Resumen Ejecutivo
La semana estuvo dominada por un reajuste de expectativas monetarias, aumento de primas de riesgo y mayor selectividad en los mercados financieros, en un entorno donde los bancos centrales reafirmaron posturas restrictivas y los inversionistas reaccionaron con cautela ante señales institucionales y geopolíticas.
En Estados Unidos, la Reserva Federal mantuvo la tasa de referencia en 3,50%–3,75%, reforzando un mensaje de paciencia condicionado a la evolución de la inflación. El tono del Comité reflejó una lectura más sólida de la actividad económica y del mercado laboral, sin urgencia por iniciar recortes. La nominación de Kevin Warsh como próximo presidente de la Fed reactivó el debate sobre la orientación futura de la política monetaria, sin alterar de forma inmediata las expectativas de corto plazo.
En Europa, el cierre de 2025 mostró una economía más resiliente de lo anticipado, aunque con perspectivas de crecimiento moderadas para 2026 y trayectorias inflacionarias divergentes entre países. Asia inició el año con señales de enfriamiento en China, debilidad en nuevos pedidos y empleo, y un manejo monetario enfocado en sostener la liquidez sin desanclar el tipo de cambio. En América Latina, México consolidó su vínculo comercial con Estados Unidos, mientras Brasil evidenció una desaceleración más marcada.
En Colombia, el cierre de 2025 dejó señales mixtas. La confianza comercial se deterioró, mientras la industria mostró una recuperación parcial, acompañada de un ajuste significativo en expectativas de empleo. El frente fiscal ganó peso tras la suspensión del decreto de emergencia económica por parte de la Corte Constitucional, reabriendo la discusión sobre financiamiento y sostenibilidad. El Banco de la República sorprendió con un incremento de 100 puntos básicos en la tasa de política hasta 10,25%, elevando sus proyecciones de inflación para 2026 y reforzando el objetivo de reanclar expectativas, en un entorno de creciente fricción institucional.
En los mercados financieros, la renta variable operó con alta volatilidad y dispersión sectorial, con castigos en grandes tecnológicas y movimientos laterales en el mercado accionario local. La renta fija registró un ajuste relevante, especialmente en los tramos cortos de las curvas, reflejando el reprecio del sesgo monetario y mayores primas por riesgo. En divisas, el peso colombiano se depreció pese al choque restrictivo local, afectado por factores externos y por el aumento de la prima de riesgo soberano.
En commodities, el petróleo cerró enero con firmeza, impulsado por tensiones geopolíticas en Medio Oriente y por la expectativa de estabilidad en la oferta de la OPEP+, mientras los metales exhibieron movimientos extremos, con máximos históricos seguidos de correcciones abruptas, en un entorno de fortalecimiento del dólar y toma de utilidades.
Estados Unidos
La semana dejó un mensaje nítido desde la Reserva Federal: tras el ciclo de recortes acumulado entre 2024 y 2025, el Comité decidió mantener la tasa objetivo en 3,50%–3,75% y, más importante aún, validó que la postura vigente es consistente con su hoja de ruta de empleo e inflación. El matiz no fue menor: el lenguaje oficial se desplazó hacia una lectura más constructiva de la actividad y del mercado laboral, lo que sugiere que el banco central ya no siente urgencia por ajustar el precio del dinero si el escenario no cambia de forma material.
El comunicado y la rueda de prensa reforzaron ese giro de tono. La Fed pasó a describir el crecimiento como sólido, retiró señales explícitas de preocupación por un deterioro adicional del empleo y enfatizó la idea de que la política actual es apropiada para seguir avanzando hacia sus objetivos. La consecuencia operativa es clara: la tasa se convierte en un punto de observación y no en una palanca que deba moverse por inercia. En el marco de esa lógica, la orientación vuelve a ser estrictamente dependiente de datos, reunión a reunión, con un comité que privilegia la confirmación antes que la anticipación.
La decisión no fue unánime. Hubo votos a favor de un recorte de 25 puntos básicos, pero el eje del mensaje fue el consenso mayoritario de que, con la información disponible, no es sencillo defender que la postura sea restrictiva en términos prácticos. Al mismo tiempo, Powell dejó la puerta abierta a que, si la desinflación retoma tracción y la economía converge hacia un equilibrio más cómodo, el nivel de tasas pueda desplazarse gradualmente hacia una zona más centrada dentro de lo que el propio banco considera neutral. Esa lectura ayuda a explicar por qué el mercado sigue viendo un descenso hacia el entorno de 3% a lo largo de 2026, aunque sin premura.
En el trasfondo, la Fed se apoya en una evaluación macro que luce más favorable que hace pocas semanas. El cierre de 2025 habría consolidado un piso firme para la actividad y el inicio de 2026 se interpreta como continuidad, con dos motores destacados: la resiliencia del consumo privado y la tracción de la inversión asociada a inteligencia artificial. A ello se suma un elemento de política económica relevante: la expectativa de un impulso adicional desde una política fiscal más acomodaticia, lo que, de materializarse, refuerza el argumento para sostener cautela antes de acelerar recortes.
El mercado laboral, por su parte, aparece menos tensionado desde la óptica del banco central. La referencia a una tasa de desempleo alrededor de 4,4% y a la estabilidad de variables como despidos, contrataciones y crecimiento salarial apunta a una economía que habría moderado el enfriamiento del empleo. Bajo esa lectura, el balance de riesgos deja de estar dominado por el temor a un deterioro rápido del trabajo y se reubica en el seguimiento fino de la inflación.
En precios, la Fed volvió a reconocer una inflación todavía por encima del objetivo, con el PCE cerca de 2,9% y el PCE núcleo alrededor de 3,0% hacia diciembre. Sin embargo, el foco cualitativo es decisivo: el banco central parece distinguir entre un impulso de bienes asociado a fricciones comerciales y aranceles, que considera transitorio, y la inflación de servicios, más persistente, donde percibe señales de desaceleración. En ese marco, el escenario de alzas de tasas por un rebrote inflacionario no se instala como caso base dentro del Comité, aunque el umbral de tolerancia es menor si los datos contradicen esa historia.
En este contexto, Donald Trump anunció la nominación de Kevin Warsh para presidir la Reserva Federal, en reemplazo de Jerome Powell cuando finalice su mandato. El anuncio reactivó el debate sobre la orientación futura del banco central y su arquitectura institucional, más que sobre la trayectoria inmediata de las tasas.
