Opinión

Bioriginalidad: el real potencial de la Economía Naranja. Entrevista a Andrés Guzmán

Hablamos con Andrés Guzmán, Director de Creatividad para Colombia y promotor del Liberalismo Creativo, sobre una de las banderas insignias del gobierno de Duque: la Economía Naranja.

Mucho antes de lanzarse a la Presidencia, Iván Duque ya proponía una revolución total en la Latinoamérica y del Caribe, donde las industrias creativas se convertirían en uno de los principales motores económicos de la región, muestra de ello es el libro que escribió en coautoría con Felipe Butrago, La Economía Naranja, una oportunidad infinita, donde ilustra esta idea que hoy esgrime desde la Casa de Nariño y la cual lo proyectó como un mandatario fresco e innovador durante su pasada campaña.

Aunque ya prometió estímulos y apoyo al sector creativo a través de iniciativas como los bonos naranjas, aterrizarla como una política a largo plazo con resultados medibles será uno de sus principales desafíos. Para Andrés Guzmán Ayala, comunicador social, ex candidato a la Cámara por Bogotá por el Partido Liberal y experto en economía creativa, es primordial defender la cultura y el medio ambiente para poder formular un modelo económico que nos haga competitivos, sostenibles y bioriginales.

En la hoja de vida de este quindiano destaca su aporte a la creación de espacios de entretenimiento y cultura en su región, al desarrollar, con tan solo 18 años, la primera franja juvenil en la televisión pública de los canales regionales del país para el canal Telecafé y, posteriormente, la primera plataforma para potenciar las relaciones entre arte, ciencia, tecnología y la economía creativa en ciudades intermedias colombianas llamada Alteróptica; fue director de contenidos digitales, comerciales, video clips para muchas productoras y agencias de publicidad del país.

Finalmente, Guzmán dio un salto a la política como asesor legislativo en el Congreso de la República, lo que lo llevó a ser uno de los autores del Proyecto de Ley de Estímulo a la Creatividad en Colombia, un interesante abordaje de la economía creativa. Actualmente, dirige Creatividad para Colombia, una comunidad que agremia pequeños y medianos sectores que producen bienes y servicios creativos como casas de posproducción, animación, videojuegos, cervecerías artesanales, galerías de arte, laboratorios creativos, educación alternativa, entre otros.

Hablamos con él para que, desde su experiencia y su paso por la política, nos explicara un poco más del panorama de las industrias creativas en Colombia.

¿Por qué Colombia se ha vuelto una potencia en cuanto industrias creativas se refiere?

Yo no diría que somos una potencia, pero sí tenemos cualidades para serlo. De los 47 sectores que componen la economía creativa del país, digamos que hay algunos que tienen un comportamiento industrial, es decir, que tienen un modelo de producción industrial. Esto se ve, más que todo, en el sector de la televisión y publicitario. Hay fenómenos como el de Fox Telecolombia, donde, geopolíticamente, Colombia presentó unas condiciones propicias para que esta empresa pueda producir series a gran escala para el mundo entero con un nivel técnico altísimo, pero donde hay serias dudas en cuanto a la contratación y las garantías que se les da a quienes trabajan en ellas, desde los operarios de equipos hasta la misma gente que está en el crew de producción. Incluso, frente a condiciones laborales muy distintas con respecto a los extranjeros que vienen a trabajar en estos proyectos, como los directores o los directores de fotografía, donde se presentan situaciones muy diferentes a las de los locales. Son cosas que hay que revisar de fondo.

Hay otros sectores que no son industriales, sino pequeños, como lo son el de la animación y el de los videojuegos. Están compuestos por empresas pequeñas con talento nacional que exportan producción, pero no de una forma masiva. Ahora, si uno lograra hacer sinergia dentro de varias etapas de la producción o unir varios procesos, como ocurre en las casas de posproducción, las cuales prestan servicios a cine, televisión y publicidad, ahí sí podríamos ver un comportamiento industrial.

