Cuando la ley incomoda, la democracia funciona

El Consejo de Estado suspendió el decreto que imponía el aumento del salario mínimo. Y lo hizo por una razón fundamental: era ilegal.

No se trata de una discusión ideológica ni de una postura política. Se trata del cumplimiento de la ley y de una jurisprudencia clara establecida desde 2017: el salario mínimo no puede fijarse de manera arbitraria ni responder a decisiones populistas. Debe sustentarse en criterios técnicos, atendiendo variables reales de la economía como la inflación, la productividad y la sostenibilidad del empleo.

Esto no es un formalismo jurídico. Es una garantía para proteger el empleo.

Cuando el salario mínimo se fija sin sustento técnico, el resultado suele ser el contrario al que se promete: aumenta la informalidad, se reduce la generación de empleo formal y se presiona la inflación. Quienes terminan pagando el costo son precisamente los trabajadores que se dice proteger.

Por eso, el Consejo de Estado hizo lo que tenía que hacer.

En una democracia funcional, la separación de poderes no es un obstáculo: es una garantía. Las ramas del poder existen para equilibrarse mutuamente y evitar excesos. Al suspender el decreto, el Consejo de Estado no “se opuso” al Gobierno; cumplió su función constitucional: poner límites al poder y defender el marco legal.

Así funciona la democracia.

Sin embargo, en lugar de reconocer este equilibrio institucional, algunos reaccionan con miedo: que la decisión es impopular, que puede generar inconformidad social, que es mejor no dar estas discusiones para no fortalecer discursos populistas.

Siempre pedimos justicia. Pero cuando llega, no podemos tenerle miedo.

Y si el riesgo es la amenaza de un estallido social, ya no nos va a tomar por sorpresa. La respuesta no puede ser la tibieza. Le estamos atribuyendo demasiada capacidad de planeación y de ejecución a un populismo perezoso, y esa es otra forma de rendirse ante él. Le estamos otorgando demasiado mérito a la incompetencia y al caos.

Hoy más que nunca debemos respaldar a jueces y magistrados que están cumpliendo su deber. En un contexto de tensiones institucionales, han sido uno de los contrapesos más eficaces frente a decisiones arbitrarias del Ejecutivo.

Tampoco subestimemos a los trabajadores. Ellos entienden perfectamente que el empleo se protege protegiendo a las empresas, con estabilidad económica y reglas claras. La prosperidad no se construye con decretos improvisados.

Colombia se defiende respetando la ley y construyendo confianza en sus instituciones. No podemos temerle al populismo: hay que enfrentarlo con argumentos, con serenidad y con valentía.

Porque cuando el miedo gobierna, la libertad retrocede.

Felipe Vélez Roa

Se desempeñó como Director de Planeación en la primera administración de Federico Gutiérrez, donde fue responsable de la formulación del Plan de Desarrollo Medellín Cuenta con Vos 2016–2019, reconocido por el Departamento Nacional de Planeación como el mejor del país en su categoría. Desde allí lideró procesos de estructuración y seguimiento del Plan de Ordenamiento Territorial (POT 2014–2027) y la proyección del Plan Integral de Movilidad Sostenible, consolidando una agenda de transformación urbana basada en datos, sostenibilidad y enfoque territorial.

Fue gerente del proyecto Metro de la 80 (Tranvía de la 80), participando en la estructuración técnica, financiera e institucional de una de las obras estratégicas para el futuro de la movilidad en Medellín.

En el sector privado ha dirigido equipos de alto desempeño, estructurado proyectos complejos y diseñado estrategias corporativas, experiencia que ha trasladado al debate público con un enfoque de eficiencia, disciplina fiscal y ejecución rigurosa.

Su liderazgo se ha caracterizado por promover la cualificación del debate público, la veeduría informada y la construcción de propuestas sólidas para el desarrollo de Medellín y Antioquia. Defiende una ciudad que planea bien, ejecuta mejor y piensa en el largo plazo.

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