Un gran acuerdo nacional sobre la ciencia, la tecnología, la innovación y el emprendimiento

Dice J. Stiglitz en su libro, la creación de una sociedad del aprendizaje: “La innovación moldea nuestra sociedad y es moldeada por ella”; ahora bien, hablar de ciencia, tecnología, innovación y emprendimiento implica hablar necesariamente del modelo de sociedad que soñamos, que queremos y que construiremos; proponer entonces un gran acuerdo nacional por la ciencia, la tecnología, la innovación y el emprendimiento es proponer un gran acuerdo por la sociedad que moldearemos y de la cual seremos moldeados.

Se trata hoy fundamentalmente de convertir el acceso a la ciencia, a la tecnología a la innovación y el emprendimiento en derechos, así como hablamos del derecho a la educación, a la salud, a una vida digna, es necesario hablar de la ciencia, la tecnología, la innovación y el emprendimiento como bienes públicos, es decir, que todos los ciudadanos y las ciudadanas, tengan igual posibilidad para acceder a los fondos de financiamiento, a las estrategias disruptivas para innovar y emprender, y a las tecnologías; máxime cuando nuestra Constitución Nacional plantea que la actividad económica y la iniciativa para emprender, innovar y formar empresa son libres dentro de los límites del bien común y sobre todo que la libre competencia económica es un derecho para el usufructo y beneficio  de todos.

Sin embargo, dicha apuesta no solamente atraviesa los entornos disruptivos de formación e investigación hacia los cuales debe de emerger necesariamente nuestra primera acción, cerrar la brecha de acceso a los espacios de innovación, emprendimiento e investigación se hace imperativo; las barreras de accesibilidad, los procesos de gentrificación de la infraestructura gubernamental que se convierten en paradigmas de inaccesibilidad para los sectores menos favorecidos y circundantes, la articulación de un ecosistema de investigación, innovación y emprendimiento alrededor de la cotidianidad, los circuitos de innovación social en los entornos del barrio donde se construye ciudadanía y con ellas las ciudadelas de innovación y emprendimiento articuladas a los centros de formación, culturales y sociales en cada municipio del país.

El territorio se convierte en un espacio permanente de co-creación, garantizando la conectividad, y no solo la conectividad de los ciudadanos entre sí, sino la infraestructura necesaria para abrirnos al mundo, desde los barrios, comunas y veredas; facilitar el acceso a internet, en el marco de una cuarta revolución industrial que se enmarca precisamente en la conectividad y la digitalización como categorías fundamentales, se hace imprescindible y para ello es necesario más allá de la inversión, que es fundamental, es necesario democratizar el espectro, es decir, posibilitar anchos de banda, en los cuales se abandone la vieja regulación cuyo usufructo de las líneas de distribución de las utilities pueden ser usados por los operadores de telecomunicaciones pero no viceversa, se trata de ir rompiendo el monopolio de las telecomunicaciones y posibilitar el desarrollo tecnológico para que otros servicios puedan garantizar la conectividad de los ciudadanos en el territorio, pero esto merece otra discusión.

Por otro lado, la formación demanda de currículos flexibles, pertinentes, situados, diversos e incluyentes, no solo se trata de formar para la instrumentalización del trabajo, de un trabajo que en el marco de la cuarta revolución industrial nos obliga a pensarnos y repensarnos el trabajo del futuro o ¿cuál será el futuro del trabajo?; los conocimientos enciclopédicos, el sujeto formativo como agente pasivo de formación en la relación docente-alumno, hace desaparecer como lo planteaba el profesor Carlos Medina: “la tensa tranquilidad en que navega la escuela, en sus galeones de normas; si no hacemos desaparecer el horizonte de nuestra cotidianidad académica, el faro de los manuales; si no deshacemos la cartografía de los programas; si no incursionamos en la turbulencia del cambio, a la búsqueda de nuevos continentes de saber, de caminos más cercanos y gratificantes.”  Ahora bien, se trata de hacer una disrupción en el modelo educativo, en el modelo de formación para la ciencia, la tecnología, la innovación y el emprendimiento como parte del currículo desde la infancia, y parafraseando a nuestro premio nobel una formación “de la cuna a la tumba”, desde los niños en la escuela hasta los adultos senior que pueden seguir investigando, innovando y emprendiendo en todo este ecosistema de ciencia, tecnología, innovación y emprendimiento; aquí es importante reconocer el conocimiento, la práctica y la experiencia, como un elemento fundamental para investigar, innovar y emprender.

Otro aspecto fundamental son las tecnologías digitales, estamos en una época en la cual el alto componente digital y la transformación digital nos ha llegado no solamente por la pandemia del Covid-19, sino que venía anterior a ella, y esta nos ha puesto en un punto de quiebra, en el cual o nos transformamos o nos transforman digitalmente, y por ello nuestra cotidianidad cada vez se traslada más al mundo virtual, al “Metaverso”, telestudio, teletrabajo, tele diversión, tele gestión, etc. Las tecnologías digitales rompen la brecha de la accesibilidad física y material y nos permiten conectarnos, desmaterializarnos, tele gestionarnos; el mundo gobernado por el dato, se convierte en un paradigma disruptivo de sociedad, no para desplazar la renacentista idea del antropocentrismo, sino para acercarnos, para facilitarnos la vida, para garantizarnos la posibilidad de conectarnos con el otro y aquí la reflexión fundamental es cómo garantizar el acceso a las tecnologías digitales para todos y todas como medios e instrumentos para el desarrollo de la ciencia, la tecnología, para innovar y emprender.

Y finalmente la inversión y la financiación, se hace necesario promover los fondos públicos para el desarrollo de la ciencia, la innovación y el emprendimiento; es importante que avancemos en la senda de garantizar que al menos el 2.5% del PIB se destine a las actividades de ciencia, tecnología e innovación y emprendimiento, cuando en nuestros años de mayor inversión no hemos logrado superar la barrera del 0.5% del PIB; apalancar la inversión y el crédito condonable para nuestros jóvenes investigadores, innovadores y emprendedores con apuestas disruptivas de impacto colectivo y social, donde los resultados de su quehacer se midan no por el EBITDA o el VPN sino por la transformación de sus territorios, de sus entornos y su ecosistema; facilitando el acceso a la redes de inversión pública y privada y quitando las barreras regulatorias para su accesibilidad, aquí no se trata de innovar y emprender solo si se tiene un buen historial crediticio, si no si se incentiva la curiosidad, la creatividad y la imaginación.

Estos son algunos de los elementos propuestos para ese gran Acuerdo Nacional sobre la Ciencia, la Tecnología, la Innovación y el Emprendimiento, en el marco de ese gran imperativo ético de “Vivir Sabroso”, es decir, de vivir con dignidad, con oportunidades, con derechos y con posibilidad de un futuro que se parezca a nuestros sueños.

About the author

Javier Darío Fernández Ledesma

Ingeniero industrial, especialista en sistemas, magíster en ingeniería y doctor en ingeniería electrónica. Con más de 20 de años de experiencia docente en educación superior y consultoría. Actualmente investigador senior de Colciencias.

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