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El incremento del salario mínimo en Colombia era necesario. Negarlo sería desconocer la realidad cotidiana de millones de trabajadores. Yo también fui empleado. Sé lo que se siente cuando el salario no alcanza y cada ajuste representa un pequeño alivio. Hasta ahí, no hay discusión.
La discusión empieza cuando la decisión se toma como si la economía respondiera a decretos y no a causas y efectos.
Porque en economía nada ocurre en el vacío. Todo movimiento tiene consecuencias. Y la pregunta que muchos evitaron fue simple, pero crucial:
¿por qué no se revisaron con mayor rigor las cifras reales de crecimiento económico antes de fijar el aumento?
No se trata de anunciar quiebras masivas ni de repetir el discurso del miedo. Se trata de entender que cuando los costos laborales suben y la economía no crece al mismo ritmo, el ajuste no desaparece: se traslada. Y suele trasladarse al empleo, a la informalidad, a los precios o a la automatización.
En medio de este debate aparece una frase que se repite con ligereza:
“el consumo es el que crea empleo, no los empresarios”.
Suena bien. Pero es falsa.
Veamos un ejemplo sencillo.
Un barrio tiene una panadería. La gente consume pan todos los días. El consumo existe y es constante.
Ahora bien: ¿el consumo contrata al panadero? ¿Compra el horno? ¿Asume el arriendo, los impuestos, la seguridad social y las pérdidas cuando las ventas bajan?
No.Eso lo hace alguien que decide invertir, organizar trabajo y asumir riesgo: el empresario.
El consumo no firma contratos.
El consumo no paga nómina.
El consumo no responde ante la DIAN ni ante un juez laboral.
El consumo reacciona a lo que existe.
El empleo nace antes, cuando alguien se atreve a producir.
Si el salario mínimo sube, pero las ventas no crecen al mismo ritmo, el dueño de la panadería tiene solo tres opciones reales, no ideológicas:
Subir el precio del pan, no contratar o reducir personal, Invertir en una máquina que haga el trabajo más barato y constante.
En ninguno de esos escenarios el consumo “crea empleo”. Apenas absorbe el impacto del ajuste.
Confundir consumo con creación de empleo es confundir el efecto con la causa. El consumo sostiene empleos cuando hay producción rentable, pero no los crea si antes nadie arriesgó capital, tiempo y reputación.
Y aquí entra la variable que muchos prefieren ignorar: la inteligencia artificial y la tecnificación del trabajo.
Estamos en plena aceleración tecnológica. Los empleos repetitivos, operativos y de fácil reemplazo están en la primera línea de impacto. No por maldad empresarial, sino por eficiencia económica.
Si el costo del trabajo humano sube y la productividad no acompaña, la automatización deja de ser una opción futura y se convierte en una decisión inmediata.
Subir el salario mínimo sin una estrategia paralela de crecimiento, productividad, formación tecnológica y transición laboral no fortalece al trabajador, lo expone.
No hoy. Más adelante.
El salario digno no se discute. Se defiende. Pero defenderlo sin pensar el futuro del empleo es una victoria de corto plazo con costos de largo alcance.
La pregunta real no es si el aumento era necesario.
La pregunta es si estamos preparando a la economía y a los trabajadores para sostenerlo en un mundo que ya cambió.
Porque la tecnología no espera discursos, y la economía, aunque a algunos no les guste,
siempre pasa la factura.
Ahora bien, en un país tan profundamente desigual como Colombia, hay decisiones que sí merecen celebrarse sin ambigüedades.
Que se haya decretado la reducción del salario de los congresistas no resuelve la desigualdad estructural, pero envía un mensaje que durante décadas se evitó: el ajuste no puede recaer siempre sobre los mismos.
En una sociedad donde al trabajador se le exige “apretarse el cinturón” mientras la élite política vive blindada del esfuerzo colectivo, bajar el salario del congresista no es venganza: es coherencia mínima. No equilibra la balanza, pero al menos deja de burlarse de ella.
Subir el salario mínimo sin una estrategia paralela de crecimiento, productividad, formación tecnológica y transición laboral no fortalece al trabajador, lo expone.
No hoy. Más adelante.












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