Resumen Económico de la Semana del 09 al 13 de Febrero de 2026

Resumen Ejecutivo

La semana del 9 al 13 de febrero de 2026 confirmó que la economía global transita una fase de ajuste fino entre desinflación, crecimiento moderado y redefiniciones geopolíticas.

En Estados Unidos, la inflación de enero sorprendió a la baja, reforzando la convergencia gradual hacia el objetivo de la Reserva Federal, aunque la solidez del mercado laboral modera las expectativas de recortes inmediatos. Europa concentra su debate en competitividad y movilización de ahorro hacia inversión productiva, mientras Asia enfrenta dinámicas divergentes: China continúa bajo presiones desinflacionarias y debilidad inmobiliaria, y Japón combina normalización monetaria con crecientes tensiones fiscales.

En América Latina, México se prepara para la revisión del T-MEC en 2026 en medio de un entorno comercial más volátil, y Brasil ajusta levemente sus proyecciones de crecimiento tras un ciclo monetario restrictivo. En Colombia, el comercio cerró 2025 con un desempeño sólido, pero el frente institucional y fiscal —inversiones forzosas, nuevo impuesto al patrimonio y suspensión judicial del salario mínimo— introduce un nuevo eje de discusión sobre estabilidad macro y confianza.

El entorno internacional mantiene tres vectores dominantes: inflación a la baja, crecimiento que pierde dinamismo y mayor fragmentación geoeconómica. Bajo ese marco, los mercados financieros reaccionan con mayor selectividad y sensibilidad a la política pública.

 

Estados Unidos

La economía de Estados Unidos inició 2026 con señales mixtas, aunque con un trasfondo de resiliencia macroeconómica que mantiene a los mercados atentos a la trayectoria de la inflación y a la función de reacción de la Reserva Federal.

El IPC de enero confirmó una moderación más acelerada de lo previsto. La inflación interanual se ubicó en 2,4%, por debajo del consenso, mientras que la inflación subyacente descendió a 2,5%, su menor nivel desde comienzos de 2021. En términos mensuales, el avance fue de 0,2%, apoyado en la caída de los precios de la energía, particularmente gasolina, y en la desaceleración de los costos de vivienda. La corrección de los alquileres resulta especialmente relevante, dado que el componente habitacional representa cerca de un tercio de la canasta.

La dinámica inflacionaria se encuentra, sin embargo, atravesada por riesgos de segundo orden. Los aranceles vigentes y los potenciales ajustes comerciales podrían trasladarse gradualmente a precios finales. Diversos análisis corporativos sugieren que una proporción significativa de esos costos podría ser absorbida por consumidores y empresas locales, especialmente en sectores intensivos en importaciones como comercio minorista y manufactura intermedia. El mercado descuenta que la Fed mantendrá el rango de los Fed Funds en 3,50%-3,75% en marzo, evaluando eventuales recortes hacia mediados de año si la convergencia hacia el objetivo del 2% se consolida sin deterioro abrupto del crecimiento.

El mercado laboral continúa mostrando firmeza. En enero se crearon 130.000 empleos, muy por encima de lo esperado, con una tasa de desempleo que descendió a 4,3%. El impulso provino del sector privado, con aportes relevantes de salud, servicios profesionales, construcción y manufactura. No obstante, la composición del empleo revela tensiones estructurales. La ofensiva migratoria y el endurecimiento en controles laborales han reducido la oferta de trabajo extranjera, pero ello no se ha traducido en un ajuste automático a favor del trabajador nativo. La menor inmigración implica simultáneamente menor oferta y menor demanda agregada, afectando consumo y decisiones de inversión empresarial. El resultado ha sido una desaceleración en el crecimiento salarial y un mercado de vacantes menos dinámico que en ciclos expansivos previos.

A ello se suma la incertidumbre comercial. La administración Trump ha oscilado entre incrementos arancelarios y anuncios de distensión estratégica. La reducción parcial de gravámenes al acero y aluminio y acuerdos de inversión con aliados asiáticos buscan aliviar presiones de costos y recomponer cadenas críticas vinculadas a energía, inteligencia artificial y minerales estratégicos. Destaca el fortalecimiento del eje EE. UU.-Japón, con compromisos de inversión significativos y mayor cooperación en defensa, energía e infraestructura tecnológica. Japón continúa siendo uno de los principales tenedores de bonos del Tesoro estadounidense, lo que otorga profundidad financiera a la relación bilateral.

En el frente geopolítico, la retórica en la Conferencia de Seguridad de Múnich dejó claro que Washington pretende liderar una “restauración” del orden internacional, aunque con mayor exigencia fiscal y militar a Europa. Este enfoque redefine el equilibrio transatlántico en un contexto de guerra prolongada en Ucrania y creciente competencia estratégica con China.