Kevin Warsh fue gobernador de la Reserva Federal entre 2006 y 2011, con un papel relevante durante la crisis financiera global. Desde su salida del banco central se ha consolidado como una de las voces más críticas de la política monetaria expansiva de la última década, en particular del tamaño del balance y del uso intensivo de compras de activos. Su perfil es el de un halcón de la inflación, con énfasis en disciplina institucional y control de precios, más que en estímulos agresivos orientados al crecimiento de corto plazo. Aunque Trump ha presionado públicamente por recortes profundos de tasas, el historial de Warsh sugiere una aproximación más pragmática y cauta, condicionada por los datos y por el consenso interno del Comité.
Los mercados tomaron la decisión con calma. Los Treasuries se movieron poco y la renta variable mostró avances moderados, con el centro de gravedad puesto en la temporada de resultados, especialmente en tecnología. El dólar corrigió parcialmente su debilidad reciente frente al euro y el mercado de futuros mantuvo la idea de recortes más adelante en el año, con el calendario condicionado por la evidencia y no por un compromiso explícito de la Fed.
En el frente de inflación de costos, el Índice de Precios al Productor de diciembre aceleró a 0,5% mensual y se sostuvo cerca de 3,0% interanual, por encima de lo esperado. Este dato, sin ser concluyente por sí solo, aporta un recordatorio importante: la desinflación puede ser discontinua cuando hay shocks de bienes, cambios en precios relativos y tensiones comerciales que se trasladan a la cadena de costos.
La dimensión institucional también ganó espacio en la conversación. La discusión pública sobre la arquitectura y el alcance de la Fed, su balance, su comunicación y su relación con el poder político reaparece con fuerza en un año que mezcla sensibilidad electoral, debates regulatorios y presión por resultados macro. En ese contexto, el mercado estará atento no solo a los datos, sino a la consistencia del marco de decisión y a la capacidad del banco central para preservar credibilidad sin sobrerreaccionar.
Finalmente, el sector externo mostró volatilidad relevante en la última lectura disponible: el déficit de bienes y servicios de noviembre se amplió con fuerza, reflejando caída de exportaciones y aumento de importaciones. Más allá del dato puntual, el mensaje de fondo es que la economía estadounidense entra a 2026 con demanda interna suficientemente robusta como para sostener un patrón de absorción, mientras el debate comercial y arancelario vuelve a convertirse en un canal potencial de transmisión hacia inflación, actividad y tipo de cambio.
Europa
La Eurozona cerró 2025 con un desempeño mejor al anticipado a comienzos del año. El PIB del bloque creció 1,5% anual, apoyado en una expansión trimestral de 0,3% en el 4T, confirmando una capacidad de resistencia notable en un entorno marcado por tensiones comerciales, endurecimiento financiero previo y elevada incertidumbre política externa. El mercado laboral acompañó esta dinámica: la tasa de desempleo descendió hasta 6,2%, su nivel más bajo desde la creación del euro, reforzando la percepción de una región que llega a 2026 con una base macroeconómica relativamente estable.
No obstante, tanto el BCE como la Comisión Europea anticipan una moderación del crecimiento hacia el 1,2% en 2026, reflejando un entorno menos favorable para la demanda externa, un comercio internacional más débil y un proceso de ajuste fiscal desigual entre las principales economías del bloque. El impulso agregado de 2025 fue amplio, pero no homogéneo, y las diferencias nacionales seguirán condicionando la trayectoria regional.
En Alemania, el PIB avanzó 0,3% trimestral en el 4T, tras un tercer trimestre estancado, superando las expectativas. El repunte estuvo sostenido por el consumo privado y el gasto público, permitiendo que la economía alemana cerrara 2025 con un crecimiento modesto de 0,2%, dejando atrás dos años de contracción. Aun así, el mercado laboral comenzó a mostrar señales de enfriamiento: el empleo cayó en términos interanuales, aunque la tasa de paro se mantuvo contenida en 3,8%, reflejo de una desaceleración gradual más que de un ajuste abrupto.
Francia mostró un cierre de año más contenido. El crecimiento trimestral se moderó a 0,2% en el 4T, afectado por la desaceleración de la inversión y una contribución negativa de inventarios, pese al sostén del consumo interno y a una mejora de la demanda externa vía menores importaciones. En términos anuales, la economía creció 0,9% en 2025, por debajo del año previo. En precios, el Índice de Precios de Producción profundizó su corrección, con una caída interanual de 2,2% en diciembre, señalando una clara desinflación en la cadena productiva que contrasta con la persistencia de tensiones fiscales y políticas.
En Italia, el PIB se aceleró ligeramente en el tramo final del año, con un crecimiento trimestral de 0,3%, impulsado por la demanda interna. El avance interanual alcanzó 0,8%, mientras que el crecimiento agregado de 2025 se mantuvo en 0,7%, confirmando una senda de expansión moderada, condicionada por la debilidad del comercio exterior y por el avance del proceso de consolidación fiscal previsto para 2026.
España volvió a destacar dentro del bloque. En el 4T de 2025, el PIB creció 0,8% trimestral, impulsado por el consumo de los hogares y la inversión, con una contribución positiva clara de la demanda interna que compensó el lastre externo. El crecimiento anual se situó en 2,8%, una moderación frente a 2024, pero todavía muy superior al promedio europeo. En inflación, enero mostró una corrección significativa, con el IPC descendiendo hasta 2,4% interanual, favorecido por la caída de los precios energéticos. En el frente externo, el superávit por cuenta corriente se redujo de forma abrupta en noviembre, evidenciando la sensibilidad del saldo externo al ciclo de importaciones.
El mercado laboral del bloque confirmó su fortaleza agregada, aunque con divergencias relevantes. Mientras países como Malta, Alemania y Países Bajos mantienen tasas de desempleo bajas, economías como España, Francia y Finlandia siguen registrando niveles superiores a la media. La reducción del desempleo juvenil a 14,3% aportó una señal positiva, aunque aún elevada en términos históricos.
