereses y aspiraciones. Acto seguido, y como decía el empresario antioqueño Nicanor Restrepo, quien fuera presidente del poderoso gremio de la ANDI: “hay que pasar de las quejas a las propuestas”. Proponer alternativas de solución a las problemáticas de los sectores que representan es la quintaesencia de cualquier gremio. Allí está pues la razón de su existencia.

No podría cerrar esta columna, sin felicitar el aniversario 130 del principal gremio de la ingeniería en el país: la Sociedad Colombiana de Ingenieros; como afiliado espero contribuir para que sean muchísimos años más de aporte al desarrollo y defensa de la ingeniería en Colombia.

 

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About the author

German Felipe Muñoz

Ingeniero civil. Miembro y confundador de la Fundación Soy Joven. Apasionado por temas de liderazgo, emprendimiento, desarrollo sostenible y paz. Maratonista.