“La región vive un vuelco histórico, China consolida su dominio comercial mientras EE.UU. pierde influencia. Cifras, infraestructura y una estrategia de largo plazo explican este cambio de rumbo”
América Latina vive una transformación geoeconómica histórica. Lo que durante décadas fue el patio trasero comercial de Estados Unidos hoy mira decididamente hacia China. Las cifras son significativas, según la CEPAL, el comercio regional con China crece a un ritmo del 9% anual, triplicando el crecimiento del intercambio con Washington. De mantenerse esta tendencia, para 2026 China concentrará el 31% del comercio sudamericano, superando por once puntos a su rival norteamericano.
Brasil ilustra este vuelco mejor que ningún otro país. Este año, China absorbe el 35% de las exportaciones brasileñas -cerca de 96.000 millones de dólares-, mientras Estados Unidos se queda con apenas el 11%. Para 2026, las proyecciones indican que Beijing superará los 107.000 millones en compras a la potencia sudamericana. Patrones similares se repiten en Argentina, Chile y Perú, donde China ya captura más del 38% de las exportaciones, cifra que alcanzará el 40% el próximo año gracias a la demanda insaciable de cobre y minerales.
Pero el dominio chino trasciende el mero intercambio comercial. Según la OCDE, China ha financiado más de 150 proyectos de infraestructura en la región desde 2020, con una cartera que supera los 130.000 millones de dólares. El Tren Bioceánico que conectará Brasil y Perú -con una inversión de 12.000 millones- y la ampliación del puerto de San Antonio en Chile -por 900 millones- simbolizan esta nueva realidad, mientras Washington debatía iniciativas, Pekín construía las arterias comerciales del futuro.
Tres factores explican esta transición silenciosa pero implacable. Primero, la demanda china de commodities, el gigante asiático representa el 60% de la compra global de soja y el 50% del cobre. Segundo, el financiamiento sin condiciones políticas, China ofrece créditos sin cláusulas democráticas o ambientales estrictas. Tercero, la consistencia estratégica, el plan “China-América Latina 2035” prioriza energía, alimentos y conectividad con una visión de largo plazo que brilla por su ausencia en la política exterior estadounidense.
Las implicaciones geopolíticas son profundas. El 58% de los latinoamericanos ve positivamente a China según Latinobarómetro, y 21 países de la región forman parte de la Iniciativa del Cinturón y la Ruta. Mientras tanto, Estados Unidos concentra su atención en agendas de seguridad que poco contribuyen al desarrollo económico regional.
América Latina gana mercados y financiamiento con este reacomodo, pero enfrenta el desafío de no cambiar una dependencia por otra. La región debe negociar con inteligencia, asegurando transferencia tecnológica y valor agregado en sus exportaciones. Para Estados Unidos, el mensaje es claro, si no repiensa urgentemente su estrategia hemisférica, corre el riesgo de quedar relegado en lo que históricamente consideró su zona de influencia natural.
Debemos negociar desde una posición de unidad regional y agenda común. Individualmente, somos mercados pequeños y dispersos. Colectivamente, somos un bloque de más de 650 millones de personas con enormes recursos naturales, China entiende este potencial mejor que nosotros mismos. La multipolaridad no es una abstracción teórica, es la realidad cotidiana del comercio sudamericano.













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