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Las masivas protestas que hoy sacuden a Irán no surgieron de la nada; son parte de un persistente ciclo de disidencia social contra el totalitarismo teocrático que gobierna el país. La chispa más reciente estalló el 28 de diciembre de 2025, cuando comerciantes del Gran Bazar de Teherán salieron a las calles impulsados por el colapso económico, la inflación desbordada y el desplome de la moneda local; en pocos días las manifestaciones se expandieron a múltiples ciudades, abarcando a todas las provincias y transformándose en una sublevación abierta contra el régimen islámico.
Sin embargo, esta insurrección no constituye un fenómeno aislado en la historia contemporánea de la llamada “nación persa”. A mediados de septiembre de 2022, Irán se vio conmocionado por las protestas del movimiento “Mujer, Vida, Libertad”, tras la muerte de Mahsa Amini, una joven detenida por presuntas infracciones al “Código de Vestimenta”. Este hecho encendió manifestaciones en cientos de poblaciones y movilizó a amplios sectores de la sociedad contra la represión estatal y las políticas coercitivas de género. Dichos movimientos –tanto los recientes como los anteriores– han sido enfrentados por el Estado con brutalidad, censura y cortes de internet; aun así, han demostrado que la demanda de libertad, dignidad y derechos básicos no se extingue a causa de la represión.
No obstante, los ojos del mundo se posaron sobre la nación persa solo cuando comenzaron a desarrollarse acontecimientos que probablemente tracen el rumbo de una Venezuela libre. El tema cobró todavía mayor relevancia con la difusión de una imagen –y posteriormente de un video– protagonizados por una mujer iraní residente en Canadá, conocida en X (antes Twitter) como Morticia Addams. En dicho material, la activista inicia una protesta que rápidamente se volvió viral al encender un cigarrillo con el fuego de un retrato del Ayatolá en llamas.
Este gesto de rechazo a la autoridad política, al tiempo que denuncia las estrictas normas sociales impuestas a las mujeres por el régimen, ha servido de inspiración para otras iraníes, quienes han replicado el acto en sus propias redes sociales. Pero, más allá de esta incitación silenciosa que anda dándole la vuelta al mundo y se ha convertido en un símbolo en las redes: ¿qué papel se encuentran jugando las mujeres en todo este revuelo?
Las mujeres iraníes no solo han sido protagonistas visibles de las protestas en las calles, sino también artífices fundamentales de la comunicación y la resistencia, incluso bajo las peores condiciones. Cuando el régimen decidió cortar el acceso a internet y aislar digitalmente al país para obstaculizar la difusión de información y la coordinación entre manifestantes, fueron ellas quienes idearon y recurrieron a múltiples herramientas para seguir conectadas y hacer oír sus voces. Según reportó Público, las activistas hallaron formas de eludir la férrea cibervigilancia mediante aplicaciones que permiten enviar mensajes entre dispositivos cercanos sin necesidad de una red convencional: redes en malla descentralizadas y sistemas de mensajería cifrada, diseñados para proteger su seguridad y mantener viva la protesta pese al apagón digital impuesto por el Estado.
Tal papel va más allá de la simple comunicación: refleja una estrategia de resistencia organizada, determinada y consciente, en la que las mujeres combinan tácticas digitales con presencia física en las calles. En un contexto en el que las autoridades han recurrido a apagones de internet para silenciar a los manifestantes y ocultar las violaciones de derechos humanos que han cometido, la capacidad de las activistas para seguir transmitiendo información y coordinar acciones se ha convertido en una pieza clave de las movilizaciones. Diversas organizaciones internacionales de derechos digitales y de libertad de prensa han denunciado que los cortes de internet no solo afectan la difusión de las protestas, sino que además ponen en riesgo la seguridad y la vida de quienes intentan comunicarse y documentar la represión, un frente en el que las mujeres han estado, literalmente, al pie del cañón.
