Opinión

Constitución a la carta

Estoy seguro que entre los muchos doctores que habrá en el Congreso debe haber por ahí algunos abogados o, al menos, unas cuantas tarjetas profesionales con abogado.

La carencia de juristas, como los hubo antaño en los hemiciclos del Senado y la Cámara, viene siendo suplida por médicos y hasta por veterinarios, cantineros y vendedores de específicos, qué se sabrá que también de sabuesos del I Ching y vendedores de zapatos.

De la bien concebida Carta de 1886 pasamos a la lista de mercado de la Constitución de 1991 que, si no quedó del todo mal redactada, se debió al ingente esfuerzo contra el reloj del constituyente Hernando Yepes Arcila, quien se impuso la ímproba tarea de darle alguna presentación a los textos. Pero le faltó tiempo.

Y no es que no haya instituciones rescatables en la vigente. Las hay, como la Acción de Tutela que ha rescatado a tantísimas personas del borde del sepulcro amparándoles los derechos a la vida y la salud.
No sé cuántas reformas ha sufrido la del 91, de ellas pocas rescatables, como la que introdujo el Sistema Penal Oral Acusatorio que ha sido como un tábano para sacar del letargo a jueces y policías judiciales molondros. Aun así, las cárceles están repletas de ciudadanos sin oportunidad de pronta y cumplida justicia.

Lo delicado del asunto es que vienen fungiendo como constituyentes y adalides de las reformas congresistas sin ninguna competencia jurídica y, por lo mismo, carentes de juicio, de donde resulta que la Carta ha sufrido infames manoseos, como el de ahora relativo al famoso plebiscito. Y a ello no ha sido ajena la Corte Constitucional cada vez más precariamente provista.

La última reforma está enderezada a tener una Constitución a la carta según los intereses del gobierno, que echa al abismo la regla de oro de la Democracia –como es la mitad más uno- pretendiendo facilitar, de esa manera, el triunfo del sí para la obscena impunidad y la cuestionable elegibilidad exprés de los forajidos, con el fraudulento umbral del 13%.
Tiro al aire: una reforma a la Constitución liderada por el médico Roy Barreras tiene por qué ser un adefesio y no merece ningún respeto.