LA CIUDAD SIMPLE

Qué habrá más delicioso que caminar desprevenido por las calles de una ciudad, sin miedo a nada; a los carros, a los ladrones. Caminar mirando los árboles, mirando las caras de las personas, a los trabajadores que limpian las calles, los equipamientos. Es posible que recorrer las ciudades en bicicleta sea mejor que todo, la brisa en la cara, sentirse libre sin ningún riesgo. En nuestras ciudades es un oficio altamente peligroso moverse fuera de un vehículo motorizado, un poco menos moverse al interior de uno, en ambos casos la sensación es negativa en temas de seguridad. Pero si es una mujer la que quiere hacer todo lo anterior, entonces ya no es una sensación, casi para la mitad de ellas, es una agresión real.

Debería ser más simple esto de generar percepciones positivas en la ciudad, pero es que ya estamos metidos en un modelo tan riguroso que complicar lo simple es la vía. Ahora resulta que hay reglas para bailar, entonces la gente no baila porque no sabe. Hay reglas para pintar, entonces tampoco la gente pinta disque porque no lo saben hacer. Es claro que la expresión artística cada vez más será menos con tantas condiciones, esto también implicará menos sensibilidad, mayor juicio. En las ciudades pasa lo mismo.

En estos 25 años recorriendo ciudades de todo tipo en todo el mundo, me he encontrado que, en la mayoría, hay mucha testosterona de por medio. Solo es mirar las ciclovías al lado de los autos, en un carril diferenciado para los ciclistas urbanos (porque se asume que ellas no se van a mover en bici), pero resulta ser que justamente tomar caminos cortos que eviten seguir los trazos de las autopistas es lo que hace interesante transportarse en bicicleta. En teoría primero se deberían hacer ejercicios de urbanismo táctico para saber las direcciones de los caminos que usarían los que montan y las que montan las bicis. Este tipo de intervención es temporal, no es que pongo materas o macetas y las pinto de colores y ya transformé el territorio, es una insinuación a la población del sector para pilotear lo que sería una intervención definitiva de acuerdo con la necesidad del habitante, es resaltar un proceso urbano para pasar, por ejemplo, de una vialidad motorizada a una no motorizada. En teoría también se deberían sembrar árboles si ya está definido el lugar de la ciclorruta, claramente estarán grandes y frondosos para el momento de la obra y serán de gran ayuda para motivar el uso, la sombra también reduce la sensación térmica, y ayudaría a que algún indeciso, o alguna indecisa deje en su casa el auto y empiece a montar en un monopatín, en una bicicleta o simplemente caminar. Ahora resulta que el indicador es aumentar los kilómetros de ciclovías, pero de la nada y complicándole seriamente la movilidad a todos, con el pálpito del gobernante como único argumento técnico. Pero si queremos caminar, tampoco es que esté muy bien organizado todo, cada vez más vemos las marcas en el césped de los transeúntes y las esquinas ocupadas por vendedores ambulantes, puesto que los que construyen estas aceras o veredas, no es que caminen mucho, y entonces ni el ciudadano o ciudadana con movilidad reducida, ni él o la peatón, ni él o la que usa otro medio de movilidad no motorizada, se identifican con el camino que “les hicieron” (es la manera despectiva con los que gobiernan nos entregan este tipo de obras: “ les hicimos …” indicando que no están en ese grupo social que camina)

La ciudad simple respeta y tolera, tiene lo básico elemental resuelto; el agua se puede tomar, el aire se puede respirar, si tocas la calle no te pisa un carro y no te roban, no es un polígono con obras suntuarias, no presume hospedando grandes eventos, entre otras cosas. Llegar a ella no es tan simple, pero tiene que ser el horizonte. No puede ser que los carros no respeten a las bicicletas, que las bicicletas no respeten a los peatones, en fin, una cadena de irrespetos que hacen tan complicado que las ciudades se muevan bien. Tres recomendaciones respetuosas, si me lo permiten; i para que el futuro sea próspero y nos movamos mejor, hay que bajar a los niños y a las niñas de los autos, de los transportes escolares y propiciar otro tipo de trasporte; caminar, andar en bicicleta ayudaría muchísimo. ii ampliar las aceras o las veredas tan grandes como se puedan para que los y las ciclistas y peatones convivan en ella. Se necesitaran reglas para evitar accidentes, pero hay que empezar ya a generar esta integración. iii ¿Cuánto tiempo puede un ser humano durar vivo sin comer? Dicen que no más de tres semanas. ¿Cuánto tiempo puede durar vivo sin agua? Dicen que con dificultad llegaría a la semana. ¿Cuánto sin aire? Dicen que es cuestión de minutos. ¿Sabían que nos estamos quedando sin aire? Hay que bajarse del carro a todo precio. Estos gobiernos convenientes y pusilánimes no tomarán medidas que les quiten popularidad, no cederán ni un solo “like” por decidir a favor de la mayoría y en contra de sus intereses, así que nos tocó a nosotros actuar. Eso es una ciudad simple; mayor prevención, menor reacción. Pero también debe haber equilibrio.

Con respecto a eso último, ahora me centraré en el exceso de testosterona puesta en las ciudades, que además contribuye a que perpetuemos una sociedad muy, pero muy machista. Pero además machista, sin hombres. La literatura basada en las investigaciones de equidad de género en casi todos los países de América Latina y el Caribe concluye entre otras cosas que la violencia doméstica y sexual es ejercida en el 83% de los casos, por un hombre. Además, que el 92 .6 % de los homicidios se concentran en la población masculina. También una búsqueda con la IA llegará a los mismos datos. Esto es, la mayoría de las personas que mueren en el conflicto urbano son hombres, sin embargo, las que permanecen son las mujeres, enfrentadas a una ciudad diseñada, planeada y ejecutada, en masculino.

Lo invasivo del adoquín en las aceras o banquetas o veredas de las ciudades del mundo, se toman como una desconsideración con las mujeres. Se tendría que ser también amigable con los tacones que las mujeres usan. Parece un comentario insulso, pero esto sumado a las dinámicas que se desarrollan en torno a los campos polideportivos con canchas de futbol y baloncesto, a los aparatos de gimnasia de los parques, entre otros, hacen pensar que los hombres tenemos mayor derecho al espacio público que ellas. Las razones por las que las mujeres se sienten amenazadas en el espacio público, están relacionadas con lo mismo: ciudades diseñadas, planeadas y ejecutadas, para los hombres. También presienten que serán violentadas en cualquier momento en la calle. La mayoría de los hombres, no.

En Viena, la capital Austriaca, en Girona, en la Catalunya Española trabajan por la feminización de sus espacios, bajo el llamado urbanismo feminista o con perspectiva de género, que no es más que una ciudad administrada desde la perspectiva del cuidado, lo que implica una iluminación precisa y suficiente, un esfuerzo por mantener los espacios públicos limpios y con los equipamientos en buen estado, obviamente con el apoyo de los habitantes de cada sector. En resumidas cuentas, una suma de esfuerzos para que la percepción de seguridad sea positiva.

Violencia e Inseguridad son las palabras más expresadas en los últimos 10 años por los Latinoamericanos cuando se refieren a lo que hay que resolver en las ciudades. El deber ser es, entonces, que una ciudad simple se planea enfocada  en el equilibrio entre los seres humanos, restándoles un poco de testosterona y agregando más sentido común, rompiendo así, con jerarquías y discriminaciones que producen y reproducen tanta violencia.

 

Sergio Roldán

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