En precios al consumidor, las señales fueron mixtas. Alemania registró un repunte de la inflación interanual hasta 2,1% en enero, por encima de lo previsto, mientras que España profundizó la desaceleración. Esta heterogeneidad refuerza el dilema del BCE: una inflación que converge de forma desigual en un contexto de crecimiento que pierde tracción.
Fuera del bloque monetario, el Reino Unido mostró signos más claros de enfriamiento. Las aprobaciones de hipotecas cayeron a 61.013 en diciembre, el nivel más bajo desde mediados de 2024, tras la expiración de exenciones fiscales. Aunque el endeudamiento hipotecario neto continuó creciendo, el crédito al consumo se contrajo, sugiriendo una mayor cautela de los hogares frente a un entorno financiero menos favorable.
En el plano geopolítico-económico, Europa aceleró su estrategia de diversificación comercial ante la volatilidad de la política estadounidense. Los avances en acuerdos con India, el impulso al tratado con Mercosur —aunque sujeto a fricciones internas— y el fortalecimiento de vínculos con Asia reflejan una búsqueda activa de autonomía estratégica. Esta agenda se complementa con un énfasis creciente en energía, defensa, semiconductores y materias primas críticas, áreas donde la UE intenta reducir dependencias estructurales en un entorno global más fragmentado.
Asia
El arranque de 2026 dejó una señal temprana de pérdida de tracción en China. El PMI manufacturero oficial de la National Bureau of Statistics of China descendió a 49,3 en enero desde 50,1 en diciembre, ubicándose nuevamente en terreno contractivo. El detalle del informe refuerza el diagnóstico de un sector industrial que inicia el año con demanda moderada y un empresariado cauteloso, en un contexto de vientos en contra de naturaleza estructural. Los nuevos pedidos retrocedieron hasta 49,2, las ventas externas profundizaron su debilidad en 47,8 y la actividad de compras cayó con fuerza a 48,7, una combinación que sugiere prudencia en inventarios y menor apetito por expandir capacidad. El empleo permaneció frágil en 48,1, mientras que los plazos de entrega se mantuvieron prácticamente estables.
En costos, el panorama se movió en otra dirección. Los precios de insumos continuaron aumentando por sexto mes consecutivo y aceleraron de forma marcada hasta 56,1. Al mismo tiempo, los precios de venta retornaron a expansión (50,6), cerrando un periodo prolongado de descensos. Este cruce es relevante: la actividad se enfría, pero la estructura de precios deja ver una transmisión parcial de costos hacia el consumidor final, una dinámica que complica el balance entre estímulo y estabilidad nominal. La confianza empresarial también cedió, cayendo a 52,6, su mínimo de seis meses.
En mercados, el reequilibrio chino se expresó con claridad en la curva soberana: el rendimiento del bono a 10 años descendió hacia 1,80%, respaldado por inyecciones récord de liquidez del People’s Bank of China. En divisas, el yuan offshore se apreció a 6,94 por dólar, favorecido por un superávit comercial robusto y conversiones estacionales, aunque persisten críticas desde el Tesoro estadounidense sobre su nivel. El foco inmediato se desplazó hacia los próximos datos de PMI y hacia medidas regulatorias dirigidas a contener el comercio especulativo, señal de que las autoridades buscan estabilidad en precios de activos sin sacrificar el soporte de liquidez.
En el frente político-económico bilateral, Beijing elevó el tono institucional con un mensaje dirigido a las comunidades empresariales de China y Estados Unidos. Wang Yong, alto asesor político, pidió profundizar la cooperación práctica y promover relaciones económicas y comerciales estables y de largo plazo, resaltando que durante 2025 hubo diálogos e interacciones constructivas bajo la guía estratégica de los jefes de Estado. El mensaje se acompaña de una narrativa de reforma interna, apertura e innovación, presentada como un marco favorable para la operación de empresas extranjeras en el mercado chino.
En la economía real, las utilidades de las principales firmas industriales de China cerraron 2025 en terreno positivo, con un crecimiento de 0,6% interanual, revirtiendo una dinámica descendente prolongada. La manufactura mostró un avance de 5,0%, y la fabricación de equipos se consolidó como motor principal, con crecimiento de utilidades de 7,7% y una participación cercana a 39,8% del total. Los segmentos vinculados a industrias intensivas en tecnología y equipamiento registraron crecimientos de doble dígito en varias líneas, mientras que la manufactura de alta tecnología avanzó 13,3%, destacándose el comportamiento de semiconductores, equipos específicos para esa industria y rubros asociados a equipos inteligentes. Al mismo tiempo, se reconoció que persisten incertidumbres externas y desafíos operativos para algunas empresas, lo que mantiene vigente la necesidad de acelerar la integración entre innovación tecnológica y manufactura.
En geopolítica comercial, China anunció que adoptará “todas las medidas necesarias” para proteger los derechos e intereses legítimos de sus empresas tras la decisión de la Corte Suprema panameña de anular la base legal de la concesión de puertos operados por Panama Ports Company, filial del grupo hongkonés CK Hutchison, vinculada a la discusión sobre activos portuarios y a la sensibilidad estratégica del Canal de Panamá. El episodio vuelve a situar infraestructura, cadenas logísticas y control de nodos portuarios como piezas de negociación en un entorno global crecientemente transaccional.
En Japón, los datos fueron mixtos y refuerzan un escenario de política monetaria prudente tras el incremento previo de tasas hacia 0,75%. La inflación subyacente en Tokio se desaceleró a 2,0% en enero, alineándose con el objetivo, mientras que la producción industrial repuntó 2,6% interanual en diciembre, contrastando con una caída de ventas minoristas de 0,9%, señal de que el consumo no termina de consolidar inercia. El desempleo se mantuvo en 2,6%, con un mercado laboral estable y una relación vacantes-solicitantes alrededor de 1,19, compatible con condiciones ajustadas, pero sin implicar automáticamente un repunte de demanda interna.
En divisas, el yen se movió en un rango contenido en torno a 153 por dólar, con ajustes moderados tras un dato de inflación en Tokio inferior a lo esperado. La dinámica reciente también estuvo influida por señales desde Estados Unidos: declaraciones del Secretario del Tesoro, Scott Bessent, negando intervención cambiaria y reafirmando la preferencia por un dólar fuerte, lo que redujo apuestas especulativas y sostuvo el atractivo relativo del dólar. En balance, Japón exhibe un pulso industrial más firme, pero con un consumo todavía renuente, un mix que invita a cautela antes de acelerar el ciclo de normalización monetaria.
