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Resumen Ejecutivo
La economía global entrega al arranque de 2026 una fotografía de contrastes clásicos: inercia de crecimiento en Estados Unidos sostenida por segmentos específicos, avances claros de desinflación en la eurozona, y una China que arrastra todavía el peso muerto de su mayor reordenamiento estructural en décadas.
En Estados Unidos, la economía real cierra 2025 con más fuerza de la que anticipaban muchos (PIB 3T a 4,3% anualizado), pero las encuestas de confianza del consumidor siguen profundizando su deterioro, concentrado en la percepción de la situación presente. El mercado laboral mantiene el patrón de “bajas contrataciones, bajos despidos” (NFP diciembre ~50 mil, tasa de desempleo 4,4%), lo que alimenta la expectativa mayoritaria de pausa de la Fed en su reunión del 28 de enero.
Europa muestra el cuadro más constructivo en el frente de precios en varios meses: inflación general en 2,0% y núcleo en 2,3% en diciembre, con la periferia (especialmente España) sosteniendo el consumo mientras Alemania continúa exhibiendo fragilidad. El BCE es leído cada vez más como institución en zona neutral, con el mercado descontando apenas un recorte adicional de baja probabilidad en el año. Al mismo tiempo, la firma inminente del acuerdo UE-Mercosur (17 de enero) se percibe como movimiento estratégico de diversificación en un entorno global de creciente cierre comercial.
Asia presenta dos realidades muy distintas. China despide 2025 con inflación promedio nula (la más baja desde 2009) y 39 meses consecutivos de deflación en precios de productor, síntoma de la debilidad persistente de la demanda interna y del largo ajuste inmobiliario. Japón, en cambio, combina resiliencia en consumo y confianza con salarios reales aún en terreno negativo y nuevas tensiones en cadenas de suministro críticas (restricciones chinas en tierras raras).
En el frente latinoamericano relevante, México logra cerrar la inflación general en mínimos de cinco años (3,69%), pero la subyacente se resiste (4,33%), manteniendo a Banxico en postura de máxima cautela y abriendo incluso la puerta a una reconsideración alcista de tasas si la desinflación no se consolida. Brasil proyecta una desaceleración más marcada para 2026 (1,6%) en pleno año electoral y con tasa de referencia en 15%. Colombia, por su parte, enfrenta el arranque más exigente de la región: inflación anual 5,10%, aumento salarial del 23% con fuerte capacidad de indexación y riesgo de desanclaje de expectativas, vulnerabilidad fiscal y cambiaria, y señales tempranas de endurecimiento monetario en el horizonte (tasas posiblemente al alza en lugar de seguir bajando).
Los mercados financieros responden con tono constructivo en renta variable (COLCAP +7,0% y nuevo máximo histórico en la semana), fuerte valorización en renta fija local (especialmente UVR y tramo corto-medio de TES en pesos), depreciación del peso colombiano (-1,4%, USD/COP ~3.718) en línea con un dólar global más firme, y repuntes en commodities energéticos y metales preciosos con claros componentes de prima geopolítica y rebalanceo técnico.
Lectura para Colombia El año comienza con una combinación incómoda: inflación que aún no cede lo suficiente, choque salarial de gran magnitud, sensibilidad cambiaria elevada y un componente fiscal/energético que puede amplificar presiones de costos. El mercado ya está incorporando una prima significativa por estos riesgos (tasas TES más altas, curva de inflación implícita recalibrada hacia arriba). Ello abre oportunidades tácticas en instrumentos indexados a inflación y en tasas IBR, pero exige monitoreo muy cercano de las señales de política monetaria y de la ejecución fiscal en los próximos meses.
Estados Unidos
El pulso macroeconómico de Estados Unidos dejó una señal mixta y, en cierto sentido, típica de una economía que aún muestra tracción en la actividad real, mientras las encuestas y algunos adelantados siguen describiendo fatiga cíclica. La lectura central no es contradictoria: el crecimiento puede sostenerse por inercia y por segmentos de demanda todavía firmes, aun cuando la percepción de los hogares y ciertos indicadores de expectativas continúen deprimidos.
En el frente de encuestas, la confianza del consumidor volvió a deteriorarse en diciembre, encadenando varios descensos y acercándose a niveles asociados a episodios de alta incertidumbre. El detalle fue revelador: la caída se concentró en la evaluación de la situación actual, con un componente de “presente” claramente más débil, mientras que las expectativas a seis meses mostraron mayor estabilidad. Inflación persistente, ruido político y la pérdida gradual de dinamismo del empleo siguieron pesando sobre el ánimo de los hogares, reforzando la idea de una desaceleración más visible en la demanda de corto plazo que en el horizonte inmediato.
Sin embargo, la economía real llegó al cierre de año con inercia. El PIB del 3T sorprendió al alza, con un crecimiento anualizado de 4,3%, apoyado principalmente en el consumo privado y en una inversión empresarial que, aunque con matices, mantuvo dinamismo, especialmente en rubros asociados a hardware, centros de datos e I+D vinculados a la expansión de la IA. El sector externo también contribuyó de forma relevante, mientras que inventarios e inversión residencial restaron. En términos interanuales, el avance del PIB se mantuvo en torno a 2,3%, lo que sigue siendo consistente con una economía resiliente, aunque cada vez más dependiente de motores específicos.
