Así como la sabiduría,
la libertad también llama.
Ambas llaman con insistencia
a quienes se creen sabios
y a quienes viven enamorados
de su propia ignorancia;
a jóvenes y viejos,
con experiencia o sin ella.
¡A todos!
La libertad llama
a quienes están conformes
con su mala educación:
la impartida por los Estados,
por políticos serviles al Leviatán,
por oportunistas de la justicia social.
La libertad llama claramente
para abrir tu mente,
para quebrar las ideas del colectivismo:
ese que mata y empobrece,
ese que engaña y envilece.
Si la escuchas,
la libertad también te invita
a vivir y dejar vivir,
a respetar el ideal ajeno
y procurar el bien.
Responsabilidad y libertad,
juntas como hermanas,
te llevarán hacia la prosperidad
y florecerás si las amas.
La libertad y la sabiduría
llaman a tu pueblo, a tu familia.
Si tu nación las comprendiera,
con ellas renacería
y jamás perecería.
Este poema fue publicado originalmente en El Insubordinado.














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