LOGOI – SUERTE

Esta columna es un espacio dedicado a la búsqueda del sentido de las palabras. Un ejercicio arqueológico, etimológico y, si se puede decir, biográfico. Cada entrega nos permitirá conocer la historia, el significado, el uso y el sentido de una palabra.

Mauricio Montoya 

Alea iacta est” /“La suerte está echada”.

Julio César (año 49 a.C.) al cruzar el río Rubicón. 

 En el año de 1973 se escuchó por primera vez la canción “El día de mi suerte”, un sencillo que hacía parte del álbum “Lo Mato”. La canción había sido compuesta por el puertorriqueño Tite Curet Alonso y fue interpretada por Héctor Lavoe, en compañía de Willie Colón. El tema era una oda a la resistencia frente a las adversidades de la vida. Además, todo un canto motivado por la esperanza o el deseo de la buena suerte.

Con respecto a su etimología, la palabra suerte tuvo una evolución bastante particular. Derivada del latín sortis, designaba el acto de dejar a la suerte o al azar, ya fuera gracias a los dados u otros objetos, la repartición de lotes de tierra o de otros bienes de valor. Con el paso de los siglos, este tipo de repartos pasó a significar fortuna, destino o buena suerte.

La suerte o el azar, como prefieren llamarla algunos, suele tener varias caras. Una parábola taoísta cuenta la historia de un granjero que tenía un caballo salvaje, el cual se escapó un día de la granja. Ante lo sucedido, los vecinos visitaron al hombre y lo consolaron por su mala suerte. Sin embargo, días después el caballo regresó acompañado de otros siete. El hombre y sus vecinos celebraron la buena suerte. Uno de los hijos del granjero, informado de la noticia, quiso ayudar a su padre a domar los caballos, pero con tan mala suerte que uno de estos lo golpeó fracturándole una pierna. Los vecinos vieron esto como un mal augurio. No obstante, una mañana, cuando el Ejército pasaba por la granja para reclutar al joven para la guerra, al verlo en tales condiciones, optaron por no enlistarlo.

“El lamento del jugador”, un himno secular de la India, narra la vida de un hombre que ha caído en la ludopatía, lamentando su mala suerte y reconociendo haberlo perdido todo por su afición a los dados. Pero, a pesar de esto, en esta cultura es común rogar, por medio de himnos y oraciones, a deidades como Lakshmi y Ganesha para tener buena suerte en las apuestas y en los juegos de azar. Además, en festivales como el de Diwali, celebrado en honor a Rama, uno de los avatares de Vishnú, se cree que jugar a las cartas durante los festejos atrae la buena suerte y la fortuna.

En el ámbito de la antigua Roma, aunque leyes como la Lex Alearia, promulgada en el siglo III a.C. prohibía los juegos de dados y las apuestas, estos eran muy populares y se desarrollaban clandestinamente, sobre todo entre los soldados, y con cierta permisividad durante las fiestas de las Saturnales. Una perícopa bíblica del evangelio de Juan (19, 23 – 24) recuerda cómo algunos soldados romanos que vigilaban el Gólgota durante la crucifixión de Jesús se jugaron a suerte su túnica.

Durante la Edad Media, la suerte fue condenada por la iglesia como un acto de superstición. Los religiosos predicaban que todos debían creer y respetar la providencia y los designios de Dios y no dejar nada al azar. La Reforma protestante fue mucho más allá y proclamó la predestinación frente al acto salvífico. Lutero creía que la salvación dependía solo de Dios y no del libre albedrío, de las indulgencias o de la suerte.

Pero el ser humano ha creído siempre en los “golpes de suerte” y es por eso que en una novela como “El jugador”, de Fiódor Dostoievski, la suerte es el centro de la trama, afecta la psicología de los personajes y define su destino. No importan las deudas, pues el protagonista, en su desesperación, ve en la suerte una posibilidad para resolver todos sus problemas. Una ilusión que puede entenderse como un juego de ruleta rusa, así como le sucede al personaje principal de “El ruletista, un cuento de Mircea Cărtărescu.

Otros aspectos característicos en el campo de la suerte son los objetos, las plantas y los rituales. Herraduras, tréboles de cuatro hojas, talismanes, collares, piedras, caracoles, pulseras, velas, jabones y hasta ritos de limpieza juegan un papel relevante en las prácticas individuales que buscan alcanzar la buena suerte. En términos coloquiales, muchos hablan de las cábalas como acciones para lograr lo que se desea. Nada mejor que el espectro del fútbol para pensar en ello. Bastaría con leer el texto “19 de diciembre de 1971”, un relato cabalístico, escrito por el argentino Roberto Fontanarrosa.

Un dato que no puede olvidarse en toda esta discusión es la frase pronunciada por Albert Einstein: “Dios no juega a los dados”. Sentencia con la que el físico alemán rechazaba la idea de un universo aleatorio o sometido al azar, proponiendo un universo ordenado y determinado por unas causas. Algo que, tiempo después, cuestionaría Werner Heisenberg, otro físico alemán, con su principio de incertidumbre.

Por último y en aras de una reflexión sobre este concepto, podemos referirnos a la película Batman: el caballero de la noche, dirigida por Christopher Nolan, en la que el fiscal de distrito, Harvey Dent, utiliza siempre una moneda para tomar sus decisiones. “Cara sigo adelante. Sello desisto” parecía ser su lema. Pero en una de las escenas más importantes del filme, en la que Dent se hace pasar por Batman y es capturado, Rachel, su novia, cuestiona su accionar, pero él, después de repetirle su eslogan, le lanza la moneda y ella descubre que tiene el símbolo de la cara por ambos lados. Ante la sorpresa, dice: “fabricas tu suerte”.

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Esta columna es un espacio dedicado a la búsqueda del sentido de las palabras. Un ejercicio arqueológico, etimológico y, si se puede decir, biográfico. Cada entrega nos permitirá conocer la historia, el significado, el uso y el sentido de una palabra. Por: Mauricio Montoya y Fernando Montoya

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