Claramente, Colombia no es una potencia, pero sí tiene muchas potencialidades que hay que regular y proteger dentro de la producción nacional, ya que corremos el riesgo de convertirnos en una maquila, donde a costos muy bajos se podría producir, y lo que fácilmente atraería la inversión extranjera, pero a costa de poner en riesgo la seguridad laboral y los incentivos para potencializar el talento nacional, por ejemplo. Otro escenario negativo sería que llegaran producciones internacionales que no pagaran ningún tipo de impuesto o arancel; comerciales extranjeros que se emitieran en nuestras franjas de televisión o que, como en el caso de Netflix, la cuota nacional fuera mínima, lo cual no ayudaría en nada a potencializar la producción nacional. Para poder hablar de Colombia como potencia hay que cumplir con una condición clara y es que tengamos, realmente, una producción con plenas garantías para los creadores y artistas.

¿En qué va el proyecto de ley para el estímulo a la creatividad? ¿En qué consiste?

El proyecto de ley de Estímulo a la Creatividad se basa en un concepto que es la bioriginalidad. Hay una pregunta que es de Economía de Mercado dentro de la Economía Creativa y es ¿Qué hace valioso a un bien o servicio creativo en el mercado global?: la originalidad.

A nosotros nos hace únicos en el mercado global la biodiversidad y la ancestralidad, entonces, creemos que si juntamos estas dos características en el concepto de bioriginalidad estaríamos hablando del gran insumo que tiene el país para ser único en este mercado. Sin embargo, no se puede pensar en un fin de mercado sin antes haber hablado de un sistema de cultura viva. La cultura pervive en los territorios, en los pueblos y en los usos y saberes ancestrales, pervive en la identidad de una nación. Si nosotros no estamos pensando en fortalecer este sistema, sino en solo utilizarlo como insumo para exhibir por exhibir, lo que estaríamos haciendo sería una apología al extractivismo, al extractivismo cultural y creativo que es el peor de todos.

Los países que tiene economías creativas exitosas son aquellos que tienen proyectos de identidad nacional, y en un país como Colombia con su biodiversidad y su pluriculturalidad, la primera es una representación estética que está en la cosmovisión de los pueblos e identidades de los territorios. Todos los saberes ancestrales, la biodiversidad traducida a paletas de color, compendios de texturas y a bancos de sonido son insumos que deben estar a disposición de la nación y tienen que estar en dominio público, abierto y gratuito. Es patrimonio de la nación.

Así que una de las primeras cosas que tiene que hacer este país es sistematizar toda esta información y para eso debe crear una institución nueva que sería la Mediateca Nacional, la cual sería la evolución de las bibliotecas y archivos nacionales. Un escenario análogo y digital donde estará alojada la matriz bioriginal del país.

Cuando tengamos pleno dominio como nación de este material, ahí tendremos un reforzador de identidad porque vamos a saber quiénes somos y qué es lo que tenemos, porque para producir bienes y servicios creativos es fundamental tener dicha matriz estética, esa es la esencia del proyecto de ley que estamos planteando, aparte de ampliar el estímulo a otros sectores que históricamente han sido considerados como marginales dentro de la economía creativa como el grafiti, las galerías de arte o el tatuaje.

 

¿Qué es “Bogotá Respira Creatividad”? ¿Cuáles fueron los resultados?

‘Bogotá Respira Creatividad’ es una apuesta por recuperar la calidad del aire como insumo básico para tener una sociedad creativa. Lo hicimos como un proyecto de visión de sociedad, estético – político, ¿Queremos una sociedad creativa? Ok, garanticémosle a la gente la calidad del aire, incluso para tener una sociedad en paz.

Bogotá tiene uno de los aires más contaminados de Latinoamérica y creemos que es una violencia el aire de esta ciudad. Entonces, si no tenemos un aire limpio, es imposible tener un estado de creatividad. Hay que comenzar a asociar factores de inseguridad, factores de choque y factores de estrés profundo de los ciudadanos con la calidad del aire.