México y Brasil
México
México cerró 2025 con un crecimiento modesto y, al mismo tiempo, con una señal de repunte hacia el final del año. La estimación oportuna del PIB sugiere que la economía habría avanzado 0,5% en 2025, su lectura más baja desde la pandemia, con un cuarto trimestre que sorprendió al alza: 0,8% trimestral, por encima de lo previsto por el consenso. En ese cierre de año se observó una recuperación sincronizada de los principales componentes, aunque con un patrón claro: los servicios continúan siendo el ancla del crecimiento, mientras la industria intenta recuperar tracción tras un periodo prolongado de menor dinamismo.
Por componentes, el sector servicios habría crecido 0,9% trimestral en el 4T, beneficiado por el avance de los salarios y por transferencias del gobierno que han sostenido el consumo. La actividad industrial también avanzó 0,9% trimestral, su mayor incremento en un trimestre desde 2022, con señales de que la construcción habría sido un motor importante, vinculada a obras de infraestructura y vivienda, además de proyectos asociados al Mundial. Esa combinación —servicios sólidos y construcción reactivándose— explica el repunte de cierre de año sin implicar aún un cambio estructural de tendencia.
Las lecturas alternativas disponibles no cambian el diagnóstico central: 2025 fue un año de crecimiento débil, con pérdida gradual de dinamismo tras el rebote de 2021. Una estimación ubica el crecimiento anual en 0,7%, y subraya la divergencia sectorial: las actividades primarias mostraron un desempeño notable (3,7%), mientras que la industria habría profundizado su contracción (-1,1%) y los servicios desaceleraron a 1,4%. Más allá de la cifra anual exacta, el mensaje económico es consistente: la expansión se sostuvo en componentes específicos, mientras la inversión y el ciclo industrial se vieron condicionados por un entorno interno y externo que elevó la cautela.
Hacia 2026, el consenso se orienta a una mejora gradual, aunque con dispersión amplia. Un escenario plantea un crecimiento de 1,6%, apoyado en la fortaleza del consumo, el efecto adicional del Mundial —estimado en un aporte de 0,15% a 0,20%— y una recuperación industrial gradual vía mayor demanda externa y gasto público en construcción. Otros pronósticos se ubican más cerca de 1,3%, mientras que las proyecciones oficiales son más optimistas. En todo caso, el perfil del año estará condicionado por el ciclo de consumo, la respuesta de la industria a condiciones financieras menos restrictivas y el grado de certidumbre asociado a la revisión del T-MEC y al entorno comercial con Estados Unidos.
En el frente externo, México consolidó su posición como principal socio comercial de Estados Unidos. En noviembre, las exportaciones mexicanas alcanzaron un récord cercano a USD 44.500 millones (+5,3%) y el país capturó alrededor del 17% de las importaciones estadounidenses, por encima de Canadá y China. Entre enero y noviembre, el flujo total se ubicó en torno a USD 492.500 millones, con un crecimiento de 5,6%. Este desempeño sostiene la tesis de integración productiva y relocalización de cadenas, aunque su estabilidad dependerá del tono político y regulatorio del proceso de revisión comercial.
El componente fiscal también ganó relevancia. El déficit de 2025 se ubicó en 4,3% del PIB, inferior al 5,8% de 2024, configurando un ajuste significativo en términos de consolidación. La deuda amplia medida por el SHRFSP cerró en torno a 52,6% del PIB, con el objetivo explícito de preservar el grado de inversión y mantener condiciones de financiamiento favorables. Adicionalmente, se reportó una reducción de deuda presupuestal de Pemex por USD 10.200 millones, vía operaciones de manejo de pasivos, un punto clave para el balance de riesgos soberanos.
En el plano político-energético, emergió un tema sensible: la presidenta Claudia Sheinbaum confirmó suspensiones en envíos de petróleo a Cuba y las enmarcó como decisiones contractuales y soberanas, en un contexto donde la presión externa y la revisión del T-MEC elevan el costo de cualquier señal que pueda leerse como fricción adicional en la relación con Washington.
Brasil
Brasil entró en 2026 con un cuadro más desafiante. La economía enfrenta una desaceleración marcada, con pérdida de 618.164 empleos formales, la mayor caída desde la pandemia, y un entorno financiero todavía restrictivo. La tasa Selic se mantuvo en 15%, lo que ha elevado el costo del crédito, endurecido condiciones de financiación y ampliado el peso del servicio de la deuda sobre hogares y empresas. En ese marco, la morosidad en préstamos personales subió a 6,9%, máximo de trece años, consolidando un canal de transmisión directo desde política monetaria hacia consumo.
El Banco Central mantuvo el mensaje de disciplina nominal: ratificó la tasa en 15% y señaló que, si el escenario esperado se confirma, podría iniciar un ciclo de flexibilización en marzo, insistiendo en que la restricción será la necesaria para garantizar la convergencia de la inflación a la meta de 3%. La comunicación deja dos puntos claros: el inicio de recortes no será automático y el ritmo dependerá de ganar confianza en la trayectoria desinflacionaria, evitando repetir episodios de relajamiento prematuro.
En inflación, los datos hasta mediados de enero mostraron un aumento anual hacia 4,50%, en línea con lo esperado, y una variación mensual moderada de 0,20%, influida principalmente por costos sanitarios y de atención personal. El nivel anual permanece dentro del rango de tolerancia del banco central, pero todavía por encima del centro de la meta, lo que explica la cautela del Copom.
Colombia
Confianza empresarial: señales cruzadas al cierre de 2025
La encuesta de opinión empresarial de Fedesarrollo para diciembre dibuja un cierre de año con lectura no lineal. El Índice de Confianza Comercial (ICCO) cayó a 17,8%, con un retroceso frente a noviembre y también frente a diciembre de 2024. La corrección no provino de un deterioro homogéneo de la operación corriente, sino de un cambio en el balance entre expectativas y acumulación de inventarios: se debilitó la percepción sobre el próximo semestre y aumentó el nivel de existencias, parcialmente compensado por una mejor lectura de la situación actual de los negocios.
