
“La resistencia le da otro sabor al sujeto, a su cuerpo, y muchas veces termina siendo una de las razones de existir. Resistir se relaciona directamente con vivir.” (Planella, 2017)
En la sociedad contemporánea, el cuerpo ha sido sometido a la rapidez, la desconexión y el automatismo. Ha quedado reducido a un simple instrumento de productividad que responde a las grandes cargas del día a día, a un vehículo que se desplaza por muchos lugares sin llegar a habitar realmente ninguno de ellos. Así, inmersos en el vaivén de trámites, compromisos y responsabilidades, hemos sido arrastrados hacia el bloqueo, la anestesia y la cosificación corporal. Nos hemos olvidado de pensar y sentir los cuerpos.
En medio de esta alienación corporal, es necesario recuperar una escucha consciente del propio cuerpo, desarrollar una sensopercepción real, un despertar de los sentidos que nos permita sentirnos desde el interior y reconocernos en cada gesto y movimiento. En un mundo que prioriza la eficiencia sobre la sensibilidad, nuestra mayor forma de resistir es negarnos a la anestesia. Tal como señala (Planella, 2017): “En el dejarse anestesiar tiene lugar la caducidad del sujeto, la pérdida de reacción, el ocultamiento de sus posibles maniobras o el pasar a ser algo más que alguien” (p.23).
Pero, entonces, ¿cómo salimos de ese bloqueo corporal? ¿cómo rompemos con la rigidez, la desconexión y la mecanización de los cuerpos? La respuesta a estos cuestionamientos radica en el vivir desde el cuerpo, para el cuerpo y con el cuerpo a través de sus multitudes. Es aquí donde la expresión corporal emerge como un agente de resistencia y un puente de comunicación con nosotros mismos y con el otro. A través de ella, nos abrimos a la posibilidad de reconocer la alteridad con sus identidades, sus capacidades y sus matices, incorporándonos para descubrir nuestras propias habilidades y limitaciones. Desde esta perspectiva, entendemos la expresión corporal como el cuerpo que habla, que comunica, que se expresa desde el lenguaje silencioso de la vida cotidiana: en un gesto, en una mirada, en un silencio, en una palabra, en una sensación. Afuera, en los actos más sutiles, habita la autenticidad del cuerpo en su lenguaje más natural.
Hoy y siempre, valdrá la pena apostarle al cuerpo, recuperarlo y reivindicar su papel como protagonista del ser; no solo como un medio, sino como un territorio donde se teje la existencia, desde el “yo” hasta el “nosotros”. Ya es hora de transitar la senda de la desaceleración y negarnos al borramiento corporal para devolverle su voz, permitirle transformar, mover, sentir y expresar. Recuperar el cuerpo significa mucho más que un acto de resistencia: es un acto de vida.
Referencias
Planella, J. (2017). Pedagogías Sensibles: sabores y saberes del cuerpo y la educación . En J. Planella, Pedagogías Sensibles: sabores y saberes del cuerpo y la educación (pág. 134). España: Universidad de Barcelona.
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