Opinión

Mejor ladrar en defensa de la democracia, y no complacer al terrorismo como ratas

Los amigos de la impunidad titulaban y vociferaban ayer sobre “ladridos” que desde la oposición realizábamos al no estar de acuerdo con lo que se lleva a cabo en Cuba: unos diálogos a favor del terrorismo.

En 1125 días que han corrido después de iniciado el show en La Habana, nos han tildado de todo: mano negra, tiburones, rufianes, aves de mal agüero y perros. Esa es la voluntad de “paz” que demuestran quienes acompañan las intenciones de un mandatario cegado por el poder y traidor de los electores.

Pero para referirnos sobre lo que se nos acusa, hay que recordarle a Juhampa el porqué de nuestro ladrido, los perros no ladran porque sí:

  • Los perros ladran cuando detectan una amenaza
  • Los perros ladran cuando ven a un intruso acercándose
  • Los perros ladran ante el ataque y por un posible peligro

La principal razón que tiene un animal para ladrar es frente a una alarma, una advertencia o un riesgo que se avecina, por eso ladramos.

A nosotros no nos ofenden todas las declaraciones que en nuestra contra realizan mediante el poder que les dio la mermelada. No nos ofusca el maltrato que nos dan frente a nuestras posiciones en defensa de la democracia. No nos molesta el desprestigio que con sus ataques buscan el camino para silenciarnos.

Lo que nos molesta es la complicidad para buscar la impunidad del terrorismo, lo que nos ofusca es el abuso que quieren tener contra nuestra Constitución para complacer al comunismo, lo que nos ofende es la premiación que quieren darle a las FARC tras haber masacrado millones de familias por más de cinco décadas.

Algunos líderes de la política, cercanos al gobierno traidor y mentiroso, salen muy orondos y cuajos para atacar a la oposición del Centro Democrático, pero se acobardan y amedrentan cuando se trata de rechazar y repudiar los crímenes de las FARC; que vergüenza y asco producen aquellos enmermelados que atacan a sectores democráticos y que a la vez callan de forma cómplice ante la atrocidad de las violaciones del terrorismo. ¿Cómo se pudiera llamarles a estos personajes? ¿Cómo referirse a aquellos que cambian postura política cada vez que hay un nuevo gobierno? ¿Qué nombre darles a los que simplemente andan con el sol que más les alumbra? ¿Cuál pudiera ser la palabra que describe a aquellos que entregan el futuro de Colombia al terrorismo? ¿De qué manera hablar sobre los que prefieren a los terroristas haciendo política en vez de verlos en la cárcel?

Las ratas son agiles para encontrar el camino fácil, traicionan a su pareja y abandonan el nido buscando su beneficio propio, se alimentan de basura y viven de las pestes, son sigilosas y  actúan con cobardía.

Acusan de ladrar porque, a diferencia de la complicidad de las ratas, desde el Centro Democrático se ha denunciado que se negociaba en oculto con las FARC, que se les ofrecía impunidad y cero días de cárcel, que los cabecillas descansaban tranquilamente en Venezuela, que los guerrilleros siguen reclutando niños y atentando contra la población civil, que la infraestructura vial y el medio ambiente son atacados por orden de los veranean en Cuba. El tiempo le dio la razón a los ladridos, cada una de las advertencias y denuncias se comprobaron ciertas.

A aquel traidor, tramposo y alcahueta, puede respondérsele parafraseando su tweet en el que nos acusa de ladrar: Uds han mentido, mienten y seguirán mintiendo. Pero nosotros seguiremos ladrando hacia la paz sin impunidad.

Mejor ser los perros que ladramos ante el peligro de un acuerdo con impunidad y sin justicia, y no llegar a ser esas ratas que serviles al gobierno se comen el queso de la democracia y entregan el país al terrorismo.

La verdad, mejor ser perros y no ratas.

Camilo Martínez Navarrete.

@CamiloMartinezN

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Editor

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