Lecciones del “Me Too” colombiano

“Aunque hoy las mujeres, gracias a sus luchas, han logrado ganar espacios y derechos que antes eran exclusivos para los hombres, siguen siendo vulnerables”.

El pasado fin de semana hubo un terremoto en la farándula colombiana, particularmente en Noticias Caracol; en el noticiero del viernes en la noche no estuvo Jorge Alfredo Vargas que este año cumpliría 20 años presentando las noticias en el horario estelar de este canal. Los rumores apuntaban a que había sido apartado por denuncias de acoso sexual que circulaban en redes sociales, que se habían vuelto virales y en las que Vargas estaba implicado. Hasta la semana pasada Jorge Alfredo era una de las vacas sagradas del periodismo colombiano. El martes 24 de marzo, Caracol Televisión oficializó su despido.

Pero Vargas no es el único implicado en este caso, Ricardo Orrego, otra vaca sagrada del periodismo deportivo, también fue denunciado por los mismos hechos. Caracol tomó la misma decisión de terminar su contrato laboral.

La Fiscalía está investigando el asunto y todavía no ha determinado si los dos reconocidos periodistas son culpables, pero lo cierto es que su reputación quedó gravemente afectada, como probablemente la relación de estos con sus familias. Fue un daño colateral. Las denuncias son varias -alrededor de 40- y desde hace tiempo atrás.

Este caso desnuda las relaciones de poder que existen en diversas esferas, donde quien lo ostenta -no se puede generalizar, pero como pasó en este caso-, abusa de su condición para someter a quien está en condición de vulnerabilidad, como lo son las mujeres acosadas, que apenas construyendo su reputación y que por tanto temen perder su trabajo si no acceden a las pretensiones del acosador.

Este caso, que empieza a conocerse como el “Me Too” colombiano, me deja las siguientes lecciones:

  • Hay que medir siempre las consecuencias de nuestros actos: alcanzar la cima del éxito nos puede nublar la mente, el ego nos enceguece y nos hace creer que podemos hacer y tomar todo lo que queramos, por encima del bien y el mal. Nada más equivocado, por eso, los abuelos nos enseñaron que siempre hay que tener los pies sobre la tierra.
  • Hay que perseguir siempre la integridad, y digo perseguir, porque la integridad es un acto de nunca acabar. Se forja con disciplina, constancia, voluntad, perseverancia. Es una tarea diaria. Todo el tiempo estamos expuestos a tentaciones. Somos débiles, somos humanos, pero si conscientemente decidimos ser íntegros y ser fieles a nuestras promesas y principios podemos vivir en mayor coherencia.
  • Las redes sociales nos reafirman que pocas cosas podemos mantener en privado y eso nos exige actuar con mayor transparencia. ¿Lo que hacemos y decimos en privado lo podemos sostener en público?
  • Aunque hoy las mujeres, gracias a sus luchas, han logrado ganar espacios y derechos que antes eran exclusivos para los hombres, siguen siendo vulnerables sobre todo en temas de acoso y abuso sexual. Que abusar de su vulnerabilidad sea menos probable -ojalá que nulo- depende en buena medida del cambio de conciencia de nosotros los hombres.
  • Todos nos equivocamos, pero asimismo debemos asumir la responsabilidad de nuestras acciones y más cuando nos equivocamos de manera consciente.

Justo este caso revienta en marzo, cuando se conmemora el Día Internacional de la Mujer y a los pocos días el Día de San José (Día del Hombre). En una charla en la que estuve participando sobre el Día del Hombre se hacía la pregunta de qué era lo más difícil de ser hombre, muchos de los allí presentes respondimos que mostrar siempre fortaleza así sintiéramos miedo por dentro; devolviéndome a la pregunta y relacionándolo con este caso, creo que también es difícil para nosotros los hombres vencer esa creencia y pensamiento machista que hemos heredado de generaciones atrás, de creer que la mujer está a nuestro servicio, pensamiento que lleva a que ciertas personas crean, así sea de manera inconsciente, que por eso las pueden acosar o abusar, así ellas manifiesten incomodidad.

La buena noticia es que por difícil que parezca vencer ese comportamiento y esa creencia, lo podemos hacer. Las creencias las podemos modificar. Depende de cada uno en querer hacerlo.

 

*Mis artículos no representan a mi empleador.

 

José María Dávila Román

Comunicador Social - Periodista de la UPB con Maestría en Gerencia para la Innovación Social y el Desarrollo Local de la Universidad Eafit. Creo que para dejar huella hay que tener pasión por lo que se hace y un propósito claro de por qué y para qué, hacemos lo que hacemos. Mi propósito es hacer historia desde donde esté, para construir un mundo mejor y dejar un legado de esperanza y optimismo para los que vienen detrás. Soy orgullosamente jericoano.

Nota al pie: El columnista tiene o ha tenido vinculación laboral con la minera AngloGold Ashanti. 

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