La producción industrial mostró un avance moderado. En noviembre, el índice general aumentó 0,2% mensual y la utilización de la capacidad repuntó hasta 76,0%, señales de un sector industrial que no actúa como acelerador del ciclo, pero tampoco como foco de deterioro. Al mismo tiempo, los pedidos de bienes duraderos retrocedieron más de lo previsto, con una caída mensual de 2,2%, aunque la lectura subyacente fue menos negativa: excluyendo transporte hubo avance y los pedidos de bienes de capital básicos mantuvieron un tono positivo. En otras palabras, la volatilidad mensual no parece haber quebrado el impulso de inversión subyacente.
En el mercado laboral persiste el patrón de “bajas contrataciones, bajos despidos”. Las solicitudes iniciales de subsidio por desempleo descendieron a 214.000, confirmando que los despidos se mantienen contenidos, si bien las solicitudes continuas subieron, sugiriendo que el proceso de recolocación puede estar haciéndose más lento. En ese marco, el reporte de empleo señalado para diciembre apunta a una creación de nóminas reducida, con revisiones a la baja en meses previos, y un desempleo en 4,4%. El mensaje es consistente con un mercado laboral que se enfría por el canal de contratación, sin señales, por ahora, de un deterioro abrupto por el lado de los despidos.
Este conjunto de datos alimenta el marco de decisión de la Reserva Federal de cara a su reunión del 28 de enero, en un contexto en el que el mercado contempla una posible pausa tras los recortes previos.
Europa
La eurozona cerró noviembre con una señal clara de consumo resiliente, aunque con una geografía económica cada vez más marcada. El gasto avanzó 0,2% mensual y 2,3% anual, impulsado por España (1,0%) y Francia (0,5%), mientras Alemania (-0,6%) volvió a exhibir fragilidad en el componente doméstico. La divergencia no es menor: el crecimiento europeo sigue descansando en el sur, al tiempo que el núcleo industrial enfrenta un ajuste más lento, condicionado por el frente externo, la energía y la reconfiguración comercial global.
En precios, el panorama es el más constructivo en meses. La inflación armonizada (IPCA) se ubicó en 2,0% interanual en diciembre y la núcleo descendió a 2,3%, dejando el promedio de 2025 en 2,1%. La moderación fue amplia, con una caída especialmente pronunciada en Alemania (2,0%, -0,6 p.p.), y movimientos más graduales en Francia (0,7%, -0,1 p.p.) y España (3,0%, -0,2 p.p.), mientras Italia subió una décima hasta 1,2%. El dato agregado luce alineado con el objetivo, pero el desagregado revela tensiones distintas: una contribución más negativa de energía, una moderación reciente en servicios tras varios meses de repunte, bienes no energéticos en tasas muy contenidas y un capítulo de alimentos que conserva su dualidad, con los no elaborados acelerando y registrando un avance mensual de 0,8%, superior a su patrón histórico.
El comportamiento intermensual también aporta información sobre la dirección del “momentum”. En diciembre, la inflación fue 0,2% m/m en la general y 0,3% m/m en la núcleo (no desestacionalizado), por debajo de los promedios históricos del mes. Las métricas internas que se siguen para medir inercia apuntan a una inflación anualizada baja en la general y a una núcleo que se mantiene más firme, consistente con una desaceleración salarial ya visible, pero aún con servicios como componente a vigilar por su capacidad de transmitir persistencia al resto de la canasta.
En este marco, la postura del BCE gana coherencia: tipos en un nivel que el mercado interpreta como neutral (depo en 2,00%) y una guía operativa explícita de decisiones reunión a reunión, atadas al dato y al balance de riesgos. La reacción de mercado fue claramente dovish: continuidad del descenso en rendimientos soberanos, más marcado en tramos largos, primas de riesgo estables, el euro oscilando cerca de 1,17, y una recuperación del sesgo bajista en expectativas implícitas, con una probabilidad alrededor de 20% de un recorte adicional en 2026.
En actividad, Alemania entregó una mezcla incómoda para la lectura de corto plazo. La balanza comercial se estrechó con fuerza: exportaciones -2,5% m/m (por debajo de lo esperado) e importaciones +0,8% m/m, reduciendo el superávit a 13.100 millones de euros desde 17.200 millones. La contracara fue una producción industrial que creció 0,8% m/m, apoyada por el salto de la industria automotriz (7,8%) y avances en ingeniería mecánica (3,2%) y mantenimiento/ensamblaje de maquinaria (10,5%), con un crecimiento interanual de 0,8%. El contraste refuerza una idea recurrente: Alemania puede mostrar repuntes de oferta, pero el motor externo sigue expuesto, y la transición estructural —energía, cadenas de suministro, aranceles, competencia industrial— continúa siendo el telón de fondo del ciclo.
En Francia, la producción industrial cayó 0,1% m/m, explicada por la contracción en minería/energía/agua-residuos (-1,9%) y retrocesos en coque y derivados del petróleo (-0,8%) y alimentos (-0,5%), aunque la manufactura repuntó 0,3% m/m. En España, el cuadro fue más expansivo: producción industrial +1,0% m/m y +4,5% interanual, con energía acelerando 7,2%, y avances también en bienes de consumo no duradero (4,0%) y bienes intermedios (3,2%). Esa disparidad sectorial y regional es clave para entender por qué, aun con una inflación ya “en objetivo”, la eurozona no transmite un ciclo homogéneo.
