“My philosophy, in essence, is the concept of man as a heroic being”.
«Mi filosofía es, en esencia, el concepto del hombre como un ser heroico».
— Ayn Rand
Imagina que consigues una oportunidad que podría cambiar tu vida: una beca para estudiar en otro país, una oferta de trabajo que te obliga a salir de tu zona de confort, una competencia deportiva para la que llevas años preparándote o la posibilidad de presentar un proyecto en el que has invertido mucho esfuerzo. La emoción es enorme, pero aceptar una oportunidad conduce, inevitablemente, a enfrentarse a lo desconocido. De pronto, empiezas a preguntarte si estás preparado para encarar el reto y hasta dónde podrás llegar. Lo sé porque yo misma he vivido esa mezcla de entusiasmo y miedo antes de dar un paso importante.
Cuando una experiencia te lleva fuera de lo que conoces, las dudas pueden manifestarse de muchas formas. Si tienes que viajar al extranjero, como al recibir mi primera beca, quizá te preguntes cómo llegar del aeropuerto al alojamiento, cómo moverte en una ciudad desconocida o cómo resolver los imprevistos. Si a esto se suma que estás en un país donde se habla inglés, puede surgir otra inquietud: ¿podrás comunicarte con naturalidad, entender las conversaciones y desenvolverte bien en un idioma que no es el tuyo? Así, aquello que inicialmente despertaba entusiasmo puede convertirse igualmente en una fuente de incertidumbre.
Con los años, he aprendido que detrás de cada oportunidad hay una persona que, en algún momento, tuvo que preguntarse si sería capaz de aprovecharla. Yo también he estado ahí.
Después de varios años en el activismo por la libertad, una de las cosas que más disfruto es ayudar a otras personas a identificar nuevas alternativas, preparar sus postulaciones, mejorar sus currículums o simplemente animarse a dar el siguiente paso. Me gratifica enormemente compartir una beca y pensar que podría cambiar la trayectoria de alguien, porque sé lo que significa descubrir que existen posibilidades que antes ni siquiera imaginabas.
Provengo de un país donde acceder a oportunidades internacionales no era sencillo ni habitual. Por eso, mis primeras experiencias fuera de Bolivia representaron mucho más que un viaje: me abrieron las puertas de un mundo que hasta entonces me resultaba lejano.
En enero de 2023 viajé a Chile para participar en un programa de The Fund for American Studies (TFAS). Aunque ya había tenido la oportunidad de viajar a Colombia, aquí las circunstancias eran distintas: el programa duraba dos semanas, debía asumir más responsabilidades y, por primera vez, participaría en una inmersión académica completamente en inglés.
Sentía mucho temor. Me preocupaba expresarme en inglés y llegar a Chile por tierra en medio de la convulsión política que atravesaba Bolivia. Además, dicha iniciativa, que debía marcar mi debut en una experiencia académica internacional en 2021, se había postergado por la pandemia, prolongando la espera. Finalmente, pude asistir y vivir dos semanas absolutamente hermosas, pese a las dificultades y los desafíos para concretar el viaje. Aprendí muchísimo y comprobé que una oportunidad puede valer la pena incluso cuando el camino para alcanzarla está lleno de interrogantes.
Quizá por eso me interesan tanto el desarrollo personal, los libros que nos invitan a cuestionarnos y hasta algunos podcasts de motivación, sin olvidar a esos gurús de la mentalidad de tiburón que desayunan éxito con proteína, jajaja. Por supuesto, no todo lo que se vende como motivación aporta ideas valiosas; sin embargo, he encontrado contenidos que me han ayudado a confiar más en mi potencial, cultivar hábitos saludables y atreverme a nuevos retos. Quienes me siguen en redes sociales seguramente conocen esa faceta mía.
Conforme fui avanzando profesionalmente, empecé a notar una conexión entre ese interés por el crecimiento personal y mis convicciones liberales. La libertad implica reconocer la trascendencia de nuestras decisiones, aprender de los errores y aceptar la responsabilidad de emprender proyectos propios. Eso no equivale a ignorar las barreras económicas, sociales e institucionales que restringen las alternativas de muchas personas. Las condiciones de partida tienen un peso considerable; aun así, reconocer esas dificultades no entraña subestimar lo que cada individuo puede lograr si cuenta con los medios para desarrollar sus capacidades.
Para mí, la libertad significa que cada persona tenga la posibilidad de descubrir sus talentos, perseguir sus aspiraciones y forjar la vida que anhela. Por eso, me importa tanto acercar estas oportunidades a otros: acceder a horizontes que antes desconocíamos puede transformar nuestra visión del futuro.
Un libro que me inspiró a profundizar en esta cuestión es El miedo a la libertad, de Erich Fromm. Su análisis de la relación entre autonomía, incertidumbre y dependencia invita a pensar por qué, en ocasiones, la posibilidad de decidir por nosotros mismos puede tornarse intimidante. Elegir conlleva afrontar responsabilidades y comprender que no siempre tendremos garantías sobre el resultado.
Esa reflexión también ha influido en mi manera de entender el activismo. Al principio, gran parte de mi labor se centraba en crear contenido político, comentar la coyuntura o divulgar estadísticas para explicar el valor de la libertad. Hoy sigo apreciando esos conocimientos, pero siento especial satisfacción en ayudar a las personas a explorar nuevas posibilidades y animarse a dar pasos que pueden mejorar sus vidas. Me encanta compartir ofertas laborales, particularmente de empleo remoto, porque disfruto del estilo de vida nómada digital y de la autonomía que brinda desempeñarse desde distintos lugares del mundo. Paralelamente, me entusiasma recomendar libros y podcasts de crecimiento individual, motivar a otros a hacer ejercicio, adoptar hábitos alimenticios más saludables o perseguir proyectos que llevan tiempo posponiendo.
Quizá el hilo conductor de todas estas actividades sea mi interés por la capacidad de superación de las personas. Me gusta pensar que una recomendación, una conversación o un recurso compartido en el momento adecuado puede despertar una inquietud, abrir una puerta o ayudar a alguien a vislumbrar un futuro distinto. No pretendo decirles a los demás cómo deben vivir, sino acercarles herramientas para que encuentren su rumbo y construyan la vida que desean.
Hay una idea de Ayn Rand que guarda una estrecha relación con esta perspectiva: concebir al ser humano como alguien con el potencial de alcanzar grandes logros, cuya realización depende de la libertad de pensar, elegir y actuar por cuenta propia. Creo que parte de ese crecimiento radica en intentar aquello que antes parecía imposible, adquirir nuevas habilidades, vencer nuestros temores y perseguir aspiraciones que ni siquiera nos habíamos atrevido a formular. A veces, basta con la determinación para dar el primer paso.
Defender la libertad exige instituciones que protejan nuestros derechos, limiten el poder y respeten los proyectos ajenos. Supone, además, fomentar una cultura que aliente la iniciativa individual, permita desarrollar talentos y valore el aprendizaje mediante la experiencia.
Porque la libertad no es solamente la posibilidad de elegir nuestro camino. También es descubrir, paso a paso, que podemos recorrerlo.
Esta columna fue publicada originalmente en El Insubordinado.
















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