En contraste, el Índice de Confianza Industrial (ICI) mejoró hasta -0,7% desde -4,3% en noviembre, una recuperación mensual que sugiere cierto reacomodo del ciclo de producción al iniciar 2026. La mejora estuvo asociada a mayores expectativas de producción y a una reducción de inventarios, aunque con una señal menos favorable en el volumen de pedidos. La directora ejecutiva encargada, Ximena Cadena, resaltó ese carácter mixto: mejor ánimo hacia producción, pero demanda aún sin un rebote plenamente consistente.
Más delicado fue el mensaje del módulo trimestral: las expectativas de empleo industrial se desplomaron hasta -18,6% desde 10,1% en septiembre. Ese giro, por su magnitud, sugiere que el ajuste empresarial no está ocurriendo solo por precios o márgenes, sino por prudencia frente a la demanda y al costo financiero. Al mismo tiempo, aumentó la percepción de contrabando en industria, que escaló a 12,4%, lo que introduce un ángulo microeconómico relevante: si el contrabando se vuelve más visible en el cierre de año, la competencia por precio presiona márgenes y puede acelerar decisiones defensivas de inventario y empleo.
En el frente fiscal, el mensaje político se volvió parte del precio de los activos. El presidente Gustavo Petro elevó el tono al advertir que una crisis fiscal podría escalar hacia una crisis financiera, en un contexto de debate tributario y de restricciones crecientes para financiar el presupuesto. Más allá de la retórica, el punto económico relevante es el canal de transmisión: cuando el mercado percibe deterioro de trayectoria fiscal o pérdida de gobernabilidad presupuestal, se amplían primas de riesgo, suben tasas largas, se encarece el fondeo y se tensiona la sostenibilidad de la deuda, lo que termina filtrándose al crédito y a la cartera vencida.
En esa misma línea, el diagnóstico de deterioro de espacio fiscal aparece respaldado por la dinámica de deuda. El saldo de deuda bruta del Gobierno Nacional Central fue reportado en $1.193 billones a diciembre de 2025, con incrementos significativos frente a 2024 y frente a agosto de 2022. El dato es importante no solo por el nivel, sino por la dirección: con crecimiento de deuda, alta sensibilidad a tasas y un entorno político polarizado, el riesgo de refinanciación se vuelve un factor estructural de la discusión macro.
Manejo de deuda: canjes y extensión de plazos
En ese contexto, el Ministerio de Hacienda y Crédito Público de Colombia abrió 2026 con una operación de manejo de deuda interna orientada a mejorar el perfil sin aumentar el endeudamiento neto. El canje propuesto intercambia TES de vencimientos cortos de 2026 por referencias con vencimiento 2030 en pesos, y reorganiza la curva UVR intercambiando títulos 2027–2029 por 2031, y realizando sustituciones desde 2033–2049 hacia 2062. En la práctica, esto busca disminuir presiones de caja de corto plazo y suavizar el calendario de vencimientos, enviando una señal de disciplina técnica en un momento donde la narrativa fiscal está bajo escrutinio.
La lista de participantes vía Creadores de Mercado subraya que el mecanismo opera con profundidad institucional y acceso para inversionistas locales y extranjeros a través de los principales intermediarios del sistema. En un entorno de incertidumbre, estas operaciones suelen ser leídas como una herramienta para reducir riesgo de liquidez del Tesoro y, de paso, apoyar la formación de precios de la curva.
Déficit fiscal y costo de financiamiento
Colombia cerró 2025 con uno de los desbalances fiscales más elevados a nivel global. Según estimaciones publicadas por The Economist, el déficit fiscal del país habría alcanzado -7,5% del PIB, lo que lo ubica como el segundo más alto entre un grupo de 41 economías analizadas, solo por detrás de Egipto. En ese mismo universo comparativo, economías como Polonia y Brasil también registran déficits elevados, aunque en niveles inferiores, mientras que la mayoría de países desarrollados y emergentes procura mantener desequilibrios fiscales por debajo del 3% del PIB, umbral considerado como referencia de prudencia fiscal.
Este deterioro se ha traducido en un encarecimiento sostenido del financiamiento soberano. En el ejercicio comparativo, Colombia aparece entre los países con mayores rendimientos en su deuda pública a 10 años, compartiendo ese grupo con economías que enfrentan tensiones macroeconómicas estructurales como Pakistán, Egipto, Jordania y Namibia
Relevo en el CARF
En términos de institucionalidad fiscal, el Comité Autónomo de la Regla Fiscal (CARF) designó como presidente a Juan Carlos Ramírez Jaramillo, economista con trayectoria en política pública, academia y organismos internacionales. En la coyuntura actual, la importancia de este relevo está menos en el perfil individual y más en la señal: el CARF reafirma su mandato de análisis técnico independiente, transparencia y seguimiento a sostenibilidad, en un ciclo donde el mercado exige anclas creíbles y consistentes entre discurso y números.
Comercio Colombia–Ecuador
La relación con Ecuador mantiene peso económico y sensibilidad política. Con corte a ene–nov de 2025, Ecuador fue un comprador relevante de exportaciones colombianas, con USD FOB 1.673,1 millones, una leve contracción anual explicada principalmente por la caída de energía eléctrica. Al aislar la canasta no minero-energética —la parte más estable y de mayor densidad empresarial— el desempeño fue más favorable, con crecimiento frente a 2024. Esa composición importa porque el riesgo regulatorio (aranceles, salvaguardias) no golpea por igual: tiende a concentrarse en manufacturas y bienes de consumo donde el precio define participación y donde la sustitución por competidores regionales o asiáticos es más rápida.
La sensibilidad sectorial aparece particularmente alta en segmentos de bienes durables (electrodomésticos) y automotor, donde un sobrecosto amplio se traduce en caída inmediata de demanda. En términos territoriales, la concentración de importaciones desde Ecuador hacia Bogotá, Antioquia, Valle y Nariño sugiere que cualquier fricción comercial repercute de forma desproporcionada en nodos de consumo y transformación industrial, además de un corredor fronterizo clave.
Pensiones: límite a inversiones externas y riesgo de rentabilidad
La discusión sobre reducir el límite de inversión externa de los fondos obligatorios —del 49% hacia 30% en cinco años— introduce un dilema clásico entre objetivos domésticos de profundización financiera y protección del ahorro pensional. La Contraloría General de la República advirtió que una repatriación masiva de portafolios puede reducir la diversificación y presionar la rentabilidad ajustada por riesgo, especialmente si el mercado local no cuenta con suficiente profundidad y oferta de proyectos para absorber el cambio de composición.
