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DIM: Ocaso Poderoso

FOTO JAVIER AGUDELO/EL TIEMPO.

Sería ilógico dejar pasar la oportunidad para hablar del mediocre presente de Independiente Medellín. Si bien es actual finalista de la Copa Colombia junto a Junior de Barranquilla, el rojo paisa está cada vez más lejos de un nivel sobresaliente que lo lleve a jugar un buen papel, local e internacionalmente.

A la hora de criticar, el técnico, los jugadores o hasta las directivas, son los blancos preferidos, en esta incertidumbre que es el pan de cada día para El Poderoso no hay nadie que esté a salvo. En Medellín a “rey muerto, rey puesto” y seguirá siendo así hasta que se enseñe a los jugadores que el escudo en frente de la camisa siempre será más grande que el nombre que está detrás.

El pasado miércoles, David Montoya y Ricardo Calle comandaron a Medellín desde el banquillo, mientras que David González y ‘Mao’ Molina, lo hicieron en la cancha. Con esos nombres es imposible no recordar, pues no hay que ser un sabio conocedor de historia para aceptar que la mejor generación que tuvo el rojo fue aquella del 2003, ese equipo aguerrido, pasional y muy talentoso, que llenó el Atanasio Girardot por su fútbol y no por el precio de la boleta.

A dicha generación no le quedaba grande la camisa, sus logros incluso traspasaron fronteras, como aquel memorable partido en el Olímpico de Porto Alegre, abarrotado de hinchas de Gremio, cuando Molina y ‘El Gordo’ Montoya le dieron al combinado paisa un empate que posteriormente los llevaría a semifinales, a ese Medellín ni el mismo Boca Juniors le asustaba.

A esta generación, hay que hacerle entender que el mayor logro obtenido no fue aquel campeonato frente a su rival Atlético Nacional, más bien ese podio en la Libertadores de hace 14 años que lo inmortalizó momentáneamente por el valor de su plantilla, la cual no mencionamos completa porque nos faltaría espacio pa’ tanta gente.

Probablemente El Poderoso consiga quedarse con la Copa a fin de mes, en el fútbol no hay nada escrito. Pero no habrá cambio, no hasta que retire la mediocridad de sus ideales y entienda que su hinchada merece una alegría que le revitalice la emoción de ir al estadio, que devuelva a la gente ese amor propio hacia un club forjado por el sentimiento.

Esto fue escrito por

Camilo Sánchez Bustamante

Mi nombre es Camilo Sánchez Bustamante, estudiante de Comunicación Social en la Universidad EAFIT. Soy apasionado por el deporte y su filosofía de juego como espectáculo para el espectador.