Lo que comen los santos

“Chile es el segundo país que más exporta salmón, y la pesca industrial en las regiones de Los Lagos y Magallanes ha puesto en peligro los ecosistemas de agua dulce y salada”


El viernes santo, a pleno mediodía, salí del apartamento a comprar algunas cosas en la única tienda de cadena que estaba abierta. Mi pareja tuvo la idea de preparar unos espaguetis con pimentón; salmón con especias; y papas criollas al vapor, salteadas en ajos y perejil; pero se nos había acabado la mantequilla para el pescado. Así que salí, y en cuanto pisé el pasillo comencé a percibir la variedad de aromas y sabores de las cocinas de mis vecinos.

En nuestro piso alguien preparaba una deliciosa carne en bistec, pues sentí el aroma dulce de la cebolla asada, mesclada con la salsa de tomates que seguro ya estaba espesando. Un piso más abajo, en cambio, escuché la algarabía de toda una familia bebiendo y recochando en su semana de vacaciones, mientras esperaban a que las truchas al ajillo terminaran de asarse. Pero para hacer de mi descenso un verdadero calvario, antes de salir de la torre de apartamentos, el vapor de una mojarra guisada en salsa de pimentones, el dulzor de un arroz con coco y la fritura de unos patacones verdes, me atravesó los pulmones y me abrió un hueco de hambre en el estómago.

Camino a la tienda pensaba en esta tradición de abstinencia y ayuno en la Semana Santa. Muchos de quienes crecimos en un hogar católico aún conservamos estas prácticas por inercia, pero se encuentran vaciadas del sentido con el que la Iglesia las impuso como norma a través de los siglos o en el Código de Derecho Canónico. Yo mismo he de confesar que habría podido ser ese vecino que comió carne de res sin percatarme de la prohibición, y sin que eso me hiciera sentir culpable.

En cambio, lo que me ha estado mortificando es el salmón tan delicioso que mi novia preparó para que comiéramos esa tarde, porque me puse a indagar sobre su procedencia y las circunstancias de su pesca. Al cabo de unos cuantos clics en internet, supe que Chile es el segundo país que más exporta salmón, y que la pesca industrial en las regiones de Los Lagos y Magallanes ha puesto en peligro los ecosistemas de agua dulce y salada. La causa principal es la contaminación mediante el vertido de toneladas de desechos industriales, pesticidas y antibióticos que destruyen el fondo marino, e impiden que la vida de otras especies surja; poniendo en riesgo la subsistencia de pueblos originarios como los Mapuches o los Kawésqar, quienes históricamente han protegido el agua y se han dedicado a labores como la pesca artesanal.

Tiendas de cadena como la que visité ese viernes santo, o aquella en la que compramos el salmón, han permitido que muchos de nosotros accedamos a productos básicos más económicos, o alimentos que en el pasado ni siquiera necesitábamos, haciendo de la democratización del consumo su lema principal. Pero pocas veces consideramos lo mal que lo pasan los dueños de los negocios barriales que se extinguen tan pronto, o los campesinos que tanto se esfuerzan para cuidar y vender sus cosechas, mientras nosotros compramos en estos sitios, donde en ocasiones los empleados no tienen las condiciones mínimas de dignidad para ejercer su trabajo. Y mucho menos nos detenemos a pensar sobre las circunstancias en las que son criados los animales que van a parar descuartizados, tasajeados o fileteados a sus neveras y congeladores.

Al final, cabe preguntarse si estas fechas santas son para el consumo o para la auténtica reflexión; porque después de haber leído sobre las prácticas del ayuno y la abstinencia, he recordado que la Iglesia quiere que sus fieles entren en un tiempo de recogimiento y autobservación, para que recuerden el sacrificio que Jesucristo hizo por la humanidad, y se concentren más en su propia comunión con él a través de actos individuales de penitencia y caridad, que vayan orientados a compartir con el prójimo y a pensar también en su bienestar. O, como propongo en esta columna, pensar cuidadosamente en lo que comemos, y en nuestros hábitos de consumo, que tantas veces ponen en riesgo la vida de otros seres que comparten con nosotros el planeta Tierra, nuestra casa común.


Bibliografía

Basso, E. (2026, 18 de enero). La expansión de la industria salmonera amenaza el sur de Chile. El Salto. https://www.elsaltodiario.com/chile/impacto-industria-salmonera-sur

Iglesia Católica. (1983). Código de Derecho Canónico. La Santa Sede. https://www.vatican.va/archive/cod-iuris-canonici/cic_index_sp.html

Meyer, L. & Smith, C. (2024, 13 de agosto). La expansión de la industria salmonera amenaza el sur de Chile. The New York Times. https://www.elsaltodiario.com/chile/impacto-industria-salmonera-sur

Juan Sebastián Rueda Peñaloza

Escritor y lector. Profesional en Estudios Literarios y Magíster en Escrituras Creativas de la Universidad Nacional de Colombia.

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