El sector inmobiliario, por su parte, evidenció pérdida de tracción. Las ventas de vivienda usada retrocedieron -8,4% mensual hasta 3,91 millones de unidades, interrumpiendo la recuperación observada en los meses previos. Las tasas hipotecarias cercanas al 6,2% continúan restringiendo la demanda, mientras que los permisos de construcción y las viviendas iniciadas se ubican por debajo de su promedio anual. Aun así, el mercado accionario de promotoras anticipa una eventual normalización en el segundo semestre, reflejando expectativas de menores costos financieros.

Finalmente, el dólar experimentó episodios de debilidad frente a una canasta de divisas, tras varios años de fortaleza estructural. Una depreciación sostenida podría elevar el costo de las importaciones y reintroducir presiones inflacionarias, aunque también mejora la competitividad externa. La estabilidad del estatus del dólar como moneda de reserva permanece intacta en el corto plazo, pero la combinación de política fiscal expansiva, tensiones comerciales y cambios en flujos globales de capital introduce variables que los mercados seguirán monitoreando con detenimiento.

 

Europa

En Europa, la discusión económica volvió a girar hacia un punto estructural: cómo transformar el tamaño del bloque en capacidad efectiva de crecimiento. La Eurozona reactivó la agenda “Una Europa, un mercado”, con el propósito de profundizar la integración de un mercado de cerca de 450 millones de consumidores y orientar el ahorro hacia la economía real. El objetivo explícito es movilizar alrededor de EUR 10 billones hacia inversión productiva antes de junio de 2026, apoyándose en simplificación regulatoria, reducción de fricciones burocráticas y medidas de competitividad. La motivación es evidente: la crisis energética dejó una huella persistente en la estructura de costos y la industria europea continúa operando con desventajas frente a competidores globales, con precios de energía que han erosionado márgenes y capacidad de inversión.

Los datos de actividad describen una región que avanza, pero sin una aceleración clara. Según Eurostat, el PIB de la Eurozona en el 4T25 creció 0,3% trimestral y 1,3% interanual, con una inercia que luce más compatible con expansión moderada que con un ciclo de recuperación robusto. El mercado laboral se ha mantenido sosteniendo la base del consumo: el empleo aumentó 0,2% trimestral y 0,7% interanual, superando levemente expectativas. Aun así, la fragilidad aparece en la productividad y en la inversión, donde la incertidumbre regulatoria, los costos energéticos y la presión competitiva de China han limitado un despegue más consistente.

El sector externo mostró un tono más favorable hacia el cierre del año. En diciembre, las exportaciones de bienes repuntaron 3,4% interanual hasta EUR 234.000 millones, mientras que las importaciones crecieron 4,2% a EUR 221.300 millones. El superávit comercial se amplió a EUR 12.600 millones. Este resultado es relevante no por el número puntual, sino por lo que sugiere sobre normalización energética y recomposición de flujos comerciales, en un contexto de presiones geoeconómicas más visibles.

En España, la inflación confirmó un giro a la baja por tercer mes consecutivo. El INE revisó el IPC de enero a 2,3% interanual (desde 2,9% en diciembre), con una variación mensual de -0,4%. La inflación subyacente se mantuvo alrededor de 2,6% interanual, señal de que el componente de servicios continúa mostrando persistencia. El factor dominante del retroceso provino de energía y vivienda, con un matiz adicional: el cambio metodológico y la actualización de base estadística a 2025=100, que obliga a leer las comparaciones con prudencia, especialmente cuando se evalúa poder adquisitivo y formación salarial. Al mismo tiempo a la desinflación, el dinamismo corporativo en el mercado interno permaneció firme: las ventas interiores de grandes empresas, deflactadas y ajustadas por estacionalidad, crecieron 4,2% interanual en diciembre, y el agregado de 2025 marcó un avance de 4,6%.

En el Reino Unido, el cierre de 2025 reforzó la narrativa de estancamiento relativo. El PIB avanzó apenas 0,1% trimestral en el 4T25, con servicios prácticamente planos y retrocesos en inversión residencial y empresarial, mientras que la construcción también mostró debilidad. El crecimiento anual de 2025 se ubicó cerca de 1,3%, pero con una trayectoria descendente a lo largo del año, lo que ayuda a explicar el sesgo más flexible del Banco de Inglaterra y el énfasis reciente en el balance entre control inflacionario y costo sobre la actividad.

El frente político-económico europeo quedó atravesado por la competitividad y la defensa, no como capítulos separados sino como parte de la misma discusión de soberanía. La Conferencia de Seguridad de Múnich expuso el cambio de clima estratégico: mayor presión para una OTAN con mayor responsabilidad europea, debates sobre financiamiento común y tensiones franco-alemanas sobre instrumentos de política industrial, endeudamiento conjunto y “preferencia europea”. Ese telón de fondo condiciona decisiones de inversión, coordinación fiscal y diseño regulatorio durante 2026.

