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El 6 de agosto de 2024 no fue un día cualquiera en la historia reciente de Venezuela. Fue el día en que la joven abogada y activista María Andreína Oropeza Camacho, coordinadora regional de Vente Venezuela en el Estado Portuguesa, fue brutalmente secuestrada por el régimen socialista y chavista, en una escena registrada en tiempo real que dio la vuelta al mundo.
Mientras transmitía en vivo a través de Instagram desde su vivienda y denunciaba la llamada Operación Tun-Tun –el mecanismo de detenciones arbitrarias utilizado por los cuerpos de seguridad para sembrar terror– funcionarios de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) irrumpieron violentamente en su casa. No hubo orden judicial, explicación legal ni respeto alguno por sus derechos fundamentales. En cuestión de minutos, María fue arrancada de su hogar, de su cotidianidad y de su libertad.
Desde entonces, han transcurrido más de diecisiete (17) meses sin comunicación directa con su familia ni con abogados de confianza. Su paradero ha sido manejado con absoluta opacidad, y las escasas informaciones que han trascendido han sido fragmentarias y contradictorias. María Oropeza fue convertida en prisionera política por el simple hecho de alzar la voz, organizar ciudadanos y exigir democracia en un país secuestrado durante décadas por el autoritarismo.
“María Oropeza no te olvidamos”.
Esta frase dejó de ser una consigna para convertirse en un acto de memoria y resistencia. Porque su detención no fue un error ni un exceso aislado: fue una acción deliberada para silenciar a una dirigente joven, preparada y valiente, cuyo único “delito” fue defender la libertad.
María no era una desconocida en la lucha democrática venezolana. Abogada de formación y activista por convicción, asumió responsabilidades políticas en uno de los contextos más hostiles para la disidencia. Su liderazgo regional la convirtió en objetivo directo de un aparato represivo que no responde a la ley, sino a la lógica del miedo.
A estos acontecimientos se suma un dolor profundamente humano. En diciembre pasado falleció su abuela, una figura fundamental en su vida. Hasta hoy, se desconoce si María llegó a saberlo debido a los protocolos de incomunicación a los cuales ha sido sometida. Negarle esa información no es solo crueldad: es tortura psicológica.
Muchos presos políticos como María han sido llevados a centros de detención como El Helicoide, sede del SEBIN, reconocido internacionalmente como uno de los principales espacios de reclusión arbitraria y tortura en Venezuela. El aislamiento prolongado, la negación de visitas, la incomunicación total y los tratos degradantes han sido documentados por organismos de derechos humanos como prácticas sistemáticas del aparato estatal chavista. El Helicoide no es una cárcel: es la expresión más acabada de la represión institucionalizada.
Aunque Nicolás Maduro ha caído, el chavismo no ha sido derrotado. Su estructura permanece incrustada en los organismos de inteligencia, en el sistema judicial y en sectores del poder que continúan operando bajo las mismas lógicas autoritarias. La caída del dictador no significó, automáticamente, la liberación de todos los presos políticos. Muchos siguen tras las rejas: olvidados, silenciados, invisibilizados.
María Oropeza no se encuentra sola en esta tragedia. Junto a ella hay cientos de venezolanos detenidos por pensar distinto: dirigentes políticos, activistas, militares institucionales, estudiantes y ciudadanos comunes. Todos forman parte de una misma herida abierta en la historia del país.
Hoy, cuando Venezuela intenta reconstruirse tras años de devastación, la libertad sigue siendo incompleta mientras existan presos políticos. La democracia no se decreta: se construye con verdad, justicia y memoria.
Por eso es necesario repetirlo, escribirlo y decirlo cuantas veces haga falta:
“María Oropeza, no te olvidamos.
No te olvidamos porque tu nombre representa a una generación perseguida.
No te olvidamos porque tu silencio forzado denuncia más que mil discursos.
No te olvidamos porque la libertad, cuando es verdadera, no puede ser encarcelada.”












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