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A veces una sola decisión corporativa
basta para mostrar un cambio de
época. Lo que Amazon acaba de hacer
apunta justo en esa dirección.
Cuando Amazon anuncia miles de despidos al mismo tiempo que incrementa sus inversiones en inteligencia artificial, no está ajustando una operación interna: está mostrando, de manera adelantada, la dirección hacia donde se moverá la economía global. En esa decisión se condensa un mensaje claro para el resto del mundo laboral: la automatización dejó de ser un apoyo estratégico y pasó a ser el nuevo criterio organizador del trabajo. Lo que ocurre hoy en la empresa más influyente del retail predice cambios estructurales en el futuro cercano del mercado laboral.
En octubre, Amazon anunció el recorte de alrededor de 14 mil puestos corporativos, el mayor desde 2023, cuando eliminó cerca de 27 mil empleos. Aunque se presentó como una reestructuración administrativa, su relación con la adopción acelerada de sistemas de IA es evidente. No es solo la magnitud del ajuste, sino el hecho de que un actor de esa escala esté redibujando su estructura laboral con base en lo que la tecnología ya puede hacer.
Poco después circularon reportes que sugerían que la compañía había considerado escenarios en los que los recortes corporativos podrían acercarse a los 30 mil empleados. No es una cifra oficial, pero sí refleja la dimensión de lo que Amazon estaba evaluando internamente conforme avanzaba su proceso de reorganización. Lo que sí está confirmado es que, mientras reduce personal, la empresa acelera su apuesta tecnológica: AWS anunció una inversión de hasta 50 mil millones de dólares para expandir infraestructura de cómputo de alto rendimiento destinada a agencias del gobierno estadounidense, además de mantener compromisos multimillonarios en empresas como Anthropic. En la práctica, este movimiento desplaza el centro de gravedad del modelo de negocios de Amazon del trabajo humano hacia sistemas automatizados y cada vez más guiados por inteligencia artificial.
El propio Andy Jassy, CEO de la compañía, lo dijo sin rodeos: conforme se desplieguen sistemas de IA generativa, “necesitaremos menos personas haciendo esos trabajos”. En una empresa que es el segundo mayor empleador privado de Estados Unidos, esta frase adquiere otra dimensión. Cuando un actor de ese tamaño mueve su estrategia en una dirección, el sector no se queda observando: ajusta sus propias decisiones para no quedarse atrás.
El comercio minorista depende de tareas repetitivas: cajas, almacenes, clasificación, reposición, atención telefónica, control de inventarios. Son justamente las áreas donde la automatización y la inteligencia artificial han demostrado mayor eficiencia. Aunque no existe un registro público que cuantifique cuántas empresas han sustituido formalmente personal por IA, los reportes recientes de despidos corporativos en distintos sectores sí mencionan, cada vez con más frecuencia, la automatización como parte de las causas. La lógica empresarial es directa: quien automatiza primero reduce costos primero. Y ese diferencial obliga al resto a seguir el mismo camino para no quedarse atrás.
A este panorama suele sumarse la idea de que la IA también creará empleos. Y sí, los crea… pero no en la misma escala, no para los mismos perfiles y no en los mismos territorios. Los puestos que desaparecen se concentran en actividades de baja complejidad técnica, mientras que los nuevos requieren ingeniería, análisis, gestión de sistemas, pensamiento computacional o supervisión de infraestructura digital. Además, estos empleos emergentes se concentran en polos tecnológicos, mientras que los recortes ocurren en centros administrativos o logísticos periféricos. La elasticidad entre empleo destruido y empleo creado es claramente desfavorable para quienes tienen menor acceso a educación avanzada.
Para México y América Latina, esta tendencia es particularmente preocupante. Millones dependen de actividades con alta posibilidad de automatización: comercio, servicios, logística, call centers. Nuestros sistemas educativos no generan, en promedio, las competencias que estos nuevos empleos demandan. Y la informalidad funciona como válvula de escape para quienes quedan fuera del mercado formal. La adopción masiva de IA, si no se acompaña de política pública, puede ampliar una segmentación laboral que ya existe: una parte de la población trabajará con IA; otra será reemplazada por ella.
Mientras tanto, la tecnología avanza a un ritmo que las instituciones no alcanzan. Los grandes actores del sector —Amazon, Microsoft, Google, Meta— han anunciado inversiones crecientes en infraestructura de inteligencia artificial y centros de cómputo avanzado, en montos que superan cualquier ciclo previo de gasto tecnológico. No existe una cifra consolidada que resuma esa expansión, pero la tendencia es clara: el impulso corporativo hacia la IA se acelera, mientras que los marcos laborales y los sistemas de seguridad social siguen operando con conceptos propios de un mercado laboral que ya cambió.
Incluso dentro de Amazon han surgido señales de inquietud. Diversos reportes dan cuenta de empleados que han expresado preocupación por la velocidad con la que la empresa está incorporando sistemas de IA y por los efectos que esta transición podría tener en el empleo y en la vida interna de la compañía. Aunque no existe un documento oficial que recoja estas posturas de manera unificada, el malestar refleja una percepción creciente: la adopción tecnológica avanza más rápido que la capacidad de las organizaciones —públicas y privadas— para procesar sus implicaciones.
Se necesita una discusión seria sobre reconversión laboral y sobre cómo adaptar el mercado de trabajo a las transformaciones tecnológicas en curso. Esto implica un marco laboral capaz de reconocer empleos híbridos y automatizados, así como indicadores que permitan medir cuántos puestos se están perdiendo por automatización. Solo con esa información es posible diseñar políticas públicas que mitiguen el impacto y construyan una perspectiva estratégica para los próximos años.
Lo que estamos viendo no es un episodio aislado de recortes corporativos. Es el inicio de una transformación estructural que reconfigurará el mercado laboral. Amazon solo encendió la primera alarma. La cuestión es si los gobiernos reaccionarán a tiempo o si seguirán interpretando este proceso con lentes burocráticos mientras la economía avanza a una velocidad que ya no admite los tiempos tradicionales de respuesta.














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