El consumo, por su parte, sostuvo el pulso. Las ventas minoristas en la eurozona crecieron 0,2% m/m en noviembre y aceleraron a 2,3% interanual, superando lo esperado. En términos de lectura macro, el dato confirma que la demanda interna no está colapsando y que, con la inflación convergiendo, el ingreso real deja de ser un viento en contra tan fuerte como en los trimestres previos.
En el Reino Unido, la inflación se ubicó en 3,2% en noviembre de 2025, por debajo del 3,4% proyectado por el BoE. Ese menor desvío inflacionario, junto con planes fiscales para contener el déficit y una reducción de la emisión de deuda, fortalece el escenario de un recorte de 25 pbs en abril, en un entorno donde la política monetaria busca reequilibrar sin reabrir la dinámica de precios.
En el plano comercial y geopolítico, el avance del acuerdo UE–Mercosur aparece como una jugada de diversificación en un mundo que se está cerrando. La firma está prevista para el 17 de enero y se enmarca en la búsqueda europea de mercados alternativos ante el proteccionismo estadounidense y la creciente influencia china. El acuerdo integraría cerca de 800 millones de consumidores y un PIB conjunto estimado de US$22 billones, con eliminación de aranceles para 91%de exportaciones de la UE hacia Mercosur y 92% en la dirección inversa, y un ahorro anual estimado de €4.000 millones para empresas europeas. El capítulo sensible seguirá siendo político: salvaguardas agrícolas, resistencias internas y una ratificación en 2026 que se anticipa compleja por la división en la Eurocámara y en varios parlamentos nacionales.
Más allá del diagnóstico macro, la semana dejó una señal relevante desde el frente estratégico. En declaraciones recientes, Jamie Dimon, CEO de JPMorgan, advirtió que “Europa tiene un verdadero problema”, no por falta de recursos, sino por burocracia, fragmentación del mercado interno y pérdida de dinamismo innovador, en un contexto en el que Estados Unidos ha acelerado de forma agresiva la inversión en defensa, tecnología y resiliencia industrial. Dimon subrayó que una Europa débil no solo es un riesgo para la propia región, sino también para Estados Unidos y el bloque occidental, al erosionar capacidades productivas, cadenas de suministro y disuasión estratégica en un mundo crecientemente confrontacional. El mensaje se alinea con el debate interno europeo sobre la necesidad de traducir el giro fiscal —defensa e infraestructura— en capacidad efectiva, evitando que el impulso se diluya en rigideces regulatorias o gasto corriente.
Asia
China cerró 2025 con una inflación promedio nula, el registro más bajo desde 2009, reflejando la persistente debilidad de la demanda interna pese al leve repunte del IPC en diciembre. La inflación general se ubicó en 0,8% interanual, impulsada casi exclusivamente por factores estacionales en alimentos, mientras que la inflación subyacente se mantuvo contenida en 1,2%, confirmando la ausencia de presiones de fondo. En el conjunto del año, la inflación cerró en 0,0%, en un entorno marcado por la moderación del consumo y la cautela de los hogares.
Por el lado de los precios de producción, la economía china acumuló 39 meses consecutivos de deflación industrial. El IPP cayó 1,9% interanual en diciembre, promediando –2,6% en 2025, una señal clara de sobrecapacidad productiva, competencia vía precios y del arrastre persistente de la crisis inmobiliaria. Aunque la caída del IPP se moderó marginalmente frente a noviembre, las presiones deflacionistas siguen siendo transversales, especialmente en bienes duraderos y manufacturas intensivas en capital.
El ajuste del sector inmobiliario continúa siendo uno de los principales frenos estructurales. Las ventas de vivienda nueva se sitúan en niveles previos a 2010 y aproximadamente a la mitad del pico alcanzado en 2021, mientras que la inversión inmobiliaria acumula un desplome cercano al 39% frente a ese máximo, regresando a cotas de 2013. La contracción del área iniciada y la menor actividad de los promotores han reducido el efecto multiplicador del sector sobre la industria, el empleo y la confianza. El dinamismo se ha desplazado hacia la vivienda usada, con mayor volumen de transacciones pero a costa de fuertes ajustes de precios, reflejando un mercado que busca estabilizarse más por cantidad que por valor.
En este contexto, el debate en China ya no gira en torno al momento de la recuperación cíclica, sino al reordenamiento de un modelo de crecimiento que durante dos décadas tuvo al sector inmobiliario como columna vertebral. Las autoridades reconocen que la absorción de inventarios y la reconstrucción de expectativas tomarán tiempo, y que evitar una nueva burbuja será tan importante como estabilizar la actividad.
Japón, por su parte, muestra una combinación compleja de señales cíclicas y estructurales. Los indicadores adelantados alcanzaron máximos de 2024, apoyados en una confianza del consumidor elevada durante gran parte del año, y el consumo doméstico creció 2,9% interanual en noviembre. Sin embargo, esta fortaleza convive con una marcada dualidad en el mercado laboral: la tasa de desempleo se mantiene en mínimos (2,6%), pero los salarios reales continúan cayendo (–2,8%) debido a que la inflación sigue superando los incrementos nominales.
La inflación en Tokio se moderó con mayor intensidad de lo previsto en diciembre, con el IPC subyacente excluyendo alimentos frescos descendiendo a 2,3% interanual. Esta lectura reforzó la percepción de que el Banco de Japón adoptará un enfoque más prudente en su proceso de normalización monetaria, retrasando el calendario de futuras subidas de tipos. Al mismo tiempo, la actividad industrial mostró debilidad, con una caída de la producción del 2,6% mensual en noviembre, lastrada por maquinaria electrónica y automoción, mientras que las ventas minoristas avanzaron de forma moderada, apoyadas en servicios y turismo.