 

Asia

En Asia, el eje de análisis volvió a concentrarse en China y Japón, con un contraste claro entre una economía que continúa lidiando con presiones deflacionarias estructurales y otra que transita hacia una redefinición simultánea de su política monetaria y fiscal.

En China, la inflación sorprendió a la baja en enero. El IPC general descendió hasta 0,2% interanual desde 0,8%, mientras que la inflación subyacente retrocedió a 0,8% frente a 1,2% previo. Parte del movimiento responde a factores estacionales vinculados al calendario del Año Nuevo Lunar, lo que distorsiona comparaciones interanuales. Más relevante fue la moderación de la deflación en precios de producción, que se ubicaron en –1,4% interanual desde –1,9%, apoyados en el mayor avance mensual en casi dos años. El sector manufacturero comienza a mostrar una menor intensidad en las presiones a la baja, aunque los desbalances entre capacidad instalada y demanda efectiva continúan limitando cualquier presión inflacionaria relevante.

El crédito confirma esa lectura de enfriamiento estructural. Los nuevos préstamos bancarios alcanzaron 4,710 billones, por debajo de los 5,130 billones del año anterior, mientras el crecimiento del crédito pendiente descendió a 6,1%, un mínimo histórico. La transmisión monetaria luce menos eficiente, con una demanda privada que no responde con la fuerza que esperarían las autoridades bajo una postura “moderadamente laxa”. Las emisiones soberanas por 14.000 millones buscan compensar parte del debilitamiento, pero el canal inmobiliario continúa actuando como freno principal.

El mercado residencial profundizó su ajuste. Los precios de vivienda nueva registraron una caída interanual de 3,1%, con descensos más marcados en ciudades como Cantón, donde las contracciones alcanzaron 5,3%. En términos mensuales, la vivienda nueva retrocedió –0,37%, mientras la de segunda mano cayó –0,54%, prolongando la tendencia negativa. La persistencia de esta dinámica incide directamente sobre la riqueza de los hogares y el consumo interno, que sigue sin consolidar una recuperación sólida.

En el plano geoeconómico, Beijing anunció la suspensión total de aranceles a 53 países africanos a partir del 1 de mayo de 2026, ampliando el acceso preferencial a su mercado y profundizando su estrategia de integración comercial Sur-Sur. La medida refuerza la proyección china en África en un contexto de fragmentación comercial global y competencia sistémica con Occidente.

De forma simultánea, los contactos diplomáticos con Estados Unidos dejaron un mensaje de estabilización táctica. Las partes acordaron fortalecer canales de diálogo político y cooperación sectorial, manteniendo un enfoque de gestión de diferencias bajo criterios de respeto mutuo y beneficio compartido, en un entorno donde la rivalidad estratégica permanece estructural.

En el frente cambiario y financiero, circularon reportes sobre reducción de tenencias chinas de bonos del Tesoro estadounidense, lo que generó episodios de volatilidad en el mercado de divisas. En Tokio, el yen se apreció hasta niveles cercanos a 155 por dólar, reflejando movimientos defensivos ante la posibilidad de flujos de capital menos favorables al dólar. Este episodio se inserta en una narrativa más amplia de diversificación monetaria, donde Beijing impulsa gradualmente el uso internacional del yuan, apoyado en un superávit comercial récord cercano a USD 1,2 billones en 2025 y en la expansión de liquidaciones comerciales en moneda local. No obstante, los controles de capital y la limitada profundidad financiera continúan restringiendo su rol como moneda de reserva dominante.

En Japón, el escenario es distinto. El Banco de Japón evalúa nuevos incrementos de tasa entre marzo y abril de 2026, tras ubicarla en 0,75% en enero, con el objetivo de aproximarse a un nivel neutral cercano a 1%. Este proceso ocurre en un contexto complejo: la deuda pública alcanzó un máximo histórico de 1.342 billones de yenes, con un incremento anual superior a 24 billones, elevando la sensibilidad del presupuesto al comportamiento de los rendimientos de largo plazo.

La dinámica salarial tampoco ofrece un alivio claro. Aunque el salario nominal promedio creció 2,3% en 2025 y el salario por hora de trabajadores a tiempo parcial alcanzó un récord, el salario real cayó 1,3%, acumulando cuatro años consecutivos de deterioro en poder adquisitivo. La inflación ha superado el crecimiento efectivo de ingresos, limitando la capacidad de consumo doméstico.

En el plano político, la victoria de Sanae Takaichi y la consolidación de una supermayoría parlamentaria para el Partido Liberal Democrático redefinen el margen de maniobra fiscal y estratégico. La agenda apunta hacia un mayor gasto público y un refuerzo del posicionamiento geopolítico, especialmente en materia de defensa y relación con China y Estados Unidos. Este reequilibrio combina expansión fiscal con normalización monetaria, en un entorno donde la sostenibilidad de la deuda y la estabilidad de la curva de rendimientos se convierten en variables centrales para 2026.

