Libres, o sea distintos que se respetan

Dice el profesor Jorge Iván González, sabio entre los sabios, que cuando ya tenía plan de desarrollo y su gobierno avanzaba, Gustavo Petro desesperó con el lento ritmo del Estado. Decidió entonces asumirse opositor al Estado, singular posición que le costó prestigio, eficacia y conservar el poder, asuntos suficientemente evaluados, y hasta exagerados por los que tienen sólo un ojo para ver la realidad, el que les ajusta el mundo a su deseo.

Quienes pensamos que la figura era irrepetible, errábamos. El presidente que eligieron los colombianos anuncia que también espera rebelarse contra las reglas de juego, la Constitución y las magníficas formas que garantizan la democracia, y que todos tengamos vida en ella.

Gobernar por decreto; denigrar del Congreso como en cualquier conversación de esquina; maldecir de los políticos como hacen todos, y hasta anunciar que puede “destripar” a los contrarios -la izquierda-; perseguir judicialmente al gobierno previo, van sumando anuncios de quien, otro más, siente que las instituciones constitucionales no le son suficientes.

El elegido dice que tiene manada, otro quiebre al liberalismo humanista que tal vez no entendemos aún. Digamos, por respeto a esos ciudadanos, que lo siguen huestes desesperadas ¿o esperanzadas?

La democracia no se reduce al voto, ya no es voz, es mantra, pero ¡vaya si votar y vivir en el día de elecciones es importante!

Votar con la esperanza de ganar, que es tan esquiva; esperar resultados para celebrar sin alcohol, bala o agresiones, o entristecerse con cierta resignación porque se disfruta la democracia. Es así, o era, porque el cierre de la segunda vuelta de 2026 fue distinto. Y a muchos nos entristeció.

Llegamos al 21 de junio después de sobrevivir a ataques entre unos y otros, descalificaciones, falsas noticias desparramadas por redes sociales y el miedo a hablar. A las 6 de la tarde, cuando eso debía ser página cerrada, todo fue estruendo.

¿La alborada de alias don Berna, como dicen unos?, ¿coronar un buen cargamento, como sintieron muchos?, ¿un partido de fútbol en la era de Federico Andrés, como han dicho unos más?, ¿las celebraciones por los magnicidios de Rodrigo Lara y posteriores, como me dolió?

La anomalía de esa celebración tuvo ojos. Y el susto de quienes la notamos tuvo una voz, la de Ana Cristina Restrepo.

Ella, rigurosa periodista, juiciosa intelectual, nombró esa fiesta como síntoma. Fue tan respetuosa que ni habló, como me dijo un querido doctor, de disonancia cognitiva, sólo hizo notar la anomalía en esta democracia. Y ¡fue Troya!

Savonarolas, Torquemadas y sus huestes digitales, se sumaron a la caterva de perseguidores de Ana Cristina en el mundo digital; reclamaban pasar al mundo real para que le violen todos sus derechos. Encendieron la hoguera del odio esperando quemarla viva. Resistió y va a resistir porque la necesitamos.

La hoguera en que pretendieron quemar a Ana Cristina precedió piras equiparables y, ojalá yerre, anunció los incendios que acechan.

El recinto del Concejo Municipal es el primer escenario de la vida democrática. En él se habla, se delibera, se trabaja para analizar el rumbo de la ciudad y construir decisiones que generen bienestar público, que cuiden los derechos de todos y vivifiquen la democracia.

En la sesión del 24 de junio en el Concejo de Medellín, el señor Andrés Rodríguez, a quien le gusta que lo llamen por un alias, reclamó al Estado “bombardear” todos los lugares donde hubiera ganado el candidato Iván Cepeda, a cuyos votantes calificó de “bandidos”. Esos ciudadanos colombianos son apenas una pizca menos de la mitad de los ciudadanos que participaron en la segunda vuelta presidencial. A ellos los cobija la misma Constitución que a los ganadores, por eso tienen sus mismos derechos y por lo mismo, compete al Estado garantizárselos.

Contando con el silencio complaciente de la Mesa Directiva y la Personería Municipal, el señor Rodríguez violó el principio, las normas, la democracia. El periódico que nos queda también ha callado.

El responsable de invitar a violar los derechos humanos de sus distintos reconoció en diciembre pasado que su “escolta”, que está nombrado en el Concejo de Medellín como conductor, asesinó a un ciudadano a que el señor Rodríguez, que estaba presente, acusó de ladrón. Seis meses después, no hay avances públicos sobre la investigación del crimen, sí reiteradas actuaciones en las que el elegido esgrime su bate para atacar a manifestantes y contradictores que ejercen sus derechos a la libertad de expresión y manifestación.

La democracia liberal con sus garantías de respeto a los derechos humanos de todos, al pluralismo, al disenso y al control de los poderes por la ciudadanía, es la magnífica construcción de generaciones que lo entregaron todo para darnos la oportunidad de vivir juntos y construir juntos lo posible. Cuidar que siga siendo el cobijo de todos no va a ser responsabilidad menor en la noche que asoma.

También:

  1. Los audios divulgados por el respetado periodista Ricardo Calderón sobre los compromisos con el Clan del Golfo en el marco de la desordenada paz total exigen a las instituciones de justicia colombianas abrir investigaciones que aclaren el papel de cada persona mencionada, también las por todo respetadas, en ese caso.
  2. El presidente electo amenaza a los funcionarios del actual gobierno con severas persecuciones. Ojalá sus esfuerzos sean más bien para dar nuevos pasos en un país para todos por el que tanto claman las personas de las dos mitades en que nos seguimos rompiendo.

Luz María Tobón Vallejo

Periodista. Exdirectora del periódico El Mundo, profesora, investigadora en comunicación.
Actualmente lidera la Iniciativa por la Minería Consciente, un proyecto de la sociedad civil por el diálogo social y la comunicación pública en entornos mineros.

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