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Como periodista y analista de cultura digital, pocas cosas resultan tan relevantes como ver cómo ciertos conceptos comienzan a circular, a ser apropiados críticamente y a generar conversación más allá de los espacios académicos. Eso es precisamente lo que ocurre cuando creadoras de contenido con criterio y profundidad deciden incomodar al algoritmo y proponer lecturas más conscientes del ecosistema digital. En ese contexto, resulta significativo que la creadora venezolana Paola Ancidey se sume públicamente a la reflexión sobre la aporofobia digital, concepto que he desarrollado y profundizado en mi libro Aporofobia Digital.
Conoce el video aquí: https://www.instagram.com/reel/DTf9przkZbq/?igsh=MWMweTZwejduc3I2ZQ==
Paola Ancidey, de 31 años, venezolana residente en Estados Unidos, no proviene del circuito del contenido banal ni del entretenimiento vacío. Lectora voraz desde la infancia —impulsada por la influencia de su padre—, cuenta con estudios en filosofía, teatro y alta cocina. Ese recorrido interdisciplinar atraviesa su propuesta digital, donde la creación de contenido no es un fin en sí mismo, sino un medio para aportar pensamiento crítico en un entorno saturado de ruido, odio y superficialidad.
Su decisión de crear contenido estuvo marcada desde el inicio por una postura clara: no replicar dinámicas virales sin sentido, sino ofrecer un aporte educativo, reflexivo y sensible. Desde la literatura, Ancidey propone mirar el mundo con mayor complejidad, utilizando palabras sencillas para explicar temas profundos, sin perder el anclaje con la realidad cotidiana. Su apuesta no es ingenua: busca construir una comunidad, particularmente femenina, de lectoras que encuentren en los libros una herramienta para pensar, cuestionar y habitar el mundo con mayor conciencia, sin excluir a los hombres del diálogo.
En sus contenidos, Paola ha hecho explícito un posicionamiento político: visibilizar autoras mujeres como respuesta a siglos de invisibilización histórica, sin desestimar, por supuesto, la producción masculina. Se trata de equilibrar la balanza, no de imponer silencios. Esa coherencia se refleja también en el cuidado con el que aborda temas sociales complejos, como la aporofobia.
En uno de sus videos recientes, Ancidey interpela directamente al espectador a partir de una escena común en redes sociales: videos de personas cocinando en la calle en contextos de extrema precariedad, particularmente en la India. Contenidos que suelen generar rechazo, asco o burla, pero que rara vez son cuestionados en su trasfondo. Paola nombra lo que muchos sienten pero no saben identificar: ese rechazo no es solo estético, es aporofobia, concepto acuñado por la filósofa Adela Cortina para describir el desprecio y temor hacia las personas pobres o desamparadas.
En su reflexión, Ancidey retoma mi investigación sobre la aporofobia digital, señalando cómo este tipo de contenidos no son neutrales ni inocentes. Se trata, mayoritariamente, de cuerpos pobres, precarizados y no blancos, expuestos al consumo masivo bajo una lógica algorítmica que refuerza estereotipos y normaliza la violencia simbólica. El algoritmo, como he sostenido, no es neutral; amplifica prejuicios existentes y los convierte en entretenimiento, agravando la vulnerabilidad de quienes ya lo están.
Que una creadora de contenido con formación filosófica y sensibilidad social lleve esta discusión a plataformas digitales es una señal clara de que el debate está madurando. No se trata solo de señalar prácticas problemáticas, sino de invitar a la audiencia a cuestionar qué consume, por qué lo consume y qué consecuencias tiene ese consumo en la vida real de otras personas.
La intervención de Paola Ancidey no busca dictar cátedra ni moralizar, sino abrir preguntas incómodas y necesarias: ¿Qué otros ejemplos de aporofobia digital normalizamos a diario?, ¿Cómo participamos, incluso sin darnos cuenta, en dinámicas de exclusión?, ¿Qué responsabilidad tenemos como usuarios frente a lo que el algoritmo nos ofrece?
En tiempos donde la migración, la pobreza y la diferencia suelen ser convertidas en espectáculo, que voces jóvenes, formadas y conscientes se sumen a esta conversación es fundamental. La aporofobia digital no es un fenómeno aislado; es un síntoma de cómo la desigualdad se reconfigura en la era de las pantallas. Que creadoras como Paola Ancidey decidan nombrarla, explicarla y cuestionarla desde el amor por la lectura y la reflexión es, sin duda, un paso necesario para transformar la narrativa.












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