 

México y Brasil

En México, el horizonte económico comienza a girar alrededor de la revisión del T-MEC prevista para 2026, proceso que adquiere un peso estratégico en un contexto de mayor volatilidad comercial en Norteamérica. El sector privado mexicano ha insistido en preservar la lógica trilateral del acuerdo para evitar fragmentaciones que alteren las cadenas regionales de suministro, especialmente después del incremento de 164% en la inversión automotriz, uno de los pilares del nearshoring industrial. La continuidad de esa dinámica depende tanto de la estabilidad normativa como de la certidumbre regulatoria, aspecto que ha generado debate tras la reforma judicial impulsada por el Ejecutivo.

El frente comercial con China añade otra capa de complejidad. El intercambio bilateral mantiene un déficit relevante para México, particularmente en manufacturas, bienes intermedios y bienes de capital. En recientes encuentros de alto nivel, autoridades mexicanas plantearon la necesidad de avanzar hacia un comercio más balanceado, buscando mayor acceso para exportaciones nacionales y fortalecimiento de cadenas productivas estratégicas. La Asociación Estratégica Integral, vigente desde 2013, sirve como plataforma institucional para ampliar cooperación en innovación tecnológica, salud pública y gestión hídrica, mientras se cumplen 54 años de relaciones diplomáticas entre ambos países.

En el plano político, la dinámica política en Estados Unidos introduce incertidumbre adicional. La posibilidad de flexibilización de los aranceles al acero y aluminio —que actualmente alcanzan niveles de hasta 50%— abre un espacio potencial de alivio para exportadores mexicanos, aunque el entorno continúa dominado por amenazas de nuevas medidas comerciales. La relación trilateral enfrenta tensiones intermitentes que condicionan decisiones de inversión y planificación industrial.

En este contexto, Canadá decidió enviar una misión comercial a México con más de 240 organizaciones y 370 delegados, buscando profundizar la diversificación de mercados y consolidar alianzas en manufactura avanzada, agroindustria, tecnologías limpias, industrias creativas y tecnologías de la información. El comercio bilateral entre ambos países superó USD 56.000 millones en 2024, mientras la inversión directa canadiense en México alcanzó USD 46.300 millones, evidenciando una relación económica de alto volumen que se inserta dentro del marco norteamericano más amplio.

El equilibrio macroeconómico mexicano, por tanto, se mueve entre oportunidades de relocalización productiva, tensiones arancelarias externas y el desafío de mantener confianza institucional en vísperas de una revisión comercial estructural.

En Brasil, el Ministerio de Hacienda ajustó ligeramente a la baja su previsión de crecimiento para 2026 hasta 2,3%, desde el 2,4% estimado previamente. El ritmo esperado se mantiene alineado con el crecimiento proyectado para 2025, tras la desaceleración observada desde el pico de 3,4% en 2024. La revisión responde a una desaceleración más pronunciada entre el segundo y tercer trimestre del año anterior, que alteró el arrastre estadístico hacia 2026.

La composición sectorial revela un cambio relevante. El sector agropecuario, que registró un desempeño excepcional en 2025, desaceleraría hasta 0,5%, afectado por menores perspectivas en maíz y arroz, pese a expectativas favorables para soja, café y caña de azúcar. En contraste, la industria proyecta un crecimiento de 2,3%, impulsada en parte por la minería, mientras el sector servicios podría expandirse 2,4%, apoyado en expectativas de flexibilización monetaria.

El ciclo monetario ha sido determinante. La tasa de referencia alcanzó 15% anual, su nivel más alto en dos décadas, como respuesta al proceso inflacionario. Para 2026 se anticipa una desaceleración de la inflación hacia 3,6%, tras descender desde 4,8% en 2024 a 4,3% en 2025, lo que abre espacio gradual para ajustes en la postura restrictiva.

 

Colombia

En Colombia, el cierre de 2025 dejó una señal nítida en el frente de demanda: el comercio minorista terminó el año con un desempeño expansivo y ampliamente generalizado. En diciembre, las ventas minoristas reales crecieron 11,0% interanual, por encima de lo anticipado y acelerando frente al 7,5% de noviembre. El crecimiento se observó en las 19 líneas de mercancías, lo que sugiere un repunte transversal más allá de episodios puntuales. Las mayores contribuciones provinieron de otros vehículos de motor y motocicletas (39,4%)vehículos para uso de los hogares (28,8%) y equipo de informática y telecomunicaciones (38,4%), un patrón coherente con recuperación de bienes durables y recomposición del consumo hacia tecnología. En el acumulado enero–diciembre de 2025, el comercio minorista aumentó 11,7%, mientras el empleo del sector creció 0,6%, con una composición que favoreció al personal permanente (+2,1%) y ajustes a la baja en modalidades temporales y aprendices.

