“La doctora Isabel”

“No te apresures a enojarte, porque la ira reposa en el seno de los necios” se lee en Eclesiástico 7:9


Me enteré por El Tiempo (https://www.eltiempo.com/cultura/gente/caso-del-repartidor-de-pizza-en-bogota-destapa-debate-sobre-discriminacion-y-acoso-laboral-que-conductas-sanciona-la-ley-colombiana-3525065) del infortunado “diálogo” que sostuvo una señora que pide la llamen “doctora Isbabel” al parecer en un barrio de estrato alto o semialto de Bogotá con un domiciliario adscrito a Domino’s Pizza. La reacción solidaria del común popular es comentar con cualquier cantidad de insultos y epítetos en el medio que cuente la noticia, así que léanse unos dos o tres comentarios de la nota periodística y se convencerán mis generosos lectores de que no exagero.

Quiero apartarme del formato de esa interacción y quisiera conocer el contexto de los hechos para juzgar con más acierto la airada reacción de “la doctora” contra el humilde entregador de pizzas, que de paso sea dicho, no creo que, a ese renglón de la economía, el de domiciliarios, pertenezca gente del aparente estrato social de la señora, salvo uno que otro estudiante cuya familia esté pasando transitorios apuros económicos o que algún inspirado joven esté en plan de “emprendimiento”.

A la doctora Isabel sí le quiero decir que humana y socialmente se le fueron las luces, y de paso se encontró con una actitud humilde y madura del chico del que ahora mismo desconozco su nombre, aunque presiento que lo deban estar buscando los distintos corresponsales para hacerle notas periodísticas y alimentar sus noticieros dominicales. Y eso está bien. Lo de él es de emular y sirve como ejemplo para esta sociedad atizada por los insultos, comenzando por los gobernantes que en teoría serían los primeros llamados a moderar el lenguaje.

¿Qué situación personal estaría pasando “la doctora” en ese momento?, ¿qué experiencias habría tenido con la empresa proveedora de sus pizzas?, ¿cuál será la historia personal y familiar de la señora en temas económicos y laborales para esa desproporcionada actitud?, ¿será consciente de que la motocicleta del maduro domiciliario, a lo mejor apenas la está pagando y cualquier daño le puede costar los ingresos de un mes de labor?, ¿no mediría la consecuencias sociales y de pronto legales sabiéndose grabada? El hombre que la acompañaba, estaba asustado y tímidamente trató de calmarla y de que se retirara…me puse en sus zapatos y hasta yo me hubiera abstenido de calmarla.

En cuanto a la contraparte, el domiciliario quiero decir, me causó admiración. Supo interpretar el momento y sabía que, al rebajarse a combatir con su cliente, él terminaría perdiendo y hoy los titulares todos, estaría llevándolo a la picota pública y ya estaría perdiendo su puesto de trabajo y su empresa estaría disculpándose con “la doctora” y ofreciéndole un acto de desagravio. Ese formatico me lo conozco.

“No te apresures a enojarte, porque la ira reposa en el seno de los necios” se lee en Eclesiástico 7:9, sabio consejo que atendió el domiciliario que callado recogió su elemento de trabajo despidiéndose de “Liliana” …es que, entre otras, no le reconoció el “doctorado” que la señora exigió para ella. Hasta eso le aprendí: ese mundo de gente a la que uno llama doctor, doctora y no pisaron una universidad: ¡cómo se reirán de uno!

Mañana continuaré entregando herramientas a los entrerrieños para la buena comprensión lectora, la escritura y la expresión en público. Eso me gusta.

Norman Mesa Lopera

Comunicador Social de la Católica del Norte Fundación Universitaria. Activista de la cooperación como herramienta de crecimiento social y observador apasionado de la política. Las discusiones las termino con un silencio reflexivo.

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