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Consumada la toma hostil de la rectoría de la Universidad de Antioquia por parte de una facción del Pacto Historico, el ahora rector designado, profesor Héctor Iván García, quien, desde sus redes sociales viene presentando partes de tranquilidad a la comunidad universitaria, también empezó a designar a su equipo rectoral, un equipo de viejos conocidos y conocidas que de tiempo atrás ya tenían claridad sobre los cargos y puestos a los que deseaban llegar tras la defenestración del lánguido John Jairo Arboleda; entre ellos, hay un personaje bastante cuestionado que asumió uno de los cargos de mayor relevancia administrativa: el exdecano de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas, Luquegi Gil Neira
No dudo de las buenas intenciones del rector García para llevar a la UdeA a buen puerto tras el tumultuoso –e innecesario, siempre hay que decirlo– tercer periodo de Arboleda; sin embargo, si me preocupa que como punta de lanza de su equipo se encuentre el señor Luquegui en la condición de vicerrector general, un personaje que tras un cuestionado paso por la decanatura de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas no se ganó “el favor” del Gobierno Nacional en el último proceso de designación rectoral, pero que, aparentemente, en los últimos meses sí se movió y encontró tal “favor”, solo eso explica que el profesor García le haya entregado la confianza para liderar la organización de un equipo con el que espera presidir la universidad “el menor tiempo posible”.
Personalmente, desconfió de Luquegi para liderar tan noble labor, por varios motivos, solo voy a enunciar solo dos; primero, como directivo Luquegi creció a la sombra de Alberto Uribe Correa, el mismo rector que luego de tres periodos consecutivos buscó a ultranza perpetuase y que a lo largo de dos décadas creó una estructura de rosca y poder al interior de la UdeA que hasta contaba con su propia “línea de sucesión rectoral”, a partir de esa línea –y luego de que Uribe Correa declinara buscar la rectoría– se asumió que concluido el segundo periodo de Arboleda le sucedería Luquegi, pero Arboleda le cogió un excesivo cariño al poder –su perdición – y así frustró la sucesión natural de su antiguo aliado. El resto es historia y un lector avezado podrá sacar sus propias conclusiones sobre la motivación de la toma hostil.
Y segundo, porque lo conocí siendo estudiante antes de que asumiera como decano de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas con una advertencia pública: en esta Facultad están pasando cosas muy graves. Al entonces candidato Luquegi, concluyendo el año 2017, le advertí en un auditorio a rebosar que la Facultad de Derecho, sí, ¡de Derecho!, se había convertido en un nido de abusadores, acosadores y depredadores sexuales. Profesores que montados en un falso pedestal de “vacas sagradas” abusaban de estudiantes a sus anchas, y ciertamente no había denuncias, por supuesto, porque en ese momento había mucho temor. Al candidato, de quien ya se sabía ganaría la decanatura (su siguiente escalón según la línea de sucesión sería la rectoría), le pedí públicamente que tomara acciones.
¡Oh sorpresa!, cinco años después, entre agosto y diciembre de 2022, se detonó una crisis por Violencias Basadas en Género (VBG) sin precedentes y empezó en la Facultad donde el señor Luquegi ya ajustaba dos periodos como decano. Y eso que estaba advertido –insisto – desde el año 2017. No puede decir que no se le advirtió. Por eso, cuando se postuló como candidato a la rectoría en 2024 le formulé varias preguntas en esta misma columna y nunca me respondió, se las vuelvo a formular ahora que consumada la toma hostil asumió como vicerrector general: ¿Acaso, fui escuchado? ¿Qué se hizo? ¿Por qué las medidas que usted dice que tomó para acabar con las VBG en la Facultad de Derecho fueron insuficientes? ¿Por qué no se erradicaron las VBG en sus seis años en la decanatura?
Y en virtud de la confianza que en usted depositó el rector García también le consulto sobre las medidas de “cero tolerancia” que usted adoptó para erradicar las VBG en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas y que a lo largo de cinco años fueron insuficientes. ¡Sí, cinco años! Espero que, en aras de la transparencia y en medio de la multicrisis por la que atraviesa la UdeA –que no solo se reduce a lo financiero, claro está –, sea claro con su responsabilidad –si le cabe –, porque públicamente le advertí sobre la necesidad de tomar medidas ante el acoso y los abusos sistemáticos. ¿Entonces, qué pasó?
Ya ven porque el señor Luquegi no me genera confianza, también sé que él no me la tiene y que le incomodan mis cuestionamientos públicos, y ahora que llegó a una posición central en la administración de la UdeA le pido a la comunidad universitaria que este muy atenta a sus movidas y a sus nombramientos. Además, no sobra decirlo, lo responsabilizo por cualquier acto de presión, hostigamiento o persecución que pueda ser dirigido hacia mi persona.
También sugiero a la comunidad universitaria que se preste la debida atención a dos de sus principales operadores políticos: Alejandro Sierra y Carlos Mario Patiño. El primero ya fue nombrado en la dirección de la Unidad Especial de Paz, la misma Unidad donde ya trabajó en 2025 –y en la cual yo también trabajé hasta el año pasado– con un desempeño tan precario como lamentable, ahora, por decisión de Luquegi la pasará a liderar (¿favor con favor se paga?); sobre el segundo no sé muy bien donde va a aterrizar, pero solo hay que echar un vistazo a su venenosa cuenta en X para tener claridad hacia donde apuntan sus intenciones.
Y al rector García –a quien espero le vaya bien en su encargo – solo le digo que la confianza no se limita a los pronunciamientos en redes, sino que también se basa en la transparencia de los nombramientos. Dígame: ¿Por qué le da usted esa confianza al señor Luquegi a sabiendas de los cuestionamientos que carga encima?












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