El argumento económico central es el diferencial histórico de rendimientos entre portafolios más diversificados internacionalmente y portafolios estrictamente domésticos. Si la rentabilidad esperada cae, el impacto no se queda en el afiliado: dado el rol del Estado como garante de pensiones mínimas, menores rendimientos podrían trasladarse a mayor presión fiscal futura. Esta discusión se vuelve más sensible en el marco de la reforma pensional (Ley 2381 de 2024) y su revisión constitucional, porque combina ahorro privado, obligaciones públicas futuras y estabilidad macrofinanciera.
La Corte Constitucional de Colombia suspendió provisionalmente el decreto de emergencia económica expedido en diciembre de 2025. El punto económico no es solo la suspensión, sino lo que obliga a hacer: el Gobierno pasa de un esquema de recaudo por vía excepcional a un escenario donde el ajuste debe tramitarse por el Congreso o por recortes presupuestales, en medio de un debate político más costoso. El Consejo Gremial Nacional, por su parte, respaldó la suspensión y enfatizó la separación de poderes, reforzando la idea de que el margen para “atajos” fiscales es estrecho y que el costo institucional de intentarlo puede superar el beneficio.
Desde el Ejecutivo se anunció el retorno a leyes de financiamiento y tributarias ordinarias, junto con la advertencia de recortes y afectaciones en frentes como energía y atención de emergencias climáticas. Adicionalmente, el ministro Germán Ávila dejó explícita una posibilidad que el mercado lee de inmediato: si el recaudo no aparece, se abre la puerta a mayor emisión de deuda, aun reconociendo sus inconvenientes. Esa combinación —incertidumbre sobre ingresos, amenaza de recorte, y eventual más deuda— es un vector directo de volatilidad en la curva TES y en el tipo de cambio.
El cierre laboral de 2025 fue estadísticamente favorable. Según el DANE, el desempleo anual se ubicó en 8,9%, el más bajo desde 2001, y diciembre cerró en 8,0%, también mínimo histórico para ese mes. La lectura agregada mejora, pero la composición exige cautela: la informalidad sigue alrededor de 55,7% en el año, y la dinámica por ciudades continúa extremadamente dispar. En términos macro, una tasa de desempleo menor apoya el consumo, pero una informalidad tan alta limita productividad, recaudo y transmisión ordenada de política monetaria.
En el frente financiero minorista, la tasa de usura para febrero quedó en 25,23%, por encima de enero, lo que endurece el techo legal de crédito de consumo y refleja un entorno de tasas elevadas. Este canal es especialmente relevante en un momento en que el país enfrenta simultáneamente ajustes monetarios y fricciones fiscales.
Política monetaria: giro restrictivo y choque con el Ejecutivo
El evento dominante fue el giro del Banco de la República, que elevó la tasa en 100 pb hasta 10,25%, sorprendiendo al consenso que esperaba un ajuste menor. La votación dividida mostró una mayoría a favor del incremento y minorías que preferían recortar o mantener. El movimiento se justificó por el repunte de expectativas inflacionarias y por señales de persistencia en inflación básica, en un contexto donde la inflación total cerró diciembre alrededor de 5,1% y la básica repuntó hacia 5,02%.
El cambio más sensible estuvo en el ajuste de proyecciones: el equipo técnico elevó su estimación de inflación para 2026 desde 4,1% hacia 6,3%, y el gerente Leonardo Villar enfatizó el objetivo de re-anclar expectativas y facilitar convergencia hacia el rango meta en 2027. De forma simultánea, el Gobierno expresó desacuerdo con la decisión, atribuyendo parte del debate a consideraciones redistributivas asociadas al salario mínimo. Ese choque de narrativas —independencia monetaria vs. prioridades de gobierno— no es menor: tiende a reflejarse en primas de riesgo, en sensibilidad de la curva y en la percepción de coordinación macro, particularmente cuando el frente fiscal ya está bajo presión.
Renta variable
La renta variable se movió en una semana dominada por alta volatilidad, rotación sectorial y creciente sensibilidad a señales de política monetaria, tanto en Colombia como en los principales mercados desarrollados. El telón de fondo fue un ajuste de expectativas: los resultados corporativos continúan creciendo en términos agregados, pero el mercado comenzó a exigir mayor visibilidad sobre márgenes, sostenibilidad de flujos y exposición a tasas más altas.
En Colombia, el mercado accionario mostró un comportamiento lateral con sesgo correctivo. El MSCI COLCAP retrocedió 0,21% hasta 2.488,2 puntos, reflejando cautela frente al mayor costo del capital y la expectativa de ajustes adicionales en la política monetaria. La negociación se concentró en los emisores de mayor peso y liquidez, con Ecopetrol liderando el volumen transado, seguida por Preferencial Cibest y Cibest, confirmando un mercado más defensivo en la asignación de flujos.
La dispersión entre acciones fue elevada. BHI, TIN y Enka encabezaron las valorizaciones, mientras Mineros, Grupo Aval y Conconcreto registraron las caídas más pronunciadas. Este patrón no respondió a un factor único, sino a ajustes tácticos de portafolio en un entorno donde los inversionistas diferencian con mayor rigor entre balances, sensibilidad a tasas y exposición cíclica. El anuncio del Fondo Nacional del Ahorro de mantener su meta de COP 1,5 billones en aprobaciones de crédito VIS y VIP introdujo un elemento de soporte para el segmento hipotecario, aunque su impacto bursátil inmediato fue limitado frente al endurecimiento financiero.
En Estados Unidos, las acciones atravesaron una semana mixta y volátil, marcada por catalizadores relevantes. Los principales índices reflejaron este tono: el S&P 500 avanzó marginalmente, el Dow Jones corrigió y el Nasdaq cedió terreno. El mercado reaccionó con cautela a la nominación de Kevin Warsh como próximo presidente de la Reserva Federal, interpretada como una señal potencialmente más restrictiva para la política monetaria futura, lo que presionó especialmente a las acciones de crecimiento y a los sectores más sensibles a tasas.
