Cada vez hay más multimillonarios en el mundo y su riqueza continúa creciendo. Así lo señala un informe que Oxfam, como cada año, publica al inicio del Foro Económico Mundial (WEF) en Davos.
De acuerdo con el informe, los cerca de 3.000 multimillonarios a nivel global poseían activos por un valor de 18,3 billones de dólares estadounidenses el año pasado. Desde 2020, su riqueza ha aumentado en más de un 80 % en términos reales. Al mismo tiempo, la organización subraya que casi la mitad de la humanidad vive en situación de pobreza.
¿Es esto cierto? Oxfam intenta establecer una relación directa entre el aumento de la riqueza de los más ricos y la persistencia de la pobreza. Dicha relación existe, aunque de una manera muy distinta a la que Oxfam sugiere. La organización sostiene que la mitad de la humanidad vive en la pobreza y fundamenta esta afirmación en datos del Banco Mundial. Sin embargo, el Banco Mundial utiliza distintas definiciones de pobreza. Según una de ellas, que adopta un concepto más amplio, el 45,5 % de la población mundial efectivamente vivía en situación de pobreza en 2025.
Pero ¿hay realmente una relación entre estos datos y el fuerte aumento de la riqueza de los multimillonarios desde 2020? De acuerdo con los mismos datos del Banco Mundial, el número de personas que viven en pobreza no solo no aumentó entre 2020 y 2025, sino que se redujo de manera significativa. Cayó cinco puntos porcentuales, del 50,5 % en 2020 al 45,5 % en 2025. Esto implica que, en los últimos cinco años, varios cientos de millones de personas en todo el mundo han logrado salir nuevamente de la pobreza. La causa de ambos fenómenos es la misma: el crecimiento económico.
Durante ese mismo período, el número de personas que viven en pobreza extrema también disminuyó, tal como muestran los datos del Banco Mundial, pasando del 11,4 % al 10,1 %. Cabe señalar que esta reducción habría sido considerablemente mayor si el Banco Mundial no hubiera modificado su método de cálculo. A mediados de 2025, la institución elevó la línea internacional de pobreza en aproximadamente un 40 %, lo que incrementó la proporción de personas clasificadas como extremadamente pobres hasta poco más del 10 %.
Para 2025, el Banco Mundial estima que alrededor de 831 millones de personas viven en situación de pobreza extrema bajo el nuevo método de medición. Esta cifra es un 50 % más alta de lo que habría resultado si el organismo no hubiese cambiado su metodología y se hubiera limitado a ajustar la línea de pobreza conforme a la inflación. Bajo el método anterior, el número de personas en pobreza extrema habría sido de aproximadamente 540 millones, equivalente al 6,5 % de la población mundial.
Antes de la aparición del capitalismo de libre mercado, la gran mayoría de la población mundial vivía en situación de pobreza extrema. En 1820, esta afectaba aún al 90 % de las personas. El capitalismo logró reducir esa proporción al 37,9 % para 1990. A partir de ese momento, la caída de la pobreza se aceleró como consecuencia de reformas orientadas al mercado en países como China, India y Vietnam, así como del colapso del socialismo en la Unión Soviética y Europa del Este.
La proporción de personas que vivían en pobreza extrema descendió al 29,3 % en el año 2000, al 15,7 % en 2010 y al 8,5 % en 2024, antes de registrar un repunte reciente debido al cambio en el método de cálculo. Sin esta modificación metodológica, dicha proporción habría caído al 6,5 %, el nivel más bajo jamás registrado.
¿Ha aumentado de forma significativa la riqueza de los superricos? Sí. En el mismo período en el que la pobreza extrema se redujo del 29,3 % en 2000 a poco más del 10 % —o al 6,5 % sin el cambio metodológico—, la riqueza real de los multimillonarios aumentó en un 840 %. Según la creencia de suma cero, que sostiene que los ricos solo pueden enriquecerse a expensas de los pobres, esto no debería haber ocurrido. ¿De dónde, bajo esta lógica, provendría entonces la riqueza adicional de los superricos si, al mismo tiempo, el número de personas en pobreza extrema disminuyó de forma tan pronunciada?
Quienes adhieren al pensamiento de suma cero y afirman que los ricos se enriquecen a costa de los pobres no logran explicar cómo pueden aumentar simultáneamente tanto el número como la riqueza de los ricos mientras disminuye el número de pobres. La causa de ambos fenómenos es la misma: el crecimiento económico. Mientras esta visión concibe la economía como un pastel de tamaño fijo que debe “repartirse”, el crecimiento económico reduce el número de personas pobres y, al mismo tiempo, incrementa tanto el número como la riqueza de las personas ricas.
Es un auténtico escándalo que, año tras año, la mayoría de los periodistas reproduzca sin cuestionamiento las cifras de Oxfam, pese a que se ha demostrado de manera reiterada que carecen de todo fundamento científico. Este hecho ya ha sido documentado con detalle en mi libro The Rich in Public Opinion (pp. 310–314), pero sigue siendo sistemáticamente ignorado.












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