Asimismo, su papel protagónico no se limita al terreno tecnológico: las mujeres se encuentran en el corazón mismo de la insurgencia social, desafiando tanto la vigilancia estatal como las normas patriarcales que buscan restringir sus derechos y libertades. La lucha por la dignidad, la igualdad ante la ley y la autonomía corporal –especialmente frente a imposiciones como el velo obligatorio– ha colocado a las mujeres en roles de liderazgo dentro del movimiento, convirtiéndolas en símbolos de la resistencia mientras transitan entre la estrategia digital y la acción callejera. Sus prácticas –desde organizar redes de comunicación en las sombras hasta estar presentes en protestas multitudinarias, a pesar de la represión– no solo mantienen viva la protesta, sino que también redefinen las narrativas de poder y de libertad en Irán.
La –me atrevería a decir– revolución femenina más trascendental de los últimos tiempos no surge en el vacío ni responde a una moda coyuntural. No. Como ya he documentado previamente, los regímenes de corte teocrático y totalitario tienden a convertir a las minorías –sexuales, religiosas, étnicas, políticas y demás– en chivos expiatorios funcionales para sostener el poder a través del miedo y el terror. En el caso iraní, las mujeres encarnan esa intersección incómoda entre disidencia política y control moral: son reprimidas por lo que piensan, por lo que reclaman y, sobre todo, por lo que representan en un sistema que necesita someter cuerpos y conciencias para sobrevivir. No es casualidad que quienes hoy lideran, organizan y resisten sean las mismas que, históricamente, han cargado con el mayor peso del castigo estatal y social.
En ese sentido, las actuales protestas deben leerse como algo más que estallidos espontáneos de inconformidad. De acuerdo con un análisis reciente de RTVE, lo que ocurre en Irán responde a una acumulación prolongada de tensiones económicas, sociales y culturales, agravadas por un modelo político incapaz de reformarse sin acudir a la violencia. El liderazgo visible de las mujeres –en las calles, en redes sociales y en la narrativa global– ha reconfigurado el sentido mismo de todo: ya no se trata solo de denunciar abusos, sino de disputar el relato; de evidenciar la bancarrota moral del régimen y de situar las libertades individuales, en especial las de las mujeres, como el eje irrenunciable de cualquier futuro posible para Irán.
Lo que actualmente acontece en Irán no es solo una revuelta local ni un episodio más de descontento social: es una lección histórica que interpela al mundo entero y, de manera particular, a Latinoamérica. Mientras en Cuba, Nicaragua y Venezuela los regímenes totalitarios se sostienen a punta de represión, propaganda y del silencio cómplice de la comunidad internacional, las mujeres iraníes están demostrando que ningún aparato de poder es invencible cuando el honor deja de sucumbir al miedo. Nos están dando cátedra. Cátedra para que esos modelos caigan y, con especial énfasis, para que ese veneno autoritario no siga expandiéndose hacia países como mis dos hogares: Colombia y México, ahora en la mira de quienes sueñan con normalizar el control, la sumisión y el colectivismo socialista.
Este es, por tanto, un momento que exige lucidez moral. El liberalismo clásico y el libertarismo no pueden titubear ni esconderse en ambigüedades o relativismos cómodos. Defender las libertades individuales, la igualdad ante la ley y la autonomía de nuestros cuerpos –nuestra primera propiedad privada– no es una consigna occidental ni una extravagancia ideológica: es una obligación ética. Allí donde el poder necesita derribar al individuo para sobrevivir, la resistencia se convierte en un deber. Y en este momento, esa resistencia tiene un rostro claro, visible y valiente: hoy por hoy, LA LIBERTAD TIENE ROSTRO DE MUJER.
Por cierto, no puedo dejar de plantearme una pregunta inevitable que queda flotando en el aire: los activistas del movimiento #FreePalestine, ¿por qué no andan rasgándose las vestiduras ni sumándose con el mismo fervor a la causa de un Irán libre?












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