La manufactura, en cambio, mostró un contraste entre el acumulado del año y el pulso del último mes. El balance 2025 fue positivo: la producción real creció 1,9%, las ventas reales 1,8% y el personal ocupado 0,5%, con 21 de 39 actividades industriales aportando al crecimiento. Sin embargo, diciembre revirtió el tono: la producción cayó 0,6% interanual y las ventas disminuyeron 0,3%, con 24 de 39 ramas en terreno negativo. Entre los descensos más marcados se ubicaron químicos básicos (-12,4%)productos elaborados de metal (-12,0%)cacao y chocolate (-13,4%) y productos de caucho (-15,6%). Hubo compensaciones parciales desde otros tipos de equipo de transporte (33,8%)calzado (23,7%)muebles y colchones (11,6%) y alimentos preparados para animales (10,2%), insuficientes para neutralizar la amplitud de las caídas. En el plano territorial, se evidenciaron desempeños dispares: departamentos como Bolívar (-8,5%)Atlántico (-6,8%) y Boyacá (-10,0%) tuvieron contracciones, mientras Antioquia (3,4%)Santander (5,4%)Caldas (7,7%) y Risaralda (7,1%) registraron variaciones positivas.

El debate macro-financiero se desplazó con fuerza hacia la intervención estatal en la asignación del crédito, a partir de la reactivación del tema de las inversiones forzosas en el marco de la emergencia económica por la crisis climática. El Gobierno planteó obligar al sistema financiero a canalizar una proporción de recursos captados hacia sectores definidos como prioritarios —con énfasis en la atención de zonas afectadas, agrovivienda y actividades productivas—, incluyendo la intención de impulsar tasas cercanas a cero por canales de fomento y esquemas de tasas compensadas. Desde el sistema financiero, Asobancaria advirtió que una ampliación de este instrumento incrementaría la “represión financiera” y reduciría recursos disponibles para segmentos no priorizados; en su estimación, una inversión forzosa cercana a $35 billones podría traducirse en +49 pb en tasas de interés, una reducción de 0,9 pp en cartera y un impacto negativo aproximado de 0,3 pp sobre el PIB. La discusión se volvió más sensible porque se conecta con un diagnóstico de fondo: profundización financiera alrededor de 44% del PIB y una inclusión crediticia que, en términos de acceso de adultos al crédito, aún se mantiene lejos de referentes internacionales.

La emergencia económica también introdujo un frente tributario de alto impacto reputacional para el mercado. El Gobierno evalúa un impuesto al patrimonio para personas jurídicas con tarifas marginales por tramos, iniciando a partir de 200.000 UVT (aproximadamente $10.400 millones) y contemplando rangos de 0,6% y 1,2% para patrimonios líquidos mayores. El Presidente pidió explícitamente diferenciar entre patrimonios productivos y patrimonios rentísticos, ubicando a los bancos en este último grupo y solicitando una tarifa superior a la máxima propuesta. Dentro del mismo paquete, se mencionaron ajustes a juegos de suerte y azar en línea, alivios tributarios para normalización de obligaciones y nuevas medidas financieras para el sector productivo, a la espera de definiciones judiciales sobre la primera declaratoria de emergencia.

En el mercado laboral y el régimen de indexación, se produjo un choque institucional de primer orden: el Consejo de Estado suspendió provisionalmente el decreto que fijó el salario mínimo 2026 en $1.750.905, equivalente a un incremento de 23%, por fallas de motivación en los criterios exigidos por la Ley 278 de 1996. La decisión enfatizó que no bastaba con enunciar variables, sino que debía existir una explicación verificable de cómo esas variables condujeron a ese porcentaje específico, cuestionando además el rol determinante que habría tomado el concepto de “salario vital” dentro de la argumentación. La suspensión abre un periodo transitorio que incide sobre una amplia red de precios y contratos indexados, con efectos inmediatos en costos empresariales, aportes, tarifas y obligaciones que toman el salario mínimo como referencia.

En el sector externo, la agenda agroindustrial mostró un desempeño relevante en ganadería. Las exportaciones de carne, animales vivos y lácteos alcanzaron US$394,6 millones en 2025, uno de los mejores registros de la última década. La carne y vísceras sumaron US$160,9 millones y los animales vivos US$178 millones, con destinos concentrados en ChinaArgeliaRusiaIrakEgipto y Arabia Saudita, mientras los lácteos alcanzaron US$55,7 millones, con Venezuela como principal comprador. Sobre este telón de fondo, surgió el anuncio de una posible suspensión de exportaciones de carne para priorizar abastecimiento interno dentro de la emergencia, medida que generó advertencias por impacto en liquidez regional y en el proceso de diversificación exportadora, especialmente en zonas con alta vocación exportadora como Córdoba.

