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Unas elecciones históricas

Admitiendo que este análisis que acabo de hacer es insatisfactorio para analizar todas las dinámicas y “sorpresas” que tendrán las elecciones del otro año, estoy convencido de que independientemente del resultado, 2022 pasarán a la historia como una anomalía más en nuestro complejo y basto sistema electoral y de participación.


La política en Colombia y sus particularidades, lejos de poder catalogarse dentro de la teoría de sistemas de partidos y participación, es un fenómeno que está en constante cambio. Si bien algunos hechos puntuales a destacar como la apertura partidista de 1991, pueden dar una guía sobre los cambios significativos de nuestra dinámica política, lo cierto es que dada la heterogeneidad de los contextos, discursos y alianzas imposibilitan hacer una radiografía rigurosa sobre lo que serán las elecciones en nuestro país. Así, las elecciones de 2022, dadas las contingencias, serán unas elecciones históricas bajo estas cuatro razones que expondré a continuación.

Primera: Estas elecciones será la gran oportunidad para que la denominada política alternativa domine el Congreso y tenga oportunidades reales de Gobernar.

Luego de la promulgación de la Constitución de 1991, el fin del bipartidismo liberal-conservador posibilitó la apertura y consolidación de grupos significativos de la sociedad civil que descontentos con la representación “elitista” de los partidos hegemónicos, diversificaron las plataformas políticas y los discursos partícipes de la contienda electoral. A pesar de tan significativa innovación, la política tradicional instrumentalizó el miedo como arma política para contrarrestar una posible victoria electoral de grupos políticos emergentes. Fue así como la asociación de grupos de izquierda con la ilegalidad, se convirtió en el arma política del tradicionalismo para llevar a sus electores a mantener incólumes los intereses y la acción pública de la vieja élite que también aprovecharon el contexto en el que las FARC se convirtieron en los enemigos número uno de la institucionalidad.

Hoy en día, por fortuna, la izquierda ha sabido jugar el descontento frente a la vieja política a su favor. Hechos como la firma del Acuerdo de La Habana, la creación de nuevos movimientos alternativos, pueden favorecer una posible transformación en la gobernanza en Colombia. A pesar de que algunos mantienen ese discurso del miedo, esta vez mirando a Venezuela y Cuba, la izquierda tiene una oportunidad histórica de desarrollar un proyecto programático en aras de cambiar las estructuras de poder.

Segunda: La creación de un programa de derecha liberal, lejos del caudillismo

Nos guste o no admitirlo, el caudillismo se ha apoderado de la Política Tradicional colombiana. Incluso en las épocas en donde el bipartidismo era la única manera de representación política las, “figuras ilustres” conservadoras y liberales eran las referencias para reproducir ciertos programas de Gobierno e instrumentos de discurso por parte de los partidos tradicionales. Por parte de los liberales, las figuras de Santander en el siglo XIX y de Jorge Eliecer Gaitán y Luis Carlos Galán, los dos últimos asesinados, víctimas de la violencia en Colombia; y los conservadores que encontraron en Laureano Gómez, Mariano Ospina Pérez y Álvaro Gómez Hurtado, quien no logró ser presidente, se convirtieron en iconos de la idiosincrasia de la élite política en Colombia. Hoy, en pleno siglo XXI, los caudillismos promovidos por el expresidente Álvaro Uribe, del expresidente César Gaviria y de otros, han obstaculizado, en gran medida la promulgación de actualizar los programas y las líneas de acción política de los partidos tradicionales. Sin embargo, afortunadamente, nuevos liderazgos regionales como los miembros de la Casa Char en la Costa Atlántica, Luis Pérez y Federico Gutiérrez en Medellín, Juan Carlos Pinzón en Bogotá, tienen la oportunidad histórica de renovar las propuestas de la derecha en nuevos liderazgos y propuestas para sacar a Colombia del limbo del dogma uribista en el cual está sumergido el país. Tienen un reto impresionante para seducir al electorado joven.

Tercera: Un nuevo marketing político y modernización del sistema electoral

Es apenas razonable pensar que a medida vamos avanzando en la implementación de los procesos electrónicos y digitales, los países en vía de desarrollo todavía sean reacios a invertir en la modernización de su sistema electoral. Mientras países del primer mundo como Estados Unidos, Europa y algunos Latinoamericanos ya hacen de las redes sociales una nueva oportunidad para vender a un candidato como el producto más valioso por el cual un ciudadano puede votar, lo cierto es que Colombia se ha quedado atrás a la hora de modernizar su sistema electoral y de utilizar las redes sociales como campo de contienda discursiva y argumentativa. Nuestro país destaca, curiosamente, a aquellos personajes públicos que con frecuencia utilizan redes como Twitter, Facebook, Instagram sobre aquellos que prefieren no darse “tanta pantalla”. Lo cierto es que hoy en tiempos de pandemia, cuando la incertidumbre rodea a los ciudadanos sobre el retorno a la normalidad, es imperativo que las campañas políticas y la comunicación de gobierno y porque no el sistema electoral, debe de acelerar el proceso de digitalización y optimización gracias a las ventajas que pueda ofrecer la tecnología y el desarrollo web. Si lograron sacar una aplicación para la vacunación ¿por qué no hacer lo mismo para votar?

Cuarta: Crisis de la representación partidista y nuevos movimientos

Si en Colombia se llegaran a fundar cien partidos políticos, sería insatisfactoria la representación de intereses de todos los ciudadanos. El mísero sistema bipartidista que se consolidó por más de doscientos en nuestro país fue la muestra de la penuria representativa en la cual nuestro heterogéneo país estaba sumergida. Aún hoy, treinta años después de ruptura hacia un sistema “plural” sigue siendo insuficiente a la hora de recibir las peticiones y atender las necesidades de las regiones de Colombia. En gran medida, el centralismo administrativo de nuestro modelo de Estado, ha sido reproducido por los mismos partidos tradicionales para emitir las líneas programáticas de lo que representan en las regiones. Por ejemplo, si el Partido Liberal busca consolidar una propuesta de igualdad social, paz e inclusión ¿acaso no se da cuenta que lo puede necesitar una región como el Amazonas es muy diferente a lo que demanda una ciudad como Medellín? Este centralismo programático, como me gusta llamarlo, es una de las razones por las cuales hoy un candidato busca lanzarse por iniciativa ciudadana, como una recolección de firmas, en lugar de afiliarse a un partido político. Si no se trabaja en ese aspecto, los partidos –de cualquier posición en el espectro ideológico- tiene riesgo de desaparecer. Es más factible y estratégico promocionar un Grupo Significativo de Ciudadanos que un Partido Político.

Admitiendo que este análisis que acabo de hacer es insatisfactorio para analizar todas las dinámicas y “sorpresas” que tendrán las elecciones del otro año, estoy convencido de que independientemente del resultado, 2022 pasarán a la historia como una anomalía más en nuestro complejo y basto sistema electoral y de participación.

 

Esto fue escrito por

Esteban Escudero Correa

Estudiante de Ciencias Políticas y Filosofía de la Universidad Pontificia Bolivariana. De mis gustos personales está en escribir sobre mis opiniones, argumentos y puntos de vista sobre coyuntura nacional e internacional; escribir ensayos sobre reflexiones de teoría filosófica y de interés general. Apasionado por la lectura, el arte y el teatro.

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