Cuando estuve como candidato a la cámara por Bogotá hicimos un ejercicio, nos dirigimos a la estación de Marly de Transmilenio y escribimos, limpiando el smog que se había impregnado en la estación, “Bogotá Respira Creatividad”. Los usuarios pensaron que nosotros habíamos grafiteado el muro que separa la vía de los vehículos, y no, lo que habíamos hecho era un ejercicio de limpieza. Pero estamos tan acostumbrados a este smog negro, que la gente pensó que nosotros lo habíamos pintado; ocho días después, el muro estaba totalmente negro. Ese es el estado caótico que tiene el aire en nuestra ciudad y el cual representa una gran violencia.

Hace poco estuvimos a Rock al parque, uno de los eventos culturales más importantes del continente. ¿Cuál cree que es la importancia de estos espacios propiciados desde lo público para la cultura y el emprendimiento? ¿Se cumplen los objetivos?

Son espacios claves para la convivencia. Nosotros tenemos una sociedad muy joven que tiene muchísima energía que necesita de escenarios creativos donde haya circuitos de exhibición de alto nivel, donde haya intercambio con otras narrativas del mundo entero. Sin embargo, se falla mucho en los circuitos académicos y de profundización que deberían tener una continuidad permanente durante todo el año y no solo uno o dos días antes del festival, porque, realmente, estos son los laboratorios creativos que van a fortalecer y van a permitir que exista un gran nivel en la producción musical.

Bogotá ha sido declarada por la UNESCO como capital musical y eventos de la talla de Rock al Parque fortalecen la idea de lo abierto, lo público y lo gratuito, ya que no son espacios que se dan en el contexto de lo privado, sino que se dan en un contexto de ciudad, para los ciudadanos y por los ciudadanos. Veo que hay que fortalecer la capacidad para que se conviertan en un circuito de exhibición con un laboratorio creativo permanente.

Una de las propuestas insignia de Iván Duque, es el apoyo a la llamada “Economía Naranja”. ¿Para usted cuáles son los principales retos que deberá enfrentar la nueva administración?

Yo difiero mucho del nombre, es un nombre de una estrategia publicitaria y de evangelización que carece de todo fondo, porque, cuando uno va a mirar el argumento de por qué se llama “Economía Naranja”, se encuentra con un popurrí de cosas pegadas, como que a Frank Sinatra le gustaba el color naranja, el color de la alegría, o que la religión budista ve asociado este color con el sexto chacra que es el chacra de la reproducción, por lo tanto, el de la creatividad, entonces, son cosas que no tienen nada que ver incluso con el país. Hablando de Economía Creativa, que es realmente el nombre con el que se conoce en todo el mundo, tiene que ver con la identidad de la nación y tiene que ver con la cultura y con el reflejo de lo que somos.

Me parece que se abre una gran oportunidad, pero hay varios peligros. La Ley Naranja es una ley pobre que se queda corta, que lo que busca es bancarizar a los productores de bienes y servicios creativos, no hay una dimensión profunda del arte o la cultura. Cuando pienso en ese escenario de bancarización, me imagino algo así como el ICETEX, pero más allá de eso no hay un proyecto de construir una matriz estética nacional, que seamos un país que refleje su cultura en vez de ser uno donde desconocemos profundamente nuestros orígenes, pero también, un país que tiene posibilidades enormes en sus ciudades intermedias donde haya oferta académica para producir bienes y servicios creativos, donde se puedan impulsar otros sectores de la economía como la agricultura o el turismo.