El cierre de enero incorporó un elemento adicional de economía política y riesgo fiscal: la Contraloría General reportó una concentración de contratación directa por cerca de $32,88 billones en enero de 2026, con un pico significativo en la última semana antes de la entrada en vigencia de restricciones asociadas a la Ley de Garantías. La modalidad de Órdenes de Prestación de Servicios concentró la mayoría de los contratos, con aumentos sustanciales frente a periodos comparables, reforzando el debate sobre calidad del gasto, presiones preelectorales y el costo de una estructura contractual intensiva en contratación directa.

 

Renta Variable

La semana estuvo dominada por un giro táctico hacia posiciones defensivas en Estados Unidos, en un entorno de mayor sensibilidad a duración y múltiplos. El ajuste tuvo como epicentro el 12 de febrero, cuando se produjo una rotación amplia desde tecnología y software hacia sectores de menor beta, bajo la narrativa de disrupción asociada a nuevas aplicaciones de inteligencia artificial y una compresión de valoraciones en activos de crecimiento. La reacción no respondió a un evento aislado, sino a la confluencia de tres vectores: valuaciones exigentes, posicionamiento apalancado y una revisión al alza en las expectativas de tasas tras el reporte laboral de enero.

El dato de empleo, con +130 mil nóminas y desempleo en 4,3%, debilitó el argumento de recortes tempranos por parte de la Reserva Federal, reforzando la hipótesis de tasas elevadas por un período más prolongado. Esa recalibración afectó especialmente a los sectores con mayor sensibilidad a tasa real. Sin embargo, el CPI de enero (2,4% anual; 0,2% mensual) moderó parcialmente la aversión al riesgo hacia el cierre de la semana, al aliviar la presión sobre el tramo largo de la curva.

En este contexto, el S&P 500 finalizó en 6.836,17 puntos (-1,4% semanal), el Dow Jones en 49.500,93 (-1,2%) y el Nasdaq Composite en 22.546,67 (-2,1%). El castigo fue más severo en tecnología, donde se amplió la toma de utilidades posterior a la temporada de resultados. Acciones vinculadas a software y servicios financieros reflejaron caídas significativas, mientras que algunos nombres de consumo y entretenimiento también evidenciaron ajustes ante revisiones de expectativas.

El comportamiento sectorial sugiere un mercado que no abandona el ciclo alcista estructural, pero que transita una fase de maduración. La superación de hitos técnicos por parte del Dow Jones, que alcanzó brevemente los 50.000 puntos, evidencia la fortaleza acumulada del rally; no obstante, la velocidad de los avances recientes incrementa la probabilidad de episodios correctivos intermedios, especialmente en ausencia de una expansión adicional de liquidez.

En Europa, los principales índices mostraron comportamiento mixto. El CAC 40 y el Stoxx 600 registraron correcciones moderadas, en contraste con la resiliencia del FTSE 100, apoyado por su mayor ponderación en energía y materiales. Algunos resultados corporativos presionaron a emisores específicos, reflejando un entorno de márgenes más estrechos y expectativas exigentes.

En Asia, la tónica fue predominantemente bajista en China e India, con retrocesos en el Shanghai Composite, el Hang Seng y el Nifty 50. En contraste, el Nikkei 225 reaccionó con avances superiores al 5% tras la consolidación parlamentaria del gobierno japonés, que abre espacio para un programa fiscal más expansivo. La respuesta del mercado sugiere que, en Japón, el componente político vuelve a ser un catalizador relevante para el equity doméstico.

En México, el S&P/BMV IPC avanzó 0,83% hasta 71.478,81 puntos, acumulando un desempeño de +11,05% en lo corrido del año, superando ampliamente a sus pares regionales. La narrativa local continúa apoyada en flujos domésticos y en la expectativa de estabilidad macro relativa.

En Colombia, el COLCAP cerró en 2.368,57 puntos (-0,1% semanal), en una semana marcada por elevada sensibilidad al beta global. El episodio “risk-off” del 12 de febrero generó un ajuste cercano al 2% intradía en el índice, amplificado por factores idiosincráticos asociados al rebalanceo del MSCI COLCAP con vigencia desde el 2 de marzo de 2026. La expectativa sobre resultados de Ecopetrol, particularmente en lo relativo al FEPC, también incidió en el comportamiento de los nombres de mayor ponderación.

Durante la semana, PF Cibest lideró el volumen negociado, seguida por Ecopetrol y GEB. En términos de desempeño, ISA, PF Grupo Sura y Celsia encabezaron las ganancias, mientras que TIN, Nutresa y Terpel registraron los mayores retrocesos. La Bolsa de Valores de Colombia informó además ajustes operativos en especies del Mercado Global Colombiano, con suspensiones temporales por cambios en nemotécnicos.

 

Renta Fija

El mercado de deuda soberana cerró la semana con una recomposición relevante de curvas, en un entorno donde la narrativa de inflación perdió tracción relativa frente a señales de desaceleración de la demanda. El movimiento global estuvo liderado por la compresión de rendimientos en Estados Unidos, particularmente tras la publicación de un IPC de enero más moderado (2,4% anual; 0,2% mensual), que reactivó expectativas de flexibilización monetaria hacia el segundo semestre.

