Opinión

Una mirada a la calle

De manera irracional y un tanto incalculable, escuchamos a los medios nacionales, las personas del común quejarse por el aparente abandono que sienten por parte del Estado, por diferentes causas, ya sea el salario mínimo, el tema de movilidad, el sistema de salud, y de más variables que le competen; pero definitivamente hace falta salir a visitar las zonas más vulnerables de la ciudad, para reconocer que sí hay personas realmente abandonadas por el Estado, los habitantes de calle.

Es increíble ver la miseria (no puede nombrarse de manera más sutil) en la que sobreviven estas personas, totalmente hacinadas en calles, despreciadas y relegadas por los demás habitantes de la ciudad y tal vez con toda razón, su aspecto físico no es para nada agradable y sus condiciones mentales están justificadas en la cantidad de sustancias alucinógenas que consumen, el hambre que por días no ha sido saciada, los cambios de clima, entre otros factores que influirían en el correcto comportamiento de un ser humano, como para generar desconfianza.

El desespero de estas personas por un plato de comida no se puede ocultar, es imposible que no te contagie de ese sentimiento de angustia, al verlos en orden filados, llorando mientras esperan por su porción de comida, muchos agradecen, otros simplemente huyen lo más pronto posible por el miedo de ser reconocidos, de ser juzgados, pero ¿ser juzgados por qué?, ¿por una mala decisión?, TODOS tomamos malas decisiones en nuestra vida, que no nos implique consecuencias tan devastadoras ante los ojos humanos, no nos hace mejores, ni con el derecho de mirarlos con desdén.

La pregunta real es ¿qué hace el Estado por ellos?, no tengo la menor idea, ni siquiera estas personas la tienen, sus palabras son: “Dios les pague, son los únicos que se acuerdan de nosotros en esta época”, ¡en esta época!, por favor ¿qué pasa el resto del año?, que indolencia, que triste ver como todos los seres humanos actuamos solo a intereses y beneficios propios. Realmente logra romper el corazón, no solo verlos, dejarlos allí mientras regresas a casa, sino el hecho de no saber qué hacer para ayudarlos, un plato de comida no es suficiente, una muda de ropa tampoco lo es; quizás cambie su realidad un segundo, pero al caer la noche están de nuevo inmersos en su deplorable realidad.

La excusa perfecta es: la comida y la ropa la cambian por vicio, todo eso lo venden por cualquier cosa para comprar droga… ¿Y?, eso no es lo importante, lo importante no es que uno o dos lo hagan, tal vez lo hagan 500, pero no por eso están condenados a la misma indiferencia las más de 40000 personas que viven en esta realidad, lo importante es hacerlos sentir visibles aunque sea por un instante.