A estos desafíos internos se suma un frente geopolítico relevante. China anunció restricciones a la exportación de materiales de doble uso hacia Japón, centradas en tierras raras, un recurso crítico para la industria tecnológica, la automoción eléctrica y los semiconductores. Aunque Japón ha reducido su dependencia de estos materiales en la última década, algunos componentes clave siguen dependiendo casi en su totalidad del suministro chino, exponiendo la vulnerabilidad de sus cadenas productivas. El episodio reaviva tensiones latentes entre Tokio y Pekín y añade una capa adicional de incertidumbre a un entorno ya presionado por la desaceleración industrial.
Si miramos el tejido empresarial japonés, enfrenta un desafío estructural creciente. Las quiebras por falta de mano de obra superaron las 400 incidencias anuales en 2025, con especial impacto en la construcción, la logística y los servicios intensivos en trabajo. El problema afecta de forma desproporcionada a las microempresas y refleja los límites del modelo laboral en un país con envejecimiento acelerado. Las medidas fiscales orientadas a incentivar mayor participación laboral podrían aliviar parcialmente la escasez, pero el aumento sostenido de los salarios pactados por las grandes empresas amplía la brecha con los pequeños negocios.
La confianza del consumidor mostró su primera corrección en cinco meses hacia el cierre del año, con descensos en casi todos sus componentes, especialmente en la disposición a realizar compras de bienes duraderos. Las expectativas inflacionarias siguen siendo elevadas, lo que mantiene una actitud defensiva en los hogares y obliga a vigilar de cerca la evolución del consumo al inicio de 2026.
México y Brasil
México cerró 2025 con una inflación general de 3,69%, su nivel más bajo desde 2020, favorecida por una corrección marcada en el componente no subyacente, especialmente en productos agropecuarios, que cayeron –5,62%. Sin embargo, el mensaje de fondo para Banxico sigue estando dominado por la resistencia de la inflación subyacente, que se mantiene elevada en 4,33%, con presiones persistentes en alimentos procesados y servicios, un patrón que típicamente refleja inercia y rigidez en la formación de precios. En ese contexto, la convergencia hacia la meta de 3% ± 1 pp se vuelve más frágil de lo que sugiere la cifra general.
Las minutas recientes refuerzan esa lectura: Jonathan Heath plantea explícitamente que, si la trayectoria de convergencia se complica, el banco central podría incluso reconsiderar el sesgo y volver a subir la tasa, como señal preventiva de compromiso con el mandato de estabilidad de precios. El punto relevante no es el titular, sino la implicación: el ciclo de recortes deja de ser una narrativa dominante y se convierte en una opción condicionada a una recalibración de pronósticos “creíble” y a evidencia sostenida de desinflación subyacente. Con esto, el escenario base para 2026 tiende a ser de cautela, con recortes moderados y no lineales, en un entorno expuesto a shocks de costos laborales, presiones asociadas a aranceles y potenciales ajustes fiscales.
A ese marco macro se suma un factor estructural de incertidumbre: la revisión del T-MEC. El riesgo central no es su terminación formal, sino un acuerdo operando en modo “técnicamente vigente” pero políticamente funcional para Washington como palanca de presión bilateral. Un T-MEC “pasmado” amplifica la volatilidad regulatoria y eleva el costo de planear inversión y relocalización industrial, especialmente en sectores sensibles como automotriz, acero y aluminio, donde la amenaza de instrumentos tipo Sección 232 reintroduce ruido sobre el comercio efectivo incluso si las reglas de origen se mantienen. Al mismo tiempo, la retórica más dura de Estados Unidos en temas de seguridad frente a los cárteles abre un nuevo frente de riesgo. No se trata de una amenaza inmediata, pero sí de un factor que enturbia las expectativas y el clima de negocios justo cuando México busca mantener la cooperación sin entregar soberanía, no tanto por su probabilidad inmediata de materialización, sino por su capacidad de afectar expectativas, flujos y clima de negocios en el margen, justo cuando México intenta sostener cooperación sin ceder soberanía.
Brasil entra a 2026 con una desaceleración más marcada: el Banco Central proyecta crecimiento de 1,6%, después de 2,3% estimado para 2025 y del 3,4% de 2024, en un entorno donde la tasa de interés se mantiene en 15%, el nivel más alto desde 2006, con el objetivo de contener una inflación que se ubica alrededor de 4,46% interanual, muy cerca del techo de la meta. La combinación de política monetaria restrictiva, pérdida del impulso agropecuario observado en 2025 y señales menos favorables en industria extractiva configura un cuadro de actividad más lenta justo en un año electoral, lo cual tiende a aumentar la sensibilidad del mercado a cualquier desviación fiscal o intento de estímulo que choque con la credibilidad antiinflacionaria.
En el plano regional, dos vectores de comercio y geopolítica económica ganan relevancia. Primero, el acuerdo Unión Europea–Mercosur consolida un bloque ampliado de consumidores y profundiza la integración comercial con eliminación de aranceles para una proporción mayoritaria del intercambio, reordenando incentivos de inversión, cadenas de suministro y estrategia exportadora de la región. Segundo, se abre una ventana para que Brasil intente capitalizar un cambio político en Venezuela con la mira puesta en recomponer un intercambio comercial que hoy equivale a aproximadamente 23% de su máximo histórico de USD 5.130 millones, un movimiento que, de materializarse, tendría implicaciones sectoriales y logísticas más que un impacto macro inmediato, pero que puede ser relevante como señal de reacomodo regional en 2026.
