13 policías asesinados

Escribiré desde el dolor, lo cual no es una novedad en mi vida y mucho menos en Colombia, en donde día a día repetimos el ciclo y lloramos y nos lamentamos y nos preguntamos hasta cuándo y decimos no más y sentimos dolor (no es novedad) y repetimos el ciclo y…

Acaba de terminar el homenaje póstumo a los 13 policías asesinados en Amalfi, el pasado 21 de agosto, liderado por el gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón. De forma cobarde, como es su proceder, un grupo criminales mató a 13 hijos, hermanos, esposos, padres. Un video que se viralizó en redes sociales mostraba como el helicóptero se precipitaba a tierra, mientras se escuchaba a estos seres inhumanos celebrar y vanagloriarse de haber acabado con 13 vidas.

No quiero escribir de la violencia que es perpetua en Colombia. No es necesario, porque ella es evidente y nos ha acompañado a todos desde que nacimos. Algunos no hemos pasado un solo día de nuestras vidas en completa tranquilidad, siempre nos ha acechado el enemigo, llámense Farc, Eln, Auc, etc, y tuvimos que aprender a “convivir” con él, con ese enemigo, que, aunque no nos tocara directamente, si sentíamos cerca en cada noticia, en cada titular, en cada cifra de muertos.

Toda vida vale, pero en Colombia esas tres palabras componen una frase vacía para muchos. Asesinar para algunos es como un deporte, como dijo alguien –no recuerdo quién- “aquí matan por ver caer”. La espiral de violencia es infinita y las luchas armadas se volvieron una costumbre. No importa la ideología, lo que importa en el dinero y por conseguirlo, algunos hacen lo que sea y matar, terminar una vida (lo único que es irrecuperable en nuestra existencia) se convirtió en la salida fácil y rápida para conseguir lo que se quiere.

Duele Colombia. Y es un dolor crónico, endémico, irreparable. Hoy lloramos a 13 policías. Hace unos días a soldados. Hace tres meses a un padre asesinado por su familiar, a una madre muerta por robarle. Hace un año o cinco o veinte a otros tantos miles de personas. Hoy lloramos, pero mañana y pasado y dentro de un año o cinco o veinte seguiremos llorando porque el dolor es parte de nuestra vida y porque parece no haber una solución a un problema que es estructural, un problema que se convirtió en la solución de muchos, la muerte.

Y mañana, si no nos llega hoy la muerte, nos levantaremos a seguir luchando, porque es lo único que nos queda y tal vez sea la mejor manera de homenajear a quienes ya se fueron, tal vez sea la única forma de darle sentido a lo que no lo tiene.

Gracias a los tantos héroes de Colombia que han dado sus vidas por protegernos. Ojalá que algún día podamos afirmar que sus muertes no fueron en vano.

Descansen en paz.

Diego Mora Ariza

Comunicador, magister en Comunicación y en Gerencia de empresas sociales.

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