El sector tecnológico volvió a concentrar la atención. Microsoft sufrió un retroceso cercano al 10%, su peor jornada desde 2020, tras generar dudas sobre la trayectoria de su negocio de computación en la nube y la rentabilidad del ciclo de inversión asociado a inteligencia artificial, lo que se tradujo en una pérdida significativa de capitalización bursátil. Apple, pese a reportar resultados superiores a lo esperado y un sólido desempeño en ventas de iPhone, también se desvalorizó, evidenciando que el mercado ya no premia únicamente el cumplimiento de expectativas cuando las valoraciones son exigentes.
En contraste, el comportamiento no fue homogéneo dentro del mercado estadounidense. El segmento de small caps, representado por el Russell 2000, mostró una valorización sostenida en lo corrido del mes, apoyado en sectores de consumo y financiero, sugiriendo una rotación parcial hacia compañías más expuestas a la economía doméstica y menos dependientes de narrativas de largo plazo.
Al nivel de casos corporativos, la dispersión sectorial fue evidente. UnitedHealth registró una caída cercana al 19%, arrastrando a las aseguradoras de salud, tras el anuncio de un aumento mínimo en las tasas de reembolso de Medicare Advantage para 2027, muy por debajo de lo anticipado por el mercado. El ajuste obligó a revisar previsiones de ingresos y márgenes en pleno ciclo de publicación de resultados. En el extremo opuesto, Royal Caribbean avanzó más del 13%, respaldada por resultados sólidos, perspectivas para 2026 superiores a lo esperado y una demanda que se mantiene firme, reforzada además por decisiones estratégicas y revisiones alcistas de objetivos por parte de analistas.
En Europa, la renta variable mostró un desempeño más irregular. Algunos índices retomaron avances, mientras otros reflejaron debilidad, con castigos concentrados en grandes emisores tecnológicos y mayor resiliencia en mercados periféricos. Los resultados corporativos continuaron mostrando crecimiento de beneficios en agregado, aunque con marcada heterogeneidad, reforzando la dispersión de retornos entre sectores y compañías.
Los mercados asiáticos cerraron mayoritariamente a la baja, afectados por la cautela global, ajustes cambiarios y dudas sobre la tracción del crecimiento regional. La volatilidad del dólar y las especulaciones sobre posibles intervenciones cambiarias añadieron ruido adicional a los flujos hacia renta variable emergente.
Renta fija
El mercado de renta fija en Colombia atravesó una semana de ajuste significativo en precios, dominada por la sorpresa monetaria y por un aumento en la prima exigida por riesgo de corto plazo. Los TES tasa fija registraron una desvalorización promedio cercana a 21 pb, mientras la curva UVR cayó alrededor de 6 pb, aunque con comportamientos diferenciados por referencia. En particular, los UVR con vencimientos en marzo de 2027 y marzo de 2033 mostraron valorizaciones, reflejando demanda puntual por cobertura real y estrategias de carry en un entorno de inflación aún elevada.
El catalizador central fue la decisión del Banco de la República de incrementar la tasa de intervención en 100 pb, por encima del consenso que apuntaba a 50 pb, llevándola a 10,25%. El movimiento reprecio de forma abrupta la parte frontal de la curva, incorporando expectativas más restrictivas asociadas al repunte de las expectativas de inflación y a la resiliencia de la demanda interna. En ese contexto, la curva de TES en pesos exhibió un aplanamiento bajista, con repuntes de tasas concentrados en los tramos cortos y pérdidas más contenidas en los vencimientos largos, lo que se tradujo en una compresión de los spreads 2s10s y 5s30s. La referencia 2035 se desmarcó parcialmente del movimiento general, registrando una leve valorización, señal de posicionamientos selectivos en duration intermedia.
Durante la semana, el mercado también absorbió operaciones técnicas relevantes. Se realizaron subastas de TES de corto plazo y operaciones de canje orientadas a mejorar el perfil de vencimientos: recompras de referencias con vencimiento en 2026 a cambio de TES 2030, y en el segmento indexado a inflación, intercambios de UVR 2033 y 2049 por UVR 2062. Estas operaciones aportaron liquidez y ayudaron a ordenar la curva, aunque sin neutralizar el impacto del ajuste monetario.
En los TES UVR, el comportamiento fue heterogéneo. Se observaron pérdidas generalizadas en la mayoría de referencias, con repuntes de hasta 15,8 pb, liderados por los vencimientos largos como 2055, mientras que el UVR 2027registró una valorización marcada, con una caída cercana a 17,8 pb en su rendimiento. Este contraste puso de manifiesto la preferencia del mercado por instrumentos con protección inflacionaria de corto plazo, frente a una mayor cautela en duration real extensa.
En renta fija internacional, los Tesoros de Estados Unidos mostraron un empinamiento de la curva, con apoyo en los tramos cortos y presión en los largos. Las referencias a 2 años se valorizaron, mientras los vencimientos a 10 y 30 años registraron incrementos en rendimiento, ampliando los spreads 2s10s y 5s30s. Este movimiento se dio tras la decisión de la Reserva Federal de mantener inalterado el rango objetivo de la tasa de referencia en 3,50%–3,75%, decisión mayoritaria con disensos puntuales a favor de recortes. El mensaje del banco central destacó una mejora en las perspectivas de crecimiento, con riesgos de inflación y empleo que han disminuido, aunque sin un balance claramente simétrico.
El mercado incorporó además la nominación de Kevin Warsh como próximo presidente de la Reserva Federal. La lectura inicial fue la de un sesgo relativamente más restrictivo en comparación con otros nombres considerados, lo que reforzó la presión sobre el tramo largo de la curva estadounidense y sostuvo la demanda por vencimientos cortos. En este contexto, el rendimiento del Treasury a 10 años se mantuvo alrededor de 4,23%–4,25%, mientras el largo plazo exigió una mayor prima por duración.
En Europa, la deuda soberana cedió de forma marginal. El Bund a 10 años se mantuvo estable cerca de 2,84%, con futuros a la baja, mientras gilts y OATs registraron caídas moderadas, lideradas por el extremo largo de la curva. El BTP italiano mostró un ligero repunte en rendimiento, con una ampliación contenida del spread frente al Bund, reflejando un apetito por riesgo moderado y sin señales de tensión sistémica, en un entorno donde la política monetaria continúa siendo restrictiva y la prima por duración se mantiene elevada.
