Los desiertos del año nuevo

Llegó el 2023, y se evaporó; llegó el 2024, y se evaporó; llegó el 2025, y se evaporó. Ah ¿Y adivinen mis inquietos adivinadores? Llegó el 2026, y se evaporará como cualquier charco  perdido entre los limbos de nuestra inmensa geografía. Al fin y al cabo, todo tiene que irse, y en lenguaje filosófico- post-navideño, ¡Todos somos muñecos de años pasados arañados por la vida! ¡Quejumbrosas motitas de polvo engullidas por las encías de la nada! ¡Destartaladas ilusiones crucificadas por la nulidad! ¡Polvo de sangre y llanto rumiados por el olvido!

Por los pueblos, ciudades y rastrojos de este país-funeraria, le dijeron adiós a otro año de poca monta: los comerciantes piensan en sus vitrinas, los políticos en sus votos, las Magdalenitas ardientes en sus clientes, los gamines como yo en su traguito de ron y… y bueno, así todos piensan misioneras distracciones mientras la niña blanca les jala las pezuñas hacia el pozo de los infiernos.

¡Pum! ¡Pum! Retumban las calles (aunque uno aquí ya no sabe si eso es bala, pólvora, una invasión gringa o una pipeta voladora). Aquí conservaremos hasta el fin de  los tiempos el arte milenario de la zozobra, y de la corrupción, y del arribismo,  y de la majadería ¡Y de la villanía predinosaurica que arrastramos desde que éramos medio arañas unicelulares aterradas por el viento!

¿Cómo fue el primero de enero del colombianito promedio en el 2026, que ya  por cierto nos  acarició las patas? ¿Quieren que les cuente? Pues no les voy a decir nada: acuérdense que la curiosidad mató al gato, al ratón, y por supuesto a alguna señora fisgona con nombre provinciano.

Mejor les voy a contar la linda, medio fascinante  y posible crónica en segunda persona de un atarván sin alharacas. No se alarmen, será divertida. De verdad. Eso habrán caídas, tragos de tapetusa, entrepiernadas improvisadas y palabrotas de golfo intergaláctico en cada hora, en cada minuto, en cada segundo, en cada suspensión atemporal.

Ahí va pues, con titulito pachanguero y toda la vaina.

Crónica ‘imaginaria’ de un hombre que nunca fue.

01 de enero de 2026

6:53 Am. Abres los ojos ahí como puedes, miras un techo (que no es tu techo); una ventana (que no es tu ventana); y escuchas, escuchas a lo lejos, un susurro de sermones de curas atrofiados en un radio (que tampoco es el tuyo):  ‘‘Hermanos, este año os debéis redimir, volver al rebaño del señor’’. Te  tapas los oídos con la almohada (de quien sabe quién) mientras piensas: ‘‘Rebaño, y ¿Para qué sirve pertenecer a un rebaño de algún dios, pastor o demonio? Nacimos solos, moriremos solos. La muerte nos escupirá un día a la cara en la hondura  más onda de nuestra pobre mismidad’’. Dejas de pensar y te duermes en esa cama (o intento de cama). Más tarde, mucho más tarde quizá, hasta te levantes, hasta te vistas de dignidad elevando la voz afinadamente para gritar con perorata de beata romana ‘‘Ay, qué vergüenza, dormí en casa ajena’’. Algo que harás  por diversión, por dramaturgia: pues sabes que los burdeles, las cantinas y los extramuros venales se llevaron al averno la vergüenza infundada.

12:22 pm. -Ey viejo Pucho levántate guevón que la negra hizo mero caldo con lo que le dieron por ahí en los restaurantes del centro.

Entonces te levantas, te limpias los ojos con los nudillos, escupes al piso, frunces el ceño, reniegas de la pinche vida y vas al patio de la casa de la negra. Piensas que esto ya no es lejano. Piensas que estás en tu salsa, con tus compas, con tu gallada de despeluque navideño. Ya no sientes ajenas las paredes, ya no sientes ajenas las baldosas despedazadas que gruñen al tiempo; y ya no sientes, es muy claro, el vapor de la ajenidad de hace unas horas. La negra te sirve un plato grande con un pedazo de carne del tamaño de veinte estadios. Cuando ella te entrega el plato, la miras a los ojos diciéndole en silencio: ‘‘Muñeca, hoy también quiero romper contigo el universo, el destino, y… unas cuantas tablitas en alguna cama desprevenida ¡Quiero destender otro poquito tu almita de espina enjaulada!’’.

12:43 pm. Esperas en el patio a que todos se vayan: se va Chorizo, se va Tartufo, se va Piltrafa y se va el Embudo. Al final solo quedan los mismos de siempre: el Pucho y la Negra, la Negra y el Pucho. Entonces pasa lo de siempre: ella sonríe, se quita la blusa, su chorcito de colores y su escaza timidez. La vieja casa de camastros, baños y cocinas enmohecidas se transforma en un santiamén en un palacio de pasiones veraniegas. Eso te gusta. Siempre te ha gustado. Te fascina la idea de ser como un niño, y de convertir  los despojos que la sociedad te ha lanzado, en majestuosas arcas de cielo y diamante. Sabes de sobra que hasta el ruiseñor desplumado tiene derecho a soñar que aún tiene alas (que aun los cielos le esperan con impaciencia y mansedumbre).

