Opinión

El pensamiento abortista es misógino

Ilustración: Nadine Valerio

El mercado de amiguetes o los monopolios existentes en Colombia es mal interpretado como liberalismo económico, capitalismo o libre mercado, dejando a esta corriente económica en una pésima visión a los ciudadanos, las tendencias e ideologías de izquierda política o de la sociedad en general llaman a esta corriente económica de manera despectiva “neoliberalismo”. Las mafias y la corrupción existentes en las grandes empresas, unidas a la de las megaminerías que dejan un grave daño demostrado al medio ambiente; a las que se les atribuye la apropiación de ríos que fueron usados por comunidades enteras no ayudan a la imagen del capitalismo. Por lo que la propiedad privada es lastimada de diferentes formas, incluida la prohibición de ejercer proyectos de megaminería.

Aunque para las tendencias de izquierda el capitalismo es uno de los peores males, incluyendo el hecho de quitarle la intervención del estado a la propiedad privada, no les parece tan mala la interpretación del cuerpo humano como propiedad privada. Lo señalo con ironía.

Las tendencias argumentan a favor del aborto que este debe ser libre y gratuito además de un derecho, debido a que se trata, supuestamente, de una decisión sobre el cuerpo de la mujer. “Ni la Iglesia, ni el estado mandan en mi cuerpo” dice la perorata abortista, no quieren que el estado intervenga sobre las “decisiones” sobre su cuerpo, sin embargo, exigen que dicho aborto sea costeado por el estado, como si eso redujera los riesgos de practicarse un procedimiento tan grave e inhumano como lo es el aborto, además, en los países que se ha legalizado el aborto sus consecuencias graves no han disminuido, ni tampoco su practica clandestina.

¿Mi cuerpo, mi decisión? El pensamiento insistente contra el “neoliberalismo salvaje” produjo una ironía en el pensamiento, el “neoliberalismo salvaje” arrojó la idea grave de que el cuerpo de una persona es una propiedad privada donde el estado no debe intervenir por ningún motivo, como si el cuerpo fuese una multinacional, una fabrica o algún otro tipo de empresa, y el feto que se desarrolla en el vientre fuera algún tipo de subproducto de la fabrica. Ese pensamiento “anarco individualista” es misógino, y lo acompaño con esta frase atribuida a la feminista Alice Paul, que ahora hago mía: “El aborto es lo último para abusar ilegítimamente de la mujer, el aborto es violarte hasta las entrañas”.

Este pensamiento conduce hacia una idea anticientífica horrible: “el feto es un subproducto de la mujer, un conjunto de células y no una persona”. Pero, ¿conjunto de células? En efecto, el ser humano tiene billones de células, por lo que es obvio, de una manera no tan estricta, una persona es un conjunto de células a cualquier edad, ¿esto nos da derecho a matar?

No les parece una vida a pesar de que a la cuarta semana (contada desde el momento de la concepción) el embrión ya tiene corazón y estómago.

Entonces no mencionan que el feto, el embrión son etapas inherentes del desarrollo del ser humano, no es menos persona un niño que está creciendo que un adulto ya desarrollado. El feto, la adultez, la niñez, la vejez, la adolescencia siguen siendo etapas del desarrollo humano, es decir, vida. Y este concepto de vida quiero concluirlo con un párrafo que encontré en aciprensa, y que al igual que la frase de aquella destacada feminista, ahora hago mío:

“En el mundo científico se considera ser vivo a cualquier tipo de célula que existe en la naturaleza. Se busca vida en Marte buscando moléculas de agua, pero esto no ocurre con los seres humanos. No se considera una persona, una vida a un feto dentro del vientre materno, sobre todo si es en las primeras semanas de gestación, a pesar de que incluso antes de las 4 primeras semanas ya existe latido”.

Ilustración: Nadine Valerio

Esto fue escrito por

Alejandro Agudelo

Soy Alejandro Agudelo, estudiante de tecnología en electricidad industrial del SENA de Cali, crítico constante de la política nacional.
Las letras son el sacrificio de miles de hombres que quisieron perpetuarse en la historia.