Carta de un profesor modesto a unos estudiantes maravillosos

A mis queridos estudiantes:

Siento una alegría inmensa por la posibilidad de la vida, el destino y Dios por haberles conocido. Nunca pensé sentir tantas bonitas sensaciones. Sin duda, sé que estuve con personas maravillosas, con unas capacidades únicas que muchos ignoran, pero que desde mi humilde posición siempre valoraré y respetaré. Estoy convencido profundamente  de que pueden evolucionar el mundo en el que viven, si se lo proponen. Asimismo, que desde los diferentes proyectos de vida serán artífices de un nuevo relato, una nueva historia de jóvenes homéricos que no repetirán los errores de nuestros padres (violencia), somos la generación de la alegría y la esperanza, es decir, son ustedes diamante en bruto en un mundo que se queda en el pasado triste que niega la vida y que ignora el valor de lo fundamental.

Confío en que a lo largo de estos meses se hayan llevado algo de mí como yo  lo hice de ustedes, me llevo la esperanza de encontrar en ustedes un futuro mejor, me llevo las capacidades que tienen para el arte y la cultura, la dulzura en sus ojos del aprecio por el saber, la capacidad crítica tan elemental, me llevo profundamente en mi corazón la sonrisa con que han confrontado las adversidades de un mundo que nos niega como jóvenes.

En sus manos está la posibilidad de construir una verdadera sociedad democrática, sin la pobreza, la segregación y la exclusión que hoy vivimos. Como profetiza William Ospina: “En Colombia tarde o temprano lo que era guerra aprenderá a ser diálogo, lo que era violencia aprenderá a ser exigencia y reclamo, lo que era silencio podrá convertirse en relato”.  No me cabe duda que en sus capacidades hay una poderosa herramienta para lograrlo. Ustedes son imprescindibles e irremplazables, por más que unos cuantos soberbios  no los valoren ya sea por ignorancia o exceso de conocimientos de parte de esos pedagogos que adoran la educación y tratan con desidia a los estudiantes, ellos como decía Henry David Thoreau “viven en una muda desesperación”. Ustedes sabrán sacar las lecciones necesarias de las adversidades de la vida y el camino para seguir en la brega por lograr una educación y un mundo mejor.

No olviden que los momentos no se volverán a repetir. Vivan intensamente cada instante, como diría Walt Whitman: “Carpe diem. Vive el momento”.   Lo que no significa alocadamente; sino mimando cada situación, intentando realizar cada sueño positivo, buscando el éxito; y evaluando la materia más importante: el amor. Para terminar recuerden tres puntos más elementales que cualquier componente y competencia que se basaban las clases de este modesto docente de constitución política:

  1. Formarse para la democracia y la paz es una cosmovisión de vida, es la mejor forma de ser ciudadano. Un demócrata es respetuoso, dialoga, defiende sus derechos y respeta el de los demás, cree en la vida y respeta la alegría.
  2. Las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo.
  3. Sueñen, sueñen en grande. Se lo que siempre quieras ser para contribuir con un verso a la poesía de la vida.
Con amor:
Su modesto profesor: Alejandro López Lasso.
Cali, 01 abril de 2018

About the author

Alejandro López Lasso

Abogado Universidad Libre y Diplomado en derechos humanos y cultura de paz. Docente constitución política