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Sobre la energía nuclear (i): derribando mitos

Si hiciéramos una encuesta de manera aleatoria sobre la pregunta si cree que el mundo debería transformar el abastecimiento de energía y la manera como la aprovecha sus recursos, estoy casi seguro de que la mayoría de los encuestados respondería que sí.  Como escribí en un artículo la semana pasada a este portal sobre la necesidad de dejar de pensar en el largo plazo para contener una inminente destrucción de nuestra especie[1], quiero dejar mi posición sobre cuáles deberían ser los pilares de la transformación energética. Y no, nuestra salvación no está ni en la energía solar, ni en la energía eólica porque estas están diseñadas para hacer una transición energética al largo plazo y están muy limitadas en cuanto a zonas geográficas óptimas para su localización. El futuro energético está la energía de origen nuclear.

Entiendo que el lector(a) se sienta