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Al gobernador Andrés Julián Rendón le encantan las declaraciones fuertes y altisonantes. Tal vez así, y solo así, distrae la atención de sus enormes fracasos. Recuerdo dos: la “vaca” desnutrida que no cumplió con su absurda meta de recaudo y que se convirtió en un meme, y una más protuberante, la propuesta de referendo por la autonomía fiscal de las regiones que se hundió estrepitosamente en su primer debate en el Congreso. Derrotas que llevan el sello de un gobernador muy dedicado a “casar” pelea con Petro o todo lo que huela a Gobierno nacional.
En política se debe tener dignidad y entereza para asimilar la derrota, si la derrota solo incuba resentimiento y revanchismo, la degradación de la discusión pública será tan estructural como constante, dicho esto, parece que Rendón, al igual que el alcalde Federico Gutiérrez, tiene gran dificultad para asimilar la derrota.
Si Fico todavía no supera su derrota en las presidenciales de 2022 -cuando un candidato bastante limitado lo sacó de segunda vuelta-, el gobernador Rendón, tan cercano en sus formas a su principal aliado (su victoria en 2023 se la debe más a Fico que a Uribe) comparte esa percepción de la derrota, de revanchismo, encono y resentimiento. Algo que ha quedado en evidencia con su sistemática estigmatización hacia la Universidad de Antioquia, la cuestión es: ¿por qué el gobernador estigmatiza a la UdeA?, respondo, entre otras cosas, por el fracaso de su candidata en el proceso de designación rectoral de abril de 2024.
Como el gobernador no pudo imponer a su candidata en el Consejo Superior Universitario -CSU- y así perdió un pulso con el presidente Petro (que, siempre hay que aclarar, respaldó en una suerte de definición de “segunda vuelta” la continuidad de John Jairo Arboleda más por propinarle un golpe a Rendón que por cualquier otra cosa) asumió una actitud hostil y marcadamente estigmatizante con todo lo que representa la UdeA. Universidad que nunca ha buscado comprender en su pluralidad y a la que solo ha ofrecido un trato denigrante.
Y excusas no le han faltado: o es la permanencia de estudiantes que por motivos económicos o personales se toman semestres adicionales para concluir una carrera; o es el salario de los profesores (como si en la UdeA todos los profesores tuvieran salarios multimillonarios); o recientemente, el cuestionamiento personal a un delegado del Presidente en el CSU. A Rendón cualquier cosa le sirve de excusa para “respirar en la yugular” de la UdeA (sí, son sus patéticas palabras) y reeditar imaginarios dolorosos que la reducen a nido de violencia y conflicto.
Ante los delicados cuestionamientos que comprometen a Wilmar Mejía, delegado del presidente en el CSU, en un supuesto entramado de irregularidades con las disidencias de las Farc, el gobernador, sin ningún tipo de prueba o sustento, salió en cuanto medio le abrió micrófono a acusar a Mejía de “operar redes guerrilleras al interior de la universidad”. No solo no presentó ni una sola prueba de una acusación gravísima, sino que, cuando algunos periodistas le consultaban por las pruebas, empezaba a patinar y no daba sustento a sus afirmaciones. Solo hablaba desde el resentimiento y la estigmatización. Tan propio de un revanchista.
Ojalá, Mejía, a quien no conozco y que considero no debía estar delegado en el CSU siendo a su vez un alto funcionario de la Dirección Nacional de Inteligencia, emprenda acciones legales en contra de un gobernador que no vio problema en colgarle la lápida al cuello en medios nacionales. Volviendo a poner a la UdeA en el centro de su afán estigmatizador. ¡Que presente las pruebas o que se retracte por su irresponsabilidad! Motivada por su afán de estigmatizar a una universidad que no ha querido comprender en su diversidad y a la que solo ve como un problema.
No estigmaticé gobernador, es más, lo invito a conocer el libro Violencia y conflicto en la Universidad de Antioquia (1958-2018) testimonio académico y divulgativo sobre cómo la violencia política y el conflicto armado atravesaron la vida universitaria, dejando huellas profundas de estigmatización, memoria y dolor, pero también ejemplos de dignidad, lucha y resistencia. Léalo y conversamos.














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