Siempre recuerdo casos como Vietnam o los países de Asia menor que lograron darle gran valor agregado a su territorio y a su turismo gracias a que les devolvieron las toponimias a muchos lugares, sus nombres ancestrales; eso le da una historia, una narrativa. En últimas, eso produce en los visitantes unas ganas de reconocer una historia, que es lo que realmente los asombra. La historia es lo que nos hace únicos y la narrativa es lo que nos da identidad, eso es lo que tenemos que configurar como nación, por eso, creo que en esa parte se queda corta esta visión de Economía Naranja que es una visión mercantilista y que, finalmente, si no responde a un proyecto de identidad nacional va a quedar reducida a folclor. Sin embargo, estamos dispuestos a hacer sinergia y a buscar los espacios para hacer un gran acuerdo.

No digo que todo es malo, creo que hay una buena intención, pero el gobierno debe abrir un debate amplio donde reciba ideas, porque asumirse como los únicos conocedores de este escenario creo que es un error.

Si llega a feliz término esta política, ¿quiénes serán los principales beneficiarios?

Depende, aquí deberíamos poder identificar muchas escalas de la producción. Ciudades como Armenia tienen 18 carreras universitarias para producir bienes y servicios creativos, pero carece de laboratorios constantes de transferencias de conocimiento o circuitos de exhibición de alto nivel. Hay que inyectarle condiciones diferentes para poder llegar a un nivel de producción alta porque todos los profesionales que se gradúan de allá salen a enriquecer la economía de las principales ciudades de Colombia, en su mayoría, la de Bogotá, por eso se deben generar circuitos de producción para poder garantizar que toda la oferta académica que hay en las ciudades intermedias, puedan producir bienes y servicios creativos.

Otro caso es el de Bucaramanga, que es una de las ciudades donde más se exportan videojuegos en el país. Seguramente esas empresas que ya existen deben ser fortalecidas y hay que crear otras. Sin duda, a Duque le toco un bono generacional que no se repetirá en doscientos cincuenta años.

No obstante, los grandes beneficiarios serán todos los jóvenes, de hecho, la economía creativa es un escenario de economía de jóvenes. Los que están dentro de esta industria y que son innovadores, visionarios, que están trabajando en torno a muchas posibilidades que están vinculadas al desarrollo científico y tecnológico propio del país, son los protagonistas; porque seguir consumiendo contenidos que incorporan tecnología de otra parte genera otro tipo de dependencias.

Si la economía creativa se logra anclar a la ciencia, la tecnología y la innovación, como sector, va a generar una enorme riqueza para todos los colombianos y en especial para los jóvenes. No olvidemos que el 52,3% de los colombianos, ahora, es menor de 30 años y, como le digo, eso es un bono demográfico que no se va a repetir en doscientos cincuenta años.

¿En qué consiste el Liberalismo Creativo?

El Liberalismo Creativo viene del proyecto de ley de Estímulo a la Creatividad y recoge toda la tradición liberal de gestión de la cultura de la nación. El liberalismo, históricamente, ha creado las instituciones que han gestionado la cultura del país: la Biblioteca Nacional, el Archivo Nacional, el Museo Nacional, son instituciones liberales. Nosotros lo que queremos es seguir esa tradición y proponerle al país la creación de la Mediateca Nacional. Hay escenarios en los que participa el Liberalismo Creativo como en el diseño del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación.

El liberalismo es una apuesta de economía de mercado que cree profundamente en la localidad y nos plantea cómo construimos un proyecto de identidad nacional que responda a esa pregunta de ¿Qué hace valioso a un servicio creativo en el mercado global? Para nosotros es claro configurar todo un escenario de valores nacionales, un escenario de identidad cultural en torno a la pluridiversidad de la nación, pero también, entorno al desarrollo de la biodiversidad como un insumo para la economía creativa.

Lo que busca el Liberalismo Creativo es tener una agenda contemporánea que revitalice al liberalismo y lleve a la juventud del país a creer no solo en una postura ideológica sino en una postura de proyecto de nación y de condiciones económicas y sociales que también detonan en un desarrollo cultural.

 

Por: Javier Murcia, colaborador de Al Poniente en Bogotá.

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