Colombia
El cierre de 2025 dejó dos señales que, combinadas, reordenan el mapa macroeconómico de 2026: por un lado, el incremento del salario mínimo del 23%, que con el auxilio de transporte lo lleva a la órbita de $2 millones; por otro, un cierre de inflación que, aun mejor en diciembre de lo que sugería el consenso, no terminó de consolidar una desinflación consistente. El IPC de diciembre fue 0,27% mensual y la inflación anual cerró en 5,10%, apenas por debajo del 5,20% de 2024. El dato mensual fue favorable, pero el balance anual sigue dejando una señal incómoda: con una tasa de política que se mantuvo prácticamente estable durante el año (salvo un recorte en abril), el país encadenó un nuevo periodo sin converger a la meta y entra a 2026 con una referencia de precios que no cede lo suficiente como para absorber un choque de costos y expectativas como el del mínimo.
La composición del IPC confirma dónde se está incubando la inercia: restaurantes y hoteles (7,91%), educación (7,36%), salud (7,20%), bebidas alcohólicas y tabaco (6,37%) y transporte (5,35%) lideran el tramo alto; rubros donde pesan salarios, servicios y mecanismos de indexación. Por otro lado, el cierre anual fija un ancla operativa para múltiples precios regulados y contratos que ajustan con inflación: ese 5,10% se convierte en el listón de partida para varios incrementos en 2026, con efectos directos sobre costo de vida y efectos indirectos sobre expectativas. A esto se suma un hecho clave: en 2024 el aumento del mínimo ya había quedado por encima del ajuste “teórico”, y su transmisión vía indexación frenó la caída de la inflación. Para 2026, con un salto de 23%, el riesgo de persistencia inflacionaria es mayor.
En política monetaria, el debate deja de ser si habrá espacio para recortes rápidos y pasa a ser la magnitud del ajuste que podría requerirse para evitar un desanclaje más profundo. La discusión dentro del Banco se ha movido en esa dirección: Mauricio Villamizar ha reconocido que, si antes se proyectaba una inflación hacia finales de 2026 cerca de 4%, ahora podrían anticiparse cifras más cercanas a 6%, e incluso se ha planteado la posibilidad de un aumento de tasas que refleje un endurecimiento claro y no un movimiento meramente simbólico. En los mercados, la señal fue inmediata: el cierre de 2025 y el arranque de 2026 trajeron una desvalorización relevante de la deuda pública, con referencias de la parte corta superando el 11%, reflejando una nueva prima por inflación y por trayectoria de política monetaria. Ese canal no termina en TES: un ajuste de tasas (o incluso su expectativa) eleva costos de fondeo y puede trasladarse a captación y deuda privada, endureciendo condiciones financieras.
En el frente cambiario, la revaluación de 2025 ayudó a contener presiones inflacionarias, pero ese movimiento podría revertirse en 2026 si la tasa de cambio vuelve a alinearse con fundamentos en un entorno de incertidumbre electoral, mayor prima de riesgo y menor margen del gobierno para repetir operaciones extraordinarias de manejo de caja como las observadas en la segunda mitad de 2025. En un escenario de depreciación, se reabre el canal alcista vía bienes importados. Además, la ampliación del déficit comercial y del déficit de cuenta corriente añade presión estructural sobre la tasa de cambio, elevando la sensibilidad ante choques externos.
En lo fiscal, una política expansiva ha respaldado el crecimiento, pero también puede convertirse en presión adicional sobre precios cuando el consumo crece por encima del crecimiento agregado y las cuentas públicas no cierran con holgura. En ese marco, el arranque del plan de financiamiento del Presupuesto 2026 con tasas elevadas confirma que el costo de la deuda ya es una variable que condiciona decisiones y no solo un resultado de mercado.
El frente energético agrega un componente con alta capacidad de contagio inflacionario. La creciente necesidad de importación de gas natural mantiene el tema tarifario en el centro de la discusión. Adicionalmente, el anuncio de un recargo temporal de $8 por kilovatio-hora para cubrir obligaciones pendientes de Air-e presiona la tarifa de energía, con impacto especialmente sensible en la región Caribe. En la práctica, los ajustes en servicios públicos tienden a filtrarse tanto al IPC como a expectativas, amplificando la persistencia inflacionaria.
Los precios al productor introducen un matiz relevante: el IPP cerró con variación anual negativa (–2,63%), con caídas fuertes en minería y exportables. Esto sugiere que parte del choque no viene tanto de bienes transables, sino del universo de servicios, salarios e indexación. Esa divergencia (IPP débil, IPC persistente en servicios) indica que la corrección por el lado productivo no garantiza una convergencia rápida de la inflación.
En este contexto, las advertencias de Fitch sobre el aumento del salario mínimo son consistentes con la lectura de mercado: mayores presiones sobre inflación y tasas, riesgos para empleo formal y un balance fiscal más exigente. Esa percepción coincide con el repunte del clima de incertidumbre: el IPEC de Fedesarrollo cerró diciembre en 299 puntos, reflejando el peso del ruido fiscal y político de cara al ciclo electoral.
