¿Por qué febrero tiene 29 días?

Tranquilo, tampoco yo, ni ninguno de los 10 amigos a los que les pregunté, sabíamos. El 29 de febrero es, como muchas otras cosas en el mundo, una realidad por la que no nos preguntamos. Pero, para fortuna suya, que es un poco más curioso que la mayoría, hay respuestas como estas, que si bien no van a convertirlo en el más intelectual de sus amistades, pueden ofrecerle un dato curioso para que comparta entre cervezas.

Realmente la cosa es simple. Julio César, el emperador romano, decidió un día mejorar su calendario, pues había solo 10 meses y por lo menos 60 días quedaban por fuera de esa clasificación. Se reunió entonces con su astrólogo de confianza, Sosígenes. (Porque obviamente los emperadores tenían gentes intelectuales de confianza). Sosígenes descubrió que realmente la Tierra no se demoraba 365 días en darle la vuelta al sol, sino que le tardaba 365 días, cinco horas, 48 minutos y 45,5 segundos. Cómo llegó a términos tan exactos, será otro secreto que se guarda la historia.

Las casi 6 horas de tardanza harían que las estaciones se atrasaran, entonces, para compensarlo, decidieron crear un día adicional cada 4 años, para no permitir que el tiempo se les acelerara más de lo acordado. (Porque los emperadores también creían que podían controlar el tiempo). Tal medida, adoptada desde hace 2062 años, nos ha generado una diferencia de 533 días, lo que significa que si no existiera, estaríamos hoy en julio 15 del 2017 y no en febrero 29 de 2016.

A pesar de que la explicación existe, el año bisiesto sigue siendo una situación que no entendemos y que nos resulta poco común, lo que nos ha llevado a llenarla de mitos y agüeros que no son más que miedos representados. Le dimos la denominación común de: “año bisiesto, año siniestro” y para fortuna de la tradición, la historia ha apoyado la frase con acontecimientos letales. El hundimiento del Titanic (1912), la construcción de Auschwitz, el campo de concentración más grande de la Segunda Guerra Mundial (1940) , el asesinato de Mahatma Gandhi (1948), de Martin Luther King (1948) y de John Lennon (1980), entre otros.

Sin embargo, si fuera por mí, si yo tuviera que decidir qué se hace el 29 de febrero, decretaría el día de no pensar demasiado. La oportunidad para no detenerse ante los arrepentimientos ni las reglas sociales. El día para ser libres, con la tranquilidad de que no habrá que rendir cuentas hasta dentro de cuatro años. Propondría yo, que pensara en el 29 de febrero como en un billete que se encontró en el pantalón que no se ponía desde noviembre. Que no se uniera a la creencia popular del misticismo, sino que lo entendiera como una consignación extra de 24 horas para vivir.

Sara Betancur Carvajal

Soy estudiante de Comunicación Social y Periodismo. Soy lo que he escrito y he borrado. Soy una constelación de contradicciones. Soy las partes que subrayo en los libros. Soy la eterna construcción de la huella que voy a dejar en el mundo.

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