La yield del Treasury a 10 años descendió hacia 4,05%, su nivel más bajo desde inicios de diciembre, mientras el tramo corto también cedió, ampliando el diferencial 2–10 años hacia niveles cercanos a 64 pb. Si bien la probabilidad de un recorte en marzo se mantiene marginal, el mercado asigna mayor probabilidad a un primer ajuste en junio, con un sendero acumulado de flexibilización cercano a 60 pb hacia finales de año. La lectura combinada de ventas minoristas débiles, moderación en vivienda y desaceleración inflacionaria pesó más que la fortaleza del mercado laboral, inclinando la balanza hacia un escenario de menor presión sobre tasas reales.

En Europa, el ajuste fue consistente con la dinámica estadounidense. El Bund alemán a 10 años retrocedió hacia 2,75%, mientras el OAT francés se situó en torno a 3,3%. En el Reino Unido, el Gilt permaneció por debajo de 4,5%, reflejando un crecimiento trimestral débil. En Suiza, el bono a 10 años se estabilizó cerca de 0,27%, en un entorno de inflación contenida y postura acomodaticia del banco central. La relajación global de curvas estuvo acompañada por reducción de primas temporales que se habían ampliado desde finales del cuarto trimestre.

En mercados emergentes, el comportamiento fue heterogéneo. ChileMéxico y Colombia registraron descensos moderados en rendimientos, mientras Brasil mantuvo niveles superiores al 13,8%, reflejo de incertidumbre fiscal y dinámica de deuda cercana al 78% del PIB. En Asia, China mostró un leve rebote en rendimientos hacia 1,80% ante factores operativos previos al cierre por el Año Nuevo Lunar, mientras India comprimió su curva hacia 6,67% tras una exitosa operación de canje y una inflación controlada.

En el ámbito local, la curva de TES tasa fija se valorizó en promedio 2,8 pb, con un comportamiento destacado en el tramo medio. El TES Nov-27 registró el mayor ajuste con -24 pb, mientras el Ago-26 fue el de peor desempeño con +82 pb, evidenciando movimientos técnicos y ajustes de posicionamiento. La curva indexada a UVR, por su parte, se desvalorizó en promedio 22 pb, con aplanamiento y mayor presión en el nodo Mar-27 (+53 pb).

Hacia el cierre de la semana, la suspensión provisional del decreto que fijaba el salario mínimo en 23% para 2026 favoreció la apreciación de la curva nominal, al moderar la percepción de presiones inflacionarias estructurales. Este evento generó un diferencial más amplio frente a la UVR, reflejando un ajuste en expectativas implícitas de inflación.

El volumen negociado en TES se concentró en el nodo 2035, con montos cercanos a COP 4 billones, mientras los tramos 2028 y 2042 lideraron las valorizaciones dentro de la curva en pesos. En la indexada, los nodos 2027, 2037 y 2049 presentaron los mayores incrementos en rendimiento.

Un elemento estructural relevante continúa siendo la participación extranjera. En los primeros días de febrero, inversionistas foráneos adquirieron aproximadamente COP 752 mil millones en TES, consolidando una tendencia de recuperación iniciada en 2025, año en el que las compras netas alcanzaron COP 61,22 billones. El portafolio extranjero supera actualmente COP 164 billones, reforzando la sensibilidad del mercado local a condiciones globales de liquidez y a la dinámica del Treasury.

En términos de lectura estratégica, la relajación observada en los plazos largos no responde a un cambio abrupto de ciclo, sino a una recomposición de expectativas donde la prima por duración comienza a ceder ante la evidencia de menor presión inflacionaria. El comportamiento relativo entre curva nominal y UVR sugiere que el mercado está recalibrando el balance entre inflación esperada y trayectoria de política monetaria, en un entorno donde el ancla externa continúa siendo determinante para la valoración de los activos soberanos locales.

 

Divisas

El mercado cambiario cerró la semana con un sesgo de depreciación moderada del dólar a nivel global, en un entorno donde la sorpresa bajista en la inflación estadounidense redujo presiones sobre la curva corta y devolvió parte de las expectativas de recorte hacia el segundo semestre. El DXY retrocedió 0,8%, finalizando en 96,85, reflejando una pérdida marginal de tracción del billete verde, aunque sin ruptura técnica que sugiera un cambio estructural de tendencia.

El dato de IPC en Estados Unidos (2,4% anual) moderó el componente de endurecimiento implícito en tasas y limitó el potencial de apreciación adicional del dólar en el corto plazo. No obstante, el escenario base continúa siendo el de una Reserva Federal prudente y dependiente de datos, con el mercado asignando mayor probabilidad a un primer recorte hacia junio.

