Cristo y las masculinidades anti-patriarcales

Andrés Kogan Valderrama Caratula alponiente al poniente (6)

A propósito de las celebraciones de Semana Santa en distintas partes del mundo, vale la pena aprovechar este momento para reflexionar sobre la figura de Cristo desde un ángulo poco explorado: una mirada desde las masculinidades.

Lo menciono porque, en un mundo donde el patriarcado sigue dictando qué significa “ser hombre” —fuerte, invulnerable, proveedor incuestionable y siempre en control—, resulta provocador volver la mirada hacia una figura que, hace más de dos mil años, encarnó una forma radicalmente distinta de habitar la masculinidad: Jesús.

La figura de Cristo puede entenderse como una propuesta disruptiva y crítica frente a la masculinidad hegemónica de su tiempo, marcada por el Imperio Romano y heredera de las grandes civilizaciones patriarcales. Esa misma lógica de dominio, militarismo, guerra y control de los cuerpos y los territorios persiste hasta hoy.

Jesús no encajaba en el modelo judeo-helenístico-romano de su época, donde ser hombre implicaba honor público, dominio sobre los subordinados, autocontrol emocional y el rechazo de todo lo asociado a la pasividad o a lo “femenino”. Patrones que, en buena medida, se siguen reproduciendo en la actualidad.

El ejemplo de la crucifixión es particularmente elocuente: lo que para la sociedad romana constituía la muerte más humillante —reservada a esclavos y rebeldes—, una pérdida total de control y una exposición vergonzosa del cuerpo, para Jesús se convirtió en un acto supremo de entrega y amor. De esta manera, mostró que la vulnerabilidad no equivale a debilidad.

Jesús tampoco se ajusta al molde del “macho” tradicional y triunfante. Es capaz de llorar, de tocar a los “impuros” sin temor a contaminarse, de dialogar con las mujeres en igualdad, de lavar los pies de sus discípulos y de rechazar la espada como respuesta a la violencia. Con estas actitudes, propuso una masculinidad alternativa y anti-patriarcal, que prioriza el cuidado, las relaciones horizontales y la renuncia al poder coercitivo.

Como señala el teólogo Hugo Cáceres Guimet, “Cuando hablamos de masculinidad de Jesús, estamos señalando que las características propias de su comportamiento en los relatos evangélicos permiten a los estudiosos identificar el modelo de conducta masculina que postuló el Maestro y que se distanció notablemente de la masculinidad hegemónica del siglo I”  (1). Se trata de una interpretación muy sugerente de la figura de Cristo.

En otras palabras, Cristo desmonta el mandato de dominación masculina sin renunciar a la fuerza ética ni al coraje moral. Su autoridad no surge de la fuerza física ni del estatus social, sino del servicio y de la capacidad de ponerse en el lugar del otro o de la otra. Expulsa a los mercaderes del templo con energía, sí, pero no para imponer su poder personal, sino para defender la dignidad de los excluidos.

Jesús no compite por estatus con fariseos ni romanos en sus propios términos; propone otro juego: el del Reino, donde los últimos son primeros y donde el poder se ejerce lavando pies y compartiendo el pan. Esa es una invitación radical para los hombres de hoy: dejar de medirse por cuánto dominan y comenzar a valorarse por cuánto cuidan, acompañan y se permiten ser vulnerables en la relación con los demás.

Es cierto que la Iglesia, durante siglos, ha dejado de lado estas enseñanzas de Cristo y las ha instrumentalizado para subordinar a las mujeres y para colonizar pueblos y territorios. También es cierto que, desde la época de Constantino —cuando el cristianismo se convirtió en la ideología del Imperio Romano—, se reforzó el patriarcado y la dominación a través de estructuras clericales corruptas y abusivas. Pero eso es precisamente lo que Jesús vino a cuestionar y a subvertir.

Dicho lo anterior, la figura de Cristo nos puede ayudar no solo a releer su historia desde otro lugar, sino también a que tanto creyentes como no creyentes dejemos atrás una masculinidad de la muerte —que sigue generando guerras, catástrofes y dominaciones de todo tipo— para abrirnos al cuidado de la vida y construir un mundo más justo y sostenible.

1: https://www.archivosagenda.org/es/la-masculinidad-de-jesus-perspectivas-actuales

Andrés Kogan Valderrama

Sociólogo
Diplomado en Educación para el Desarrollo Sustentable
Magíster en Comunicación y Cultura Contemporánea
Con cursos de Doctorado en Estudios Sociales de América Latina
Profesional de la Municipalidad de Ñuñoa
Integrante de Comité Científico de Revista Iberoamérica Social
Director del Observatorio Plurinacional de Aguas www.oplas.org

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