Si usted es bravo es bruto

José María Dávila Román

“Quien posa de bravo y es explosivo con el otro – usando palabras y tono agresivo que hacen sentir mal al interlocutor-, es más probable que las personas cercanas se le alejen porque no quieren sentirse vulneradas”.


Con esa frase categórica, el conferencista y docente en temas de liderazgo, César Mejía, basó su charla La Revolución de la Amabilidad, en la cual participé esta semana en el municipio de Jericó como parte del cierre del programa Desarrollo y Fortalecimiento de Proveedores Locales, versión 2025, que lidera Minera de Cobre Quebradona y la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia -que haciendo un paréntesis, tuvo este año el plus de entregar a 30 empresas de Jericó, Fredonia y La Pintada, activos productivos por 150 millones de pesos-.

Decía Mejía que si después de la charla, las personas que tienen una actitud bravucona, de ser prevenidas con el otro, conflictivas o reactivas, decidían seguir siendo así, es porque estas personas son brutas, por supuesto que es una hipérbole para llamar la atención y hacernos reflexionar acerca de las actitudes que tomamos frente a diversas situaciones de la vida.

La tesis de La Revolución de la Amabilidad se sustenta en que usted con una sonrisa, con vocación de servicio y con un trato y tono respetuoso hacia los demás puede abrir puertas, en el caso de las empresas ganar nuevos clientes y fidelizar a los que ya tiene; en temas personales, fortalecer sus relaciones con la familia y círculo de amigos; y en lo laboral facilita la interacción y el flujo de trabajo entre compañeros porque no hay prevenciones con el otro y los disgustos se pueden tramitar de manera amable y asertiva.

Por el contrario, quien posa de bravo y es explosivo con el otro – usando palabras y tono agresivo que hacen sentir mal al interlocutor-, es más probable que las personas cercanas se le alejen porque no quieren sentirse vulneradas, que se le cierren puertas de amigos, compañeros de trabajo, familiares, y en el caso de las empresas, esta actitud puede hacer que pierdan clientes porque el servicio que dan no cumple las expectativas.

A propósito, una anécdota: hace 3 años estaba con mi hijo en una unidad deportiva y fuimos a la tienda a comprar un Gatorade. Saludé al tendero y no respondió, le pregunté que, si tenía Gatorade, tampoco me respondió, por el contrario, de mala gana me dijo que no le tocara los bananos que tenía en el mostrador que porque se los iba a dañar. Nos fuimos de inmediato a buscar otra tienda porque no había disposición de atendernos bien.

En resumen, no tenemos nada que ganar siendo bravos y sí mucho que perder. La buena noticia es que todas las personas podemos decidir ser amables y dejar de ser bravos. Al fin y al cabo, es una actitud y un hábito, que, como todos los hábitos, se adoptan con repetición, con acciones sencillas pero poderosas: sonreír, saludar, tejer puentes, dar servicio a quien lo necesita, tener empatía, pedir perdón cuando nos equivocamos porque no somos perfectos, todas estas son acciones que no nos cuestan nada pero que nos dan mucho rédito.

Ser amable también da propósito, porque sentimos que estamos haciendo algo bueno por el otro de manera desinteresada. En el inconsciente, cuando sentimos que ayudamos al otro para que le vaya bien, nos genera más satisfacciones que cuando tenemos logros propios.

Necesitamos más gente amable en el mundo y a la vez tener carácter para construir bienestar colectivo.

La bravuconería, por el contrario, destruye valor, polariza y no nos permite construir relaciones armoniosas y productivas.

*Empleado de Minera de Cobre Quebradona, mis opiniones no representan a mi empleador.

 

José María Dávila Román

Comunicador Social - Periodista de la UPB con Maestría en Gerencia para la Innovación Social y el Desarrollo Local de la Universidad Eafit. Creo que para dejar huella hay que tener pasión por lo que se hace y un propósito claro de por qué y para qué, hacemos lo que hacemos. Mi propósito es hacer historia desde donde esté, para construir un mundo mejor y dejar un legado de esperanza y optimismo para los que vienen detrás. Soy orgullosamente jericoano.

Nota al pie: El columnista tiene o ha tenido vinculación laboral con la minera AngloGold Ashanti. 

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