De la vociferación al amordazamiento en washington

 

La política como la diplomacia, es un arte. Su lienzo, en casos concretos, estará bajo el amparo de largas mesas de conferencias como aquella donde Putin y Lavrov se animan a conversar con contrapartes desde la más fría e inexpresiva de las distancias; otras veces estará mediada por el ambiente de la plaza pública, en donde los vocingleros y populistas como Petro ven su ambiente ideal para esbozar sus ideas preñadas de utopías irrealizables, pero aun así, son creíbles; y por último, otros observan a la coacción, unas veces fría y otras un tanto más subidas de tono, como el pincel para juntar la idea con el lienzo, como es el caso del tío Sam y la muestra de poderío con armamentos, ante la carencia de un discurso sostenible en el tiempo y acompasado con los albores de la paz, al fin y al cabo, el fin justificará los medios. Así, hay algo de reflexión en las palabras precedentes, y es que, todas sucumben a la última forma de plasmar la realidad política y diplomática, para la muestra un botón: el frío Washington y la nerviosa Colombia.

Parece ayer, cuando un enaltecido Petro llenaba las plazas públicas, desde su rol de congresista y luego como candidato presidencial, de Colombia expresando su retalla discursiva que anotaba un distanciamiento de las políticas de Estados Unidos y la noción de un anti intervencionismo por parte de la nación del norte para con los países latinoamericanos. No hace mucho tampoco, en donde sus discursos se adornaban de pinceladas en donde se expresaba la idea de no sucumbir ante los deseos mesiánicos de una potencia mundial y el no depender demasiado en términos económicos de aquel opresor y devorador de mundos. Sin embargo, todo cambió, como decimos en Colombia: la arepa se volteó.

El tener la sartén por el mango, tal como la tiene Trump, da la potestad para amordazar a sus inferiores, tal como se demostró en la reunión con la delegación colombiana; donde, se hizo compromisos como el desmantelamiento voluntarios de cultivos y laboratorios, el fortalecimiento de la colaboración policial en Latinoamérica, la aniquilación de antiguos aliados que hoy llama guerrilleros y terroristas en nombre de una fallida política de paz total, y a tejer lazos de cooperación en gas y petróleo liviano con Venezuela. Aquel sentimiento de tener una intervención militar en Colombia si no eran llevadas a cabo sus peticiones respecto a la política de un país en desarrollo, nunca abandonó el aura de la reunión, como tampoco lo hicieron las imágenes de un Nicolas Maduro esposado y la sensación de que ningún presidente de la región puede escapar al martillo corrector de la nación del norte a la cabeza del ejecutor: Marcos Rubio. Lo cual, hizo que Petro calificara a la reunión a través de la red social X como “un diálogo directo y franco. Ese es su mayor avance. Restituirá el valor y el poder de la palabra franca y las diferencias se tratarán en el respeto mutuo

Finalmente, Colombia cedió, amordazada y en una mesa de negociaciones en la que por más de dos horas nunca fue considerada un par. Se adquirieron compromisos para la lucha contra el narcotráfico, a costa de los principios fundamentales de autodeterminación de los pueblos y autonomía, mismos que fueron aprehendidos por Washington al dictar lo que ha de hacerse en el marco de las políticas públicas de Colombia bajo ferviente amenaza de quitar los apoyos económicos para la hacerle frente a las drogas. Parece irreal, creo que nadie con un poco de conocimiento del ambiente político colombiano pudo prever que Petro pudiera verse tan arrodillado ante aquel país que le provocaba tantas nauseas en su época de político vociferador; actitud que demuestra la tesis inicial, todos sucumben a la coacción, misma que en el caso concreto, difícilmente pueda catalogarse como un soft power.

Aquella experiencia, deprimente en su esencia, sin duda ha de tener efectos en  lo que a los fundamentos ideológicos del Pacto Histórico habrá de referir. El ala más radical e incluso la moderada, tendrán ciertas dudas a la hora de confiar en el proyecto político para este 2026, uno que pasó de su ambiente más revolucionario y anti imperialista, a uno en donde los gringos sean quienes manden la parada en la política del país. Las elecciones estarán para alquilar balcón, con un partido al poder que llega totalmente debilitado en sus fundamentos discursivos y por la forma en cómo vienen ejerciendo el poder, por lo que sus mayorías en el legislativo, no veo muy claro que se encuentren aseguradas tras los comicios cuando su principal actor pasó de vociferar al amordazamiento más absoluto.

En conclusión, Colombia en lo sucesivo habrá de tener cuidado con el intervencionismo de una nación extranjera en su política interna, si bien es cierto hemos tenido, desde largo tiempo, a los gringos en la nuca, con esta la reunión de Petro se encuentran más fortalecidos al hacer arrodillar a un gobierno de izquierda cuando la oposición a tal aberración de que Estados Unidos manipulara a su antojo los fines de la república era su principal bandera. Así, la diplomacia para que funcione en el marco de las relaciones internacionales, habrá de hacerse entre pares, y el tío Sam nunca ha visto a los países latinoamericanos como sus iguales, de ahí la preocupación que nos debe embargar a todos: el que nos miren desde la inferioridad y la fragilidad más absoluta.

 

Jose David Vargas Tuñon

Soy de la ciudad de Cartagena, Abogado egresado de la Universidad Libre, estudiante de la carrera de Historia en la Universidad de Cartagena y de la Especialización en Derecho Médico en la Universidad del Sinu, además con experiencia en Responsabilidad Fiscal.

Comentar

Clic aquí para comentar

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.