DIRIGIR EDUCACIÓN ESPECIAL SIN SER ESPECIALISTA: EL LIDERAZGO COMIENZA HACIENDO LAS PREGUNTAS CORRECTAS

En las escuelas existen responsabilidades que requieren conocimientos especializados. Educación Especial es una de ellas.

Evaluaciones, servicios relacionados, acomodos, modificaciones, asistencia tecnológica, procesos de elegibilidad, ubicación, intervención y múltiples decisiones educativas requieren profesionales con preparación y competencias específicas. Pretender sustituir ese conocimiento desde una posición administrativa sería tan equivocado como pensar que un director escolar necesita dominar cada especialidad para poder liderarla.

Ahí existe una diferencia importante.

Un líder no tiene que saberlo todo. Pero sí tiene que saber qué hacer cuando no sabe.

En Educación Especial, esa capacidad resulta particularmente necesaria. La complejidad de los servicios puede colocar a directores y otros líderes educativos frente a situaciones para las cuales no poseen todas las respuestas técnicas. El problema no está necesariamente en desconocer una respuesta. El problema comienza cuando el desconocimiento se convierte en improvisación, silencio o una decisión tomada sin consultar a quienes poseen el conocimiento necesario.

Liderar también significa preguntar.

¿Qué necesita este estudiante?

¿Qué información tenemos para sostener esta decisión?

¿Qué establece el proceso?

¿Quién posee el conocimiento que necesitamos?

¿Qué alternativas hemos considerado?

¿Qué apoyo necesita el docente para poder responder adecuadamente?

¿Y cómo sabremos si lo que decidimos está funcionando?

Hacer preguntas no disminuye la autoridad de un líder. Por el contrario, puede demostrar que comprende una de sus responsabilidades más importantes: movilizar el conocimiento disponible antes de tomar una decisión.

Pero preguntar solamente funciona cuando también estamos dispuestos a escuchar.

En ocasiones, las personas más cercanas a una situación poseen información que no aparece en un informe. El maestro conoce lo que ocurre diariamente en el salón. La familia puede aportar información sobre el estudiante fuera de la escuela. Los especialistas observan necesidades desde sus respectivas disciplinas. Otros profesionales conocen procedimientos, recursos y alternativas que quizás el líder desconoce.

Ninguna de esas perspectivas, por sí sola, necesariamente contiene toda la respuesta.

Por eso necesitamos equipo.

Dirigir Educación Especial no significa convertirse en maestro de Educación Especial, psicólogo, trabajador social, terapista, abogado o especialista en cada área relacionada con los servicios. Tampoco significa delegar toda responsabilidad a quienes poseen ese conocimiento. Liderar implica saber cuándo consultar, a quién convocar, qué evidencia solicitar y cómo integrar distintas perspectivas para facilitar decisiones responsables.

Eso también requiere reconocer límites.

Hay decisiones que no pueden fundamentarse en “siempre lo hemos hecho así”, “entiendo que funciona de esta manera” o “alguien me dijo”. Cuando están en juego los servicios y derechos de un estudiante, la buena intención no sustituye el conocimiento técnico ni la información confiable.

Un líder efectivo aprende a decir: “No tengo esa respuesta todavía; vamos a buscarla.”

Esa expresión no debería interpretarse como debilidad. Puede ser el comienzo de una cultura profesional diferente: una donde preguntar es preferible a improvisar y consultar es más responsable que aparentar conocimiento.

Sin embargo, consultar tampoco significa renunciar al liderazgo.

Después de escuchar corresponde organizar. Hay que identificar responsabilidades, procurar los recursos disponibles, establecer seguimiento y mantener al equipo conectado con el propósito de la decisión. El especialista aporta conocimiento técnico; el docente aporta experiencia educativa; la familia aporta una perspectiva indispensable; y el líder ayuda a crear las condiciones para que esas aportaciones puedan convertirse en acción.

Ese es uno de los grandes retos del liderazgo en Educación Especial: no tener todas las respuestas y, aun así, asumir la responsabilidad de que las respuestas correctas sean buscadas.

Quizás necesitamos líderes menos preocupados por demostrar que saben y más comprometidos con construir equipos que puedan aprender juntos.

Porque dirigir no siempre comienza dando una instrucción.

A veces comienza haciendo la pregunta correcta.

Jóse L. Santiago Castillo

Educador, autor e investigador puertorriqueño, especialista en Educación Especial, currículo, liderazgo educativo y co-enseñanza. Se desempeña como Coordinador de Escuela Graduada de Caribbean University en Puerto Rico y Facilitador Docente de Educación Especial en el Departamento de Educación de Puerto Rico. Es autor del libro La co-enseñanza: estrategia educativa y trabajo en equipo en los Programas de Educación Especial, obra centrada en la inclusión, el trabajo colaborativo y el fortalecimiento de la práctica docente.

Comentar

Haga clic aquí para comentar

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.