Colombia 2026: señales de mediano plazo para una elección que aún no está decidida

Para un interesado en las elecciones colombianas, la coyuntura política nacional actual se inscribe en un ciclo de transformación abierto desde los acuerdos de paz con las FARC en 2016. Desde entonces, el sistema político ha experimentado una reconfiguración marcada por la polarización en torno a la implementación de la paz, el papel del Estado social de derecho y la ampliación (o contención) de derechos sociales. La llegada al poder de Gustavo Petro en 2022 representó el primer gobierno de izquierda en la historia contemporánea del país, tensionando estructuras tradicionales de poder político, económico y mediático. En este contexto, las elecciones presidenciales de 2026 se proyectan como un momento decisivo para la continuidad o reversión de ese ciclo. La pregunta que muchos se hacen es si ese resultado puede anticiparse. Mi respuesta es que no del todo, pero hay señales de mediano plazo que permiten delinear un escenario probable.

Una de esas señales es la candidatura de Iván Cepeda por el movimiento popular, que tiene posibilidades reales de ganar en primera vuelta. Analistas diseñan mecanismos sofisticados para responder afirmativa o negativamente a esta pregunta. Aquí me atrevo a dar mi pronóstico, obviamente interesado en una respuesta favorable, pero con sustento analítico. El marco prospectivo sobre el cual me fundamento acepta que la polarización electoral de 2014, 2016, 2018 y 2022 (articulada en torno a la paz y, detrás de ella, a la democratización y a la afirmación de derechos) se mantiene.

Sin embargo, respecto de esos periodos, observo cambios que modifican el punto de partida de los dos grandes bloques en disputa: el uribismo y el santismo primero; y, desde 2016, la izquierda socialdemócrata asociada al liderazgo del actual mandatario, Gustavo Petro:

  1. La gestión política de la derecha ha sido desastrosa —el último caso es el departamento de Antioquia y la concentración de inversión en el rico Oriente cercano— en términos de crecimiento económico, gestión de derechos e inclusión social. La miseria de los 20 dólares a los adultos mayores más pobres de los pobres como bono pensional fue un absurdo y es su caso paradigmático de gestión, además de los bombardeos a las infancias.
  2. Las apuestas políticas del gobierno de Gustavo Petro han sido eficientes en un entorno sin correlación de fuerzas a su favor: sin las cortes, sin el Congreso, sin la burocracia, sin los medios de comunicación de gran audiencia, y ante actitudes políticas conservadoras en amplios sectores de la sociedad.
  3. La movilización social democratizadora, aunque atomizada, se ha mantenido. Algunos sectores, el campesino, el obrero y el juvenil se han fortalecido, al igual que el partido de gobierno, el Pacto Histórico que incrementó su fuerza electoral en las pasadas elecciones al parlamento, convirtiéndose en la primera fuerza del país.
  4. Los gobiernos internacionales afines a la oposición colombiana han tenido resultados escandalosos. Estados Unidos pierde capacidad de alineamiento mientras acumula acciones de alto reproche internacional, como el genocidio en Gaza y la invasión a Irán. Los gobiernos latinoamericanos alineados con esa tendencia —Ecuador, Perú, Panamá, Argentina, Chile, Bolivia enfrentan movilizaciones que estresan el aparato productivo, reducen su aceptación a niveles históricos y elevan la conciencia crítica en su contra tanto en el país, como a nivel regional.

Con estos cuatro factores bastaría una respuesta afirmativa. No obstante, el futuro sigue siendo incierto, y las tácticas erradas en los próximos meses, con alta probabilidad de ocurrencia en cada bando, podrían cambiar el escenario, más aún si el resultado en primera vuelta no es contundente. Por eso acepto e introduzco un segundo marco analítico: el efecto coyuntura, el tiempo presente, que resulta más determinante que estas marcas estructurales de mediano plazo y cuyos síntomas estarían asociados a errores tácticos o influencia internacional.

Tengo dudas, entonces, acerca del futuro; pero también una esperanza que no es ingenua sino analíticamente fundada: ha llegado el turno de avanzar y profundizar reformas sociales que nos permitan hablar abiertamente de dos apuestas más radicales para el país:

  1. La nacionalización de la plusvalía del capital colombiano para procesos de planeación estratégica con énfasis comunitario.
  2. La construcción de alineamientos internacionales regionales para la consolidación de modelos compartidos de sociedad y economía en materia de ciudadanía, mercado, distribución de la inversión y el trabajo. La Patria Grande no es una utopía: es una necesidad histórica y concreta.

Los socialdemócratas están en la cresta del cambio. Los marxistas vamos detrás, sumándonos para alcanzar un bienestar profundo y verdaderamente social.

Julián Andrés Granda

Sociólogo, magister en Estudios Latinoamericanos y actualmente, estudiante doctoral.

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