 

 

2:23 pm. Caminas, caminas y caminas escudriñando  las nuevas infamias del año nuevo. ¿Y qué ves?  Nada nuevo. La misma mierda. La misma podredumbre. La podredumbre corroyéndose así misma. Bajo los puentes merodean los casi gente bajo el amparo del pegante o de los restos de un buen basucazo.  En los moteles de limosneros entran y salen los negociantes del placer a cuenta gotas; en los rascacielos los amos del pueblo sumas y restan vidas como en un videojuego de colegiales. Y en los cafés (cafeterías cerveceras de performances hipócritas), los intelectuales  hablan de humanidad  mientras sueñan con lanzar granadas a quienes un día manosearon sus almas.

4:17 pm. De tanto caminar otra vez te encuentras con tu manada. Eso te hace sonreír y mostrarle al mundo tus encías de bebe grande. Los aprecias. Casi los quieres (pero no demasiado). Los quieres porque todos, toditicos, tienen en sus almas mallugadas, bien zanjados los machetazos de la vida. A Chorizo su mamá lo lanzó a la calle a los 9 años cuando este le dijo que su padre lo atormentaba todas las noches bajo las sabanas de la impunidad. A Tartufo en su pueblo natal le cortaron las dos manos porque le hizo trampa jugando escalera a un gamonal de cruz y revolver. Y de Piltrafa y Embudo es mejor ni hablar: intentaron ser algo en la sociedad leyendo libros hasta que entendieron que Colombia (que algunos creen que es un país), les iba a dar un par de buenas oportunidades. Pero para el pobre no hay buenas oportunidades: hay patrones, jornadas esclavizantes, buses atestados, placeres restringidos, mandatos con picaporte y cementerios de caridad.

6:20 pm. Te das el primer chute del año. No has olvidado la vieja ceremonia: el pañuelo envuelto, la aguja afilada y el ¡pum! Delirante de ese líquido dionisiaco recorriendo tus venitas de Cerbero incorregible. Empiezas el viaje al reino de lo imposible hablando con el viejo Herclasio (el tímido dragón de dos cabezas que nunca vuela porque odia al cielo, y a las nubes, y al sol, y a la luna con su gordura apabullante, prepotente, milenaria). Herclasio te saluda y te dice que eres un piojoso con aires de dandi anglosajón. Y tú que siempre has sido respondón, le contestas que no eres un dandi, que eres algo mejor ¡Un gamín con alma de aristócrata, lengua de Casanova y piernas de centauro del olimpo! Pero de nuevo ¡plach! ¡Tan! De jeta y sin mesura contra la loza de la realidad: vuelves a los índices señalando, a las pesadillas en los semáforos y a las hambrunas calcinantes en los puertos de los días.

8:11 pm. El centro está en su apogeo: los monederos tiemblan, las minifaldas se levantan, los cuchillos se agitan, los muertos caen y los filósofos de la salsa arrojan a la ciudad sus verdades inquebrantables. Así lo hace casi fantasmal Johnny Ventura, con la tonadita agria y sin censura de ‘Resumen’. Ahí solo hay realidades; bucles, bucles y bucles en que vivimos encerrados sin rejitas aparentes.

Y en la esquina de la vida estoy varado
Repasándome el capítulo final
De este drama en un mundo de escenario
Donde a veces fui villano y otras veces fui galán
Compartiendo los honores estelares con actores similares
Que forjo la humanidad.

Y todo se reducirá cuando caiga el telón
Al final de la comedia!
7x4x3 de ancho, las medidas de la fosa
Puertas de la eternidad

En la tumba solo queda el esqueleto
Que no habla pero dice
Toda, toda la verdad

9:33 pm. Batazos van, batazos vienen: cae Tartufo, cae Chorizo, cae Piltrafa, cae Embudo y finalmente caes tú. Entre veinte policías te llevan a ti y a tu combito a una jaula destartalada. Todo se vuelve oscuro. El armatoste da vueltas, vueltas y vueltas. De un momento a otro el calor de la triste ciudad abandona tu cuerpo sudoroso. Sientes como un frio de campo, de montaña andina, de charco a las seis de la mañana. Entre la penumbra van danzando en tangos infernales las viejas alegrías vestidas de luto: el primer paseo, el primer gol, el primer beso (y hasta el primer diploma que nunca te sirvió para nada).

11:57 pm. Moreteado y desdentado te hincas en el llano con tu ropita nueva: un camuflado reluciente con bolso de campaña y unas botas de general, con las que no entiendes por qué, te sientes un tipo de esos que salen dando bala en las películas de Hollywood. Los aguacates  te dicen que poses y tú posas. Los aguacates te dicen que hagas como si fueras a disparar con el fusil de mentiritas, y pues tú matas duendes imaginarios con tu superarma de Daniel el travieso. Los aguacates o lo que sea te dicen que te dejes pegar un tiro con balitas de fulminante y tú te tiras al piso para que ellos sigan el jueguito. Lo malo es que sientes que como que no puedes pararte; lo malo es que el bazucaso y el chute te siguen dando lidia y vez a la muerte, bien calaveruda ella, bailandote en el pecho y cantándote aquella canción de Daniel Santos que dice más o menos así:

En el juego de la vida
Al morir nada te llevas
Vive y deja que otros vivan
Cuatro puertas hay abiertas
Al que no tiene dinero
El hospital y la cárcel
La iglesia y el cementerio.

Edison David Ramírez Serna

Nació en El Santuario Antioquia, Colombia, en 1991. Es historiador egresado de la Universidad Nacional de Colombia. Tiene diversas colaboraciones literarias, académicas y de divulgación en los temas de las ciencias humanas. Actualmente es docente en el Instituto Formarte en las áreas de sociales, filosofía y competencia lectora. Básicamente sus temas de interés han sido, y seguirán siendo, la filosofía, la literatura, el cine, la antropología y la historia. Imagen creada con Geminis bajo el titulo 'Habitantes de calle.

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