Divisas
El mercado cambiario estuvo dominado por volatilidad y choques cruzados entre factores externos y domésticos, con movimientos no lineales a lo largo de la semana. El peso colombiano cerró en 3.690 por dólar, con una depreciación semanal de 1,1%, a pesar del ajuste monetario más fuerte de lo anticipado por parte del Banco de la República, que incrementó la tasa de política en 100 puntos básicos.
El comportamiento del peso respondió a un aumento de la prima de riesgo país y a factores técnicos de oferta y demanda de divisas. Los CDS soberanos registraron alzas tanto en el tramo de cinco años (+0,70%) como en el de diez años (+1,14%), reflejando mayor sensibilidad del mercado frente a los frentes fiscal e institucional. A ello se sumó el anuncio del director de Crédito Público de que la Nación no realizará monetizaciones de posiciones estructurales durante el primer semestre, al mantener recursos en dólares para coberturas y gestión de riesgos, lo que redujo la oferta de divisas y abrió espacio para compras netas del sector público durante la semana.
En este contexto, el choque doméstico de tasas, claramente restrictivo, no logró imponerse en el muy corto plazo frente al entorno externo. Si bien el incremento de 100 pb reforzó de manera significativa el diferencial de tasas reales y el atractivo del carry del peso colombiano, el USD/COP cerró al alza, reflejando que los flujos globales y el ajuste generalizado en monedas emergentes dominaron la dinámica semanal. La acción del precio mostró rangos intradía amplios, pero sin rupturas abruptas, consistente con un mercado que ya venía incorporando buena parte del ajuste monetario local.
A nivel global, el índice DXY finalizó en 97,11 puntos, con una depreciación semanal de 0,5%, aunque con recuperación hacia el cierre tras tocar mínimos cercanos a 96,2. El movimiento del dólar estuvo influenciado por expectativas de coordinación entre Estados Unidos y Japón para dar seguimiento al comportamiento del yen y actuar bajo los acuerdos vigentes, así como por la decisión de la Reserva Federal de mantener sin cambios las tasas de interés. La nominación de Kevin Warsh como candidato a presidir la Fed aportó soporte adicional al dólar, al interpretarse como una señal de mayor independencia institucional en la conducción de la política monetaria.
El repunte del dólar hacia el final de la semana respondió principalmente a un reacomodo táctico de posiciones, en un contexto de sobreventa en el muy corto plazo, más que a un cambio en los fundamentales. Datos de precios al productor algo más firmes y la reducción del riesgo inmediato de un cierre del gobierno estadounidense contribuyeron a estabilizar la divisa. En las monedas desarrolladas, este movimiento se tradujo en correcciones en euro y libra, sin alterar el patrón de consolidación observado tras semanas previas de debilidad del dólar.
En América Latina, el desempeño cambiario fue heterogéneo. El real brasileño destacó como la moneda de mejor comportamiento, cerrando en 5,26 por dólar, con una apreciación semanal de 0,4%, apoyado por la decisión del Banco Central de Brasil de mantener la tasa en 15% y reforzar el mensaje de postergar recortes. Entre las monedas de economías desarrolladas, el dólar australiano lideró las valorizaciones semanales, con una apreciación cercana al 1%, favorecido por el tono de los mercados de materias primas y la rotación global de portafolios.
Commodities
Energía. El mercado petrolero cerró enero con un tono claramente firme, reflejando un aumento sostenido de la prima geopolítica. El Brent superó de forma transitoria el umbral de USD 70 por barril, alcanzando su nivel más alto desde agosto, mientras el WTI se ubicó alrededor de USD 65–66. En términos acumulados desde comienzos de año, ambas referencias registraron avances cercanos al 14%, con alzas semanales de 7,3% en Brent y 7,7% en WTI.
El principal catalizador fue el deterioro de las relaciones entre Estados Unidos e Irán, en un contexto de mayor presión política y militar por parte de Washington frente al programa nuclear iraní. El despliegue de activos navales estadounidenses en la región elevó la percepción de riesgo, especialmente por la vulnerabilidad del estrecho de Ormuz, por donde transitan cerca de 20 millones de barriles diarios. Este factor incrementó la sensibilidad del Brent, más expuesto al equilibrio global de oferta y demanda, mientras el WTI acompañó el movimiento vía arbitrajes y spreads, reforzado por un sentimiento positivo en el complejo energético. A su vez, las señales desde la OPEP+ apuntaron a mantener sin cambios los niveles de producción en marzo, reforzando la lectura de un mercado ajustado en el corto plazo.
Metales. El complejo metálico mostró una dinámica de máxima volatilidad, con fuertes subidas iniciales seguidas por una corrección abrupta. El cobre alcanzó un máximo histórico el jueves, superando los USD 14.500 por tonelada, con una ganancia intradía de hasta 11%, antes de revertir parcialmente el movimiento y cerrar cerca de USD 13.465. A pesar del retroceso, el metal acumuló una valorización cercana al 6% en el mes, sostenido por una narrativa de oferta limitada, demanda estructural elevada y acumulación estratégica, en un contexto de posibles tensiones comerciales y ajustes arancelarios.
El oro y la plata también corrigieron tras marcar máximos históricos. El oro superó brevemente los USD 5.500 por onza, impulsado por demanda refugio ante la incertidumbre macroeconómica y geopolítica, pero posteriormente retrocedió alrededor de 7%, cerrando cerca de USD 5.030, con una caída semanal de 2,1%. La corrección fue aún más pronunciada en la plata, que tras alcanzar niveles récord por encima de USD 120 por onza, cayó más de 16%, acumulando una pérdida semanal cercana a 17,5%, en un movimiento asociado a toma de utilidades, momentum extremo y elevada volatilidad.
El ajuste en los metales estuvo estrechamente vinculado al repunte del dólar estadounidense y a la evolución de las expectativas monetarias en Estados Unidos. La nominación de Kevin Warsh para presidir la Reserva Federal fue interpretada por el mercado como una señal de menor tolerancia a recortes agresivos de tasas, fortaleciendo al dólar y encareciendo los metales para inversionistas fuera de Estados Unidos. Este efecto cambiario se combinó con la recomposición de posiciones tras avances acelerados, amplificando los movimientos de corto plazo en los precios.
Nota del Autor
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