Dentro del G10, el desempeño fue ampliamente favorable a las monedas desarrolladas. El yen japonés (JPY) lideró las ganancias con una apreciación cercana a 2,9%, cerrando en torno a 152,64, en medio de expectativas de ajustes en la postura del Banco de Japón y un entorno político que abre espacio para un mayor estímulo fiscal tras la consolidación parlamentaria del partido gobernante. El movimiento del yen fue el más significativo del último año, reflejando tanto cobertura de posiciones cortas como reposicionamiento táctico ante posibles intervenciones.

El euro logró sostener niveles cercanos a 1,18 frente al dólar, apoyado por la caída de rendimientos en Estados Unidos y una percepción de inflación más contenida en la eurozona. En conjunto, el debilitamiento del dólar fue ordenado, sin señales de desanclaje, y coherente con la relajación observada en las tasas largas.

En América Latina, el comportamiento fue heterogéneo. El peso colombiano (USD/COP) cerró prácticamente sin variación semanal en 3.656, dentro de un rango operativo entre 3.636 y 3.672, en una semana caracterizada por volatilidad intradía pero sin dirección definida. Los movimientos estuvieron asociados a la dinámica del petróleo, episodios de “risk-off” global y factores locales.

Un elemento relevante fue el flujo vendedor de dólares por parte del sector real, vinculado parcialmente a pagos tributarios estacionales, lo que contribuyó a contener presiones alcistas. Adicionalmente, la suspensión judicial del incremento del salario mínimo introdujo ajustes en la curva IBR, particularmente en el tramo corto, al incorporar un escenario de menor presión inflacionaria. Este factor favoreció momentáneamente al peso, aunque la incertidumbre política moderó el impulso apreciativo.

A diferencia del COP, el peso chileno (CLP) registró una depreciación cercana al 0,6%, afectado por la caída del precio del cobre (-1,7% semanal), evidenciando la sensibilidad de la moneda a términos de intercambio. La diferenciación regional volvió a ser un rasgo dominante en el comportamiento cambiario.

En términos técnicos, el peso colombiano mantiene una estructura lateral con leve sesgo apreciativo mientras el DXY no recupere momentum. Sin embargo, la tasa de cambio continúa altamente expuesta a la dinámica fiscal y política interna, así como a la evolución de la curva de rendimientos en Estados Unidos. En un entorno donde la liquidez global condiciona el flujo hacia emergentes, el balance de riesgos permanece estrechamente vinculado a la credibilidad macro y a la estabilidad institucional doméstica.

 

Commodities

El mercado energético continúa reflejando una marcada falta de dirección. La estructura técnica del Brent y del WTI, observada en velas semanales con amplias mechas, confirma un entorno de elevada incertidumbre donde los intentos de ruptura carecen de continuidad. El Brent logró superar transitoriamente el umbral de 70 USD por barril, pero posteriormente retrocedió hacia 67,6 USD, mientras el WTI volvió a aproximarse a su mínimo semanal en 62,90 USD, después de haber alcanzado niveles cercanos a 65,80 USD.

El ajuste responde a una combinación de fundamentos más débiles por el lado de la demanda y a una moderación en la prima geopolítica. El más reciente informe de la Agencia Internacional de Energía advierte un desequilibrio creciente hacia exceso de oferta, acompañado de una desaceleración proyectada en el crecimiento de la demanda global para el año en curso. Este escenario ha enfriado las expectativas de tensión estructural en el mercado físico, limitando la capacidad del crudo para sostener avances.

En el frente geopolítico, la disposición de Estados Unidos a continuar negociaciones nucleares con Irán, sin ampliar por ahora el alcance hacia el programa balístico, reduce la probabilidad inmediata de una disrupción severa en el suministro o de un bloqueo en el estrecho de Ormuz. Sin embargo, el despliegue de un segundo portaaviones estadounidense en Oriente Medio mantiene vigente un componente de riesgo que impide una compresión completa de la prima implícita en los precios.

En metales preciosos, la volatilidad persiste. La plata retrocedió alrededor de 2,5% en la semana, mientras el oro mostró una variación prácticamente nula, encontrando soporte en la sorpresa bajista de la inflación estadounidense y en la moderación de los rendimientos reales. El metal se estabiliza en niveles elevados, reflejando una demanda de cobertura aún presente en un entorno de elevada sensibilidad macro.

En metales industriales, el cobre corrigió en Londres hacia niveles cercanos a 12.875 USD por tonelada en el mercado spot, en línea con una narrativa de demanda global más contenida y con ajustes técnicos tras los avances previos. La dinámica del metal continúa estrechamente vinculada a la evolución del ciclo manufacturero y a las perspectivas de crecimiento en Asia.

En el segmento agrícola, el cacao registró una caída cercana al 10% semanal, presionado por una demanda más débil y por la acumulación de inventarios, tras el repunte significativo observado en meses anteriores. El movimiento sugiere una fase de normalización en un mercado que había incorporado escenarios de escasez más severos.

 

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