Cultura Opinión Recomendados Selección del editor

Van Gogh: la sublimación del genio artístico

Seguramente, el/la lector/a que haya decidido leer este artículo o se haya limitado simplemente a mirar el título, no encontrará extraño que un artista de la talla de Vincent Van Gogh merezca un artículo de índole filosófico como el que me propongo a escribir. Su nombre, tan conocido en la cultura general del arte del siglo XVII, sigue resonando con tal ímpetu y tesón, sobre todo por el conocido suceso con su oreja y su suicidio, que serían pocas las personas que podrían afirmar que jamás han escuchado hablar de él. Hoy, lo que me motiva a escribir este breve análisis de su obra a través de la Filosofía y el Arte, es simplemente y llanamente, la estética detrás de sus pinturas que cobraron sentido a través de una existencia llena de infortunios y tropiezos pero que a la vez fueron el caldo de cultivo para la consecución de la sublimación de un genio artístico.

Considero que la vida espiritual de todos los seres humanos solo puede ser explicada a través del arte, de su ejecución, pero más que todo en la emoción que produce el poder hacer exégesis de cada obra que se construye, así Vincent Van Gogh vivió su vida: sus infortunios y tragedias se hicieron arte y alcanzaron el fin último de la belleza. Un artista de honestidad superior entre el lienzo y su espíritu, provisto de una magnificencia estética casi evocando la perfección sagrada. En sus cartas a Theo – única obra literaria compilada de su autoría en donde le expresa a su hermano Theo las desgracias y desdichas de su vida material y espiritual- Vicente muestra su lado más lóbrego y miserable, con tono de desventuranza y pesimismo, su situación económica y personal en La Haya y en Nuenen. Por esas épocas, sus pinturas exteriorizaban lo sombrío de su existencia y estado espiritual de desahucio y desesperación:

Van Gogh – El Comedor de patatas (1875)
Van Gogh – El Comedor de patatas (1875)

El biógrafo Stephen Salfer en su libro Van Gogh: The Life, expresa que estas obras aparentemente cotidianas y sin mucho sentido a primera vista, no son más que un retrato fehaciente de la situación de precariedad de su salud mental por aquellas épocas. La falta de luminosidad del cuadro evidencia primero la situación económica del pintor: debido a la falta de insumos y de dinero para la compra de telas de pintura, varios de sus cuadros habían perdido calidad de color y en los matices de luz que tan acostumbrado estaba a usar en sus primeras obras. La falta de excentricidad de estas primeras pinturas no fue lo que lo hizo un pintor famoso, solo evidencian a un aprendiz de lo que más tarde sería un lúcido y extravagante pintor. Así, las facetas artísticas de Van Gogh van en consonancia con sus situaciones emocionales y, por qué no, espirituales. En un fragmento de Cartas a Theo, escrita desde París en 1875 expresa:

Me siento viejo cada vez que pienso que la mayoría de la gente que me conoce me considera un fracasado; me parece que algún día podrían tener razón si ciertas cosas no cambiaran. Cuando me digo que eso podría suceder, lo veo tan intensamente real que me siento descorazonado y todo deseo se aleja de mí, como si ya hubiera sucedido. Cuando vuelvo a mi estado de ánimo normal, más tranquilo, me alegro de que hayan transcurrido treinta años y que éstos no hayan transcurrido sin haber aprendido yo algo de lo cual podré sacar partido más tarde. Siento entonces la fuerza y los deseos de vivir los treinta años siguientes, si me es dado vivirlos.

Muy seguramente, este fragmento evidencia que a la luz de la opinión del gremio artístico europeo –al menos con el que Van Gogh estuve en contacto como el pintor francés Paul Gauguin- Van Gogh no era un gran pintor. Sin embargo, con base a obras posteriores considero, en un juicio personal estético, que estaban bastante equivocados:

A juicio personal, creo que la Noche Estrellada (izquierda) y El Viñedo (derecha) son la máxima muestra de que la miniaturización que tenía Van Gogh en el pleno auge del post-impresionismo europeo estaba basada en premisas falsas y ficciones. Entre muchas otras cosas, como dice el biógrafo Uwe Schneede en Vincent Van Gogh: Vida y obra, “la mala opinión que tenían los círculos artísticos de la época se debía única y exclusivamente a la grandeza de su técnica para ese entonces”. La madurez de sus obras posteriores, sobre todo las cercanas a su muerte, dieron un punto de inflexión trascendental en la historia del arte y la inauguración de la contemporaneidad artística. Como escribe Friedrich Nietzsche “el arte es el camino para la consecución de nuevos valores”, y así Van Gogh se convirtió en una guía no solo en la evolución del arte como disciplina, sino un retratador de los valores que permeaban la cotidianidad del siglo XIX y el inicio de una nueva forma de vida en el entrado siglo XX.

Así se inmortaliza la belleza. Hoy siglo XXI, y personas como yo siguen deleitándose con la suntuosidad de obras del pasado. Tanto es el asombro personal que siento por la pureza de las obras de Van Gogh que me atrevería a decir que su herencia, tanto para el arte como para quienes nos cautivamos con lo bello, es inminentemente sempiterna, atemporal y casi alcanza lo sagrado. Estoy seguro que, al pasar del tiempo, la gente seguirá admirando su legado, será objeto de estudio y su herencia artística permanecerá incólume en la cultura artística. La sublimación del genio no se difumina, no se desvanece, porque quien no fue valorado en vida, como le sucedió a Van Gogh, permanecerá inmortal a los ojos de la historia.

P.S. Para ver más obras de Van Gogh, pueden revisar esta página que contiene casi todo su legado artístico: https://www.todocuadros.com.co/pintores-famosos/van-gogh/