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Cambiemos el mundo

Así se titula el libro de la activista sueca Greta Thunberg. Cambiemos el Mundo recopila sus mejores discursos desde que en agosto de 2018 decidió emprender una huelga escolar por una acción resuelta del gobierno de Suecia, y luego, de los líderes del mundo frente a la problemática del Cambio Climático y la supervivencia misma de nuestra especie. El libro en español lo publica la Editorial Lumen y ya está en las librerías del país, por lo que sin perjuicio de su recomendada lectura, me limito aquí a hacer una síntesis de sus reflexiones y llamados más relevantes, pronunciados desde la Marcha por el Clima en Estocolmo en septiembre de 2018 hasta sus palabras ante el Consejo Económico y Social de la Unión Europea en febrero de este año.

 

En primer lugar, resaltar lo que es una constante a lo largo de sus discursos y es el lenguaje franco, claro, directo y sin eufemismos en el que se refiere al cambio climático, pero más aún a quienes deberían tomar acción frente a esta problemática y no lo han hecho. Lejos de la diplomacia, la verborrea aduladora y complaciente que se suele ver en las conferencias mundiales, Greta resulta provocadora e irreverente. Con sólo 16 años, no tiene empacho en dirigirse a los líderes mundiales en frases como estas: “Ustedes solo hablan del eterno crecimiento económico verde porque les asusta demasiado ser impopulares. Solo hablan de seguir adelante con las mismas malas ideas que nos han llevado a esta situación desastrosa… No son lo bastante maduros para llamar a las cosas por su nombre” [Discurso en la COP24, Katowice, 3 de diciembre de 2018].

 

Es muy insistente en cuestionar -y con toda razón- el cómo si estamos frente a una crisis medioambiental ampliamente aceptada por los científicos y declarada en sendos comunicados e informes, principalmente del IPCC (Panel Intergubernamental de Cambio Climático), los dirigentes políticos le den la espalda y solo hablen de dinero y crecimiento, mientras la humanidad toda se ve abocada a una crisis planetaria que no es tratada como tal: “A todos aquellos de ustedes que prefieren mirar hacia otro lado cada día porque parece que les asusta más los cambios que pueden impedir el cambio climático catastrófico que el cambio climático catastrófico en sí. Su silencio es lo peor de todo” [Discurso en la Marcha por el Clima, Estocolmo, 8 de septiembre de 2018].

 

Aunado a la impasividad de los principales líderes mundiales, los medios de comunicación no se quedan atrás en su responsabilidad, y Greta en parte les endilga su indolencia y trato de segunda en el cubrimiento de una crisis planetaria que debería estar en titulares y medios todos los días. Pero la joven sueca da en el quid también cuando achaca la minusvaloración del problema a climatólogos y partidos ecologistas, y yo diría más en los segundos, precisamente quienes deberían ponerse a la vanguardia de la lucha por enfrentar el cambio climático y ponerlo en el centro de las agendas de gobierno, propugnando por políticas que implementen de manera urgente reducciones en las emisiones de gases de efecto invernadero, acorde a lo establecido en el Acuerdo de París. Es una crítica que en Colombia recae con bastante peso sobre el partido Alianza Verde, que en muchos de los debates ambientales aún no se pone a la cabeza y varios de sus congresistas, líderes y militantes no representan ellos mismos un cambio ni tampoco lo promueven frente al modelo de consumo tradicional que tanto afecta al planeta.

 

Greta es categórica al afirmar que no existen grises cuando se trata de la supervivencia de la especie humana y las millones de especies que habitan el planeta. Su mensaje es concreto y sin rodeos. O paramos las emisiones de gases efecto invernadero (GEI) o no las paramos; o impedimos un aumento de la temperatura en 1,5°C o no lo hacemos; o continuamos existiendo como civilización o no. Es tan claro como eso.

 

Entre tanto llamado de atención a líderes políticos y otros, lo que nos debe resultar más interesante en el discurso de Greta, es su cuestionamiento abierto a la política per se que domina las sociedades actuales. Hoy, los países industrializados tienen el reto de reducir sus emisiones a cero en un plazo menor a doce años, y lo que muestra la tendencia – curva de Keeling- y las mediciones de GEI es que siguen aumentando. El sistema capitalista, al contrario de solucionar el problema, lo que ha hecho es atizarlo. De ahí, que apuntar a cuestionar la política y economía tal como se configura hoy en el mundo, tenga todo el sentido. Greta nos invita a cambiar nuestra forma de pensar, a forjar una nueva economía y política donde todos cooperemos y compartamos los recursos que quedan en este planeta dentro de sus límites, y es así, que no duda en preguntarle a su audiencia: ¿Y si las soluciones fueran tan imposibles de encontrar en este sistema que quizá lo que tengamos que hacer sea cambiar el sistema en sí?. [Discurso en la COP24, Katowice, 3 de diciembre de 2018].

 

Por todo lo anterior, y en contraste con muchos líderes políticos mundiales que continúan impávidos y al margen de una problemática que deberían asumir, la voz y el activismo de Greta Thunberg nos llega como un soplo de esperanza y motivación para quienes hemos emprendido la tarea voluntaria y denodada de luchar por el planeta, nuestra casa. Sus palabras son una luz para un camino que se ve oscuro: “Y si, necesitamos esperanza, claro que si. Pero más que esperanza, lo que necesitamos es acción. Cuando empezamos a actuar, la esperanza está por todas partes. De modo que, en lugar de buscar esperanza, busquemos acción. Entonces, sólo entonces, llegará la esperanza… Todo tiene que cambiar, y tiene que empezar a cambiar hoy” [Conferencia TedX de noviembre de 2018].