En el sector externo, las exportaciones muestran un comportamiento mixto: retroceso por la caída en combustibles y extractivas, con un desempeño fuerte en el bloque agro y manufacturas. En café, la producción de 2025 cayó, afectada por el clima, mientras las exportaciones anuales crecieron, una combinación que sugiere demanda externa firme pero restricciones por disponibilidad física en algunos periodos.
Finalmente, el frente financiero-regulatorio debe monitorearse por su potencial de mover precios: las discusiones sobre eventuales cambios en límites de inversión y repatriación acelerada de portafolios de AFP. En un mercado con profundidad limitada y alta exposición a deuda pública, forzar flujos grandes en plazos cortos puede amplificar volatilidad en tasas y en la formación de precios de activos locales.
Colombia entra así a 2026 con una combinación exigente: inflación que no termina de ceder, choque salarial con capacidad de desanclar expectativas, vulnerabilidad fiscal y sensibilidad cambiaria, más un componente energético que puede reactivar presiones de costos. Al mismo tiempo, el ajuste en la curva de TES abre una dimensión táctica: mayores tasas y mayor inflación implícita crean oportunidades en instrumentos indexados a inflación e IBR, en la medida en que el mercado ya empezó a pagar por esos riesgos.
RENTA VARIABLE
Los mercados accionarios arrancaron 2026 con avances generalizados, en un contexto marcado por ajustes en las expectativas de tasas de interés, rotación sectorial y una lectura más equilibrada del ciclo económico. En Estados Unidos, los principales índices cerraron la semana en máximos: el S&P 500 subió 1,7%, hasta 6.973,78 puntos; el Dow Jones Industrial Average avanzó 2,3%, cerrando en 49.506,58 puntos; y el Nasdaq Composite ganó 1,9%, para ubicarse en 23.674,79 puntos.
El movimiento coincidió con una moderación en las señales del mercado laboral. En diciembre, la creación de empleo fue de 50.000 plazas, mientras que la tasa de desempleo descendió a 4,4%, combinación que redujo la presión inmediata sobre la política monetaria y favoreció un ajuste en la curva de expectativas de tasas. Este entorno impulsó los sectores con mayor sensibilidad al financiamiento, particularmente el inmobiliario, tras el anuncio de un programa para que las agencias hipotecarias adquieran hasta USD 200.000 millones en títulos respaldados por hipotecas (MBS), lo que se reflejó en avances en constructoras, entidades financieras especializadas y compañías vinculadas a real estate.
A nivel sectorial, tecnología y semiconductores lideraron las ganancias. Broadcom avanzó 3,8%, Alphabet subió 1,0% y Tesla ganó 2,1%. En utilities y energía, Vistra registró un alza de 10,5% tras anunciar un acuerdo de suministro energético con Meta Platforms. En términos de valoración, el S&P 500 se negocia cerca de 22 veces utilidades esperadas, por debajo de las 23 veces observadas en noviembre, aunque aún por encima del promedio de cinco años cercano a 19 veces, elevando la sensibilidad del mercado al inicio de la temporada de resultados.
En Europa, las bolsas acompañaron el tono positivo. El Stoxx 600, el CAC 40 y el FTSE 100 cerraron con avances, con un protagonismo claro del sector defensa. Rheinmetall acumuló una subida semanal de 16%, Leonardo avanzó 15% y Thales ganó 13%, en un entorno de mayor gasto militar y tensiones geopolíticas persistentes. Rolls-Royce alcanzó un nuevo máximo histórico tras subir 1,7%. En contraste, Renault retrocedió 7,0%, afectada por revisiones a la baja en recomendaciones y precios objetivo, en un contexto de mayor cautela sobre márgenes del sector automotor europeo.
En Asia, el desempeño fue mixto. El Nikkei 225 y el Hang Seng cerraron al alza, mientras que el Nifty 50 registró correcciones, reflejando diferencias regionales en expectativas de crecimiento, política monetaria y dinámica del consumo.
En Colombia, el mercado accionario mostró un desempeño destacado. El MSCI COLCAP cerró la semana en 2.213,35 puntos, con una ganancia acumulada de 7,0%, tras registrar nuevos máximos históricos durante la semana. El monto negociado se concentró en los títulos de mayor ponderación: Preferencial Cibest movió COP 37.647 millones, Ecopetrol COP 28.195 millones y Cibest COP 24.768 millones. Por desempeño, ISA lideró las alzas con +5,43%, seguida por Grupo Argos (+3,47%) y Mineros (+3,41%). Las caídas más relevantes correspondieron a PF Grupo Sura(-1,29%), PF Grupo Aval (-0,90%) y Banco de Bogotá (-0,76%). En el frente regulatorio, el anuncio de un recargo transitorio de COP 8 por kilovatio-hora sobre la demanda eléctrica introdujo un factor adicional de atención sobre el sector energético.
RENTA FIJA
El mercado de renta fija local inició el año con una valorización generalizada, reflejada en descensos relevantes de los rendimientos a lo largo de la curva, aunque con comportamientos diferenciados en algunos nodos específicos. En los TES Tasa Fija, el movimiento dominante fue a la baja, con caídas significativas en referencias cortas y medias: agosto 2026 registró un descenso de 40 pbs, agosto 2029 de 32 pbs y septiembre 2036 de 36 pbs. Este ajuste estuvo alineado con la publicación del IPC de cierre de 2025 (5,10% anual), que contribuyó a moderar las expectativas inflacionarias implícitas y a mejorar la lectura inicial sobre la trayectoria de política monetaria al comienzo de 2026.
No obstante, el comportamiento no fue homogéneo en toda la curva. El nodo de junio 2032 mostró un leve aumento de 2 pbs, asociado a factores de oferta tras la divulgación del marco de endeudamiento para 2026, que contempla emisiones de TES Clase B para financiar tanto el Presupuesto General de la Nación como necesidades de caja. Esta referencia temprana sobre el volumen potencial de colocaciones introdujo una prima puntual en ese tramo, sin alterar de forma estructural la pendiente de la curva.
En los TES indexados a inflación (UVR), la valorización fue más marcada. Las mayores caídas se observaron en UVR marzo 2027 (-101,5 pbs) y UVR abril 2029 (-75,8 pbs), seguidas por UVR enero 2031 (-38,5 pbs) y UVR febrero 2037 (-37,0 pbs). Este comportamiento respondió a una recomposición de expectativas inflacionarias tras el dato del DANE y a una mayor demanda por cobertura real en un entorno donde el ajuste del salario mínimo y la indexación siguen presentes en el radar. Las referencias UVR julio 2025 y UVR abril 2035 permanecieron estables.
A nivel internacional, la curva de Treasuries mostró movimientos diferenciados por tramo. El rendimiento del bono a 2 años subió 5,5 pbs, mientras que el 10 años cayó 2,7 pbs y el 30 años retrocedió 5,6 pbs. La dinámica respondió a señales macro mixtas: por un lado, un ISM de servicios en 54,4 sostuvo la parte corta de la curva al reducir la probabilidad de recortes inmediatos; por otro, los datos del mercado laboral —ADP +41.000, Nonfarm Payrolls +50.000y una tasa de desempleo de 4,4%— favorecieron los tramos largos al reforzar el escenario de desaceleración gradual y menor presión inflacionaria de mediano plazo.
En términos técnicos, el mercado estadounidense operó con volúmenes elevados en futuros, particularmente en el tramo a 2 años, así como con mayor actividad en opciones sobre bonos del Tesoro y contratos SOFR, en un contexto donde el mercado de swaps prácticamente eliminó la probabilidad de un recorte de tasas en enero y acotó las expectativas para el primer trimestre. Esto se reflejó en una compresión cercana a 5 pbs en los spreads 2s10s y 5s30s, con el rendimiento del Treasury a 10 años estabilizándose alrededor de 4,17%.
En el Reino Unido, los gilts extendieron su rally por quinta sesión consecutiva. El rendimiento del bono a 10 años cayó 2 pbs, hasta 4,38%, impulsado por una compresión de la prima por plazo y una mayor demanda en el tramo medio-largo. Los swaps incorporaron recortes acumulados cercanos a 45 pbs hacia el cierre del año, en un movimiento que se dio de manera relativamente idiosincrática frente a los Bunds y otros soberanos de la eurozona, que operaron con variaciones acotadas.
En la zona euro, las primas de riesgo periféricas continuaron estrechándose y alcanzaron niveles no observados desde 2008. La prima de España se ubicó en 37 pbs, la de Portugal en 23 pbs y la de Grecia en 45 pbs, mientras que el rendimiento del Bund alemán a 10 años cerró estable en 2,86%.
De vuelta al mercado local, la curva de TES en pesos registró descensos en rendimientos de entre 0,8 y 30,7 pbs a lo largo de la curva. La referencia 2026 lideró las valorizaciones, mientras que el TES 2032 presentó los ajustes más moderados. De forma puntual, el TES 2028 se desmarcó con un leve aumento de 0,1 pbs. En términos de pendiente, el spread 2s10s se amplió marginalmente en 0,8 pbs, mientras que el 5s30s se comprimió en 2,2 pbs.
En cuanto al saldo, al 7 de enero el stock total de TES se ubicó en COP 723,5 billones, lo que representa un incremento de 0,12% frente al cierre de 2025. Este aumento estuvo explicado principalmente por la entrega de TCOs por COP 21,6 billones como colateral en operaciones TRS, junto con nuevas colocaciones en instrumentos UVR y bonos de corto plazo. El crecimiento del saldo se concentró en referencias de corta duración e indexadas a inflación, mientras que el stock de TES en pesos de largo plazo permaneció prácticamente estable, limitando el impacto de la oferta neta sobre la dinámica de la curva en el arranque del año.
DIVISAS
El dólar estadounidense cerró la semana con una apreciación generalizada. El DXY avanzó 0,7%, extendiendo su movimiento hacia la zona de 99,2 puntos, en un contexto dominado por flujos defensivos y por la sensibilidad del mercado a la agenda de política comercial. Si bien el reporte laboral de diciembre mostró una creación de empleo inferior a lo esperado (+50.000 nóminas) y una tasa de desempleo en 4,4%, el mercado mantuvo la lectura de una Reserva Federal en pausa en el corto plazo, lo que ancló las expectativas de tasas para la reunión de enero y sostuvo al dólar frente a sus principales pares. A ello se sumó el ruido asociado a la postergación de definiciones legales sobre aranceles, que incrementó la demanda por activos considerados refugio.
Entre las monedas desarrolladas, el euro se depreció 0,7%, a pesar de que la inflación de la zona euro se desaceleró hasta 2,0%, en línea con el objetivo del BCE. El dato reforzó la percepción de desinflación y mantuvo el foco en el mensaje prospectivo del banco central, ampliando el diferencial de expectativas frente a Estados Unidos. El EUR/USD continuó corrigiendo desde los máximos de diciembre y cerró alrededor de 1,1630, con una caída diaria cercana a 0,2%.
La libra esterlina retrocedió 0,4%, afectada por ajustes de posicionamiento antes de datos clave del Reino Unido y por la reevaluación del balance de riesgos del Banco de Inglaterra entre pausas prolongadas y eventuales recortes.
El franco suizo lideró las ganancias del bloque, con un avance de 1,1%, respaldado por su rol defensivo y por el impacto positivo del oro en los resultados del banco central suizo.
El yen japonés se apreció 0,7%, tras cifras de gasto de los hogares superiores a lo previsto, que reforzaron la atención sobre los fundamentos domésticos y la función de reacción del Banco de Japón.
El yuan chino mostró una variación marginal positiva de 0,1%, en un entorno donde el repunte del IPC —en niveles máximos de casi tres años— contrastó con un PPI aún negativo, manteniendo abiertas las expectativas de estímulo adicional.
En el universo de mercados emergentes, el comportamiento fue heterogéneo. El real brasileño se debilitó 1,1%, pese a que la inflación de 2025 cerró dentro del rango objetivo, en la medida en que el mercado intensificó el ajuste de expectativas de recortes de tasas, reduciendo el atractivo del carry en un contexto de dólar más firme. El peso mexicano avanzó 0,4%, apoyado en su diferencial de tasas y en el tono prudente de las minutas de Banxico, que reforzaron un enfoque de cautela ante riesgos inflacionarios y comerciales, limitando apuestas por recortes agresivos. El peso chileno cayó 1,4%, aun con el cobre en niveles elevados, con la fortaleza global del dólar y el componente de riesgo externo predominando sobre el impulso de los términos de intercambio.
El peso colombiano retrocedió 1,4% en la semana, en un entorno de dólar fortalecido y tras la publicación del IPC de diciembre (5,10% anual), que reordenó las expectativas sobre el proceso de desinflación y la velocidad del ajuste monetario. La moneda local mostró alta volatilidad intradiaria y un desempeño rezagado frente a varios pares regionales, influida por factores idiosincráticos, entre ellos el aumento del salario mínimo y su impacto potencial sobre inflación y tasas. En este contexto, el USD/COP cerró la semana en 3.718,40, reflejando la sensibilidad del mercado cambiario local a la recalibración de expectativas internas y a la fortaleza global del dólar.
COMMODITIES
Los precios del petróleo cerraron la semana con avances, impulsados por un repunte de la prima geopolítica. El WTI subió 2,5% y finalizó alrededor de USD 58,78 por barril, mientras que el Brent avanzó 3,7%, cerrando cerca de USD 63,00 por barril. El movimiento estuvo asociado a la persistente incertidumbre sobre la oferta, con foco en Venezuela e Irán. En el primer caso, el mercado reaccionó a la mayor participación de Washington en la comercialización de crudo venezolano y a las negociaciones con grandes traders internacionales para colocar hasta 50 millones de barriles almacenados por PDVSA, un proceso que mantiene dudas sobre la estabilidad y la gobernanza futura del sector. En Irán, las protestas internas y las tensiones sociales elevaron el riesgo percibido de disrupciones operativas en uno de los principales productores de la OPEP. Estos factores compensaron, al menos parcialmente, un contexto de exceso de oferta global, que sigue limitando un repunte más sostenido de los precios.
En metales preciosos, el comportamiento fue particularmente volátil. El oro registró una ganancia semanal de 4,1%, alcanzando niveles cercanos a USD 4.508 por onza, mientras que la plata se destacó con un avance de 9,6%, hasta aproximadamente USD 79,8 por onza. Hacia el cierre de la semana, ambos metales estuvieron influidos por el rebalanceo anual de índices de commodities, en especial el Bloomberg Commodity Index (BCOM), lo que detonó ventas técnicas por parte de fondos pasivos. Este efecto fue más intenso en la plata, dada su mayor ponderación relativa y sensibilidad a flujos, y se dio en un entorno de dólar fortalecido, elevando la volatilidad tras el rally previo. Más allá de estos ajustes técnicos, la demanda de refugio y las compras de bancos centrales continuaron actuando como soporte estructural para el oro.
El cobre mantuvo un desempeño sólido y ganó 3,5%, cerrando en torno a USD 588,9 por libra, en un contexto marcado por tensiones de oferta y una narrativa de escasez estructural. Durante la semana, el metal llegó a marcar máximos históricos, superando los USD 13.000 por tonelada en la Bolsa de Metales de Londres, impulsado por riesgos en la producción minera, distorsiones de flujos asociadas al frente comercial y arbitrajes ante la amenaza de aranceles en Estados Unidos. A ello se sumó la demanda estructural vinculada a la electrificación, la transición energética y el crecimiento de aplicaciones tecnológicas intensivas en cobre. Este entorno también reavivó especulaciones corporativas en el sector minero, en medio de versiones sobre eventuales movimientos de consolidación entre grandes productores.
En commodities agrícolas, el precio externo del café cerró la semana con el contrato C de Nueva York en 357,65 centavos de dólar por libra. En el mercado interno colombiano, el precio total de referencia por carga de 125 kg de pergamino seco (FR 94) se ubicó en COP 2.677.000, con un valor de la pasilla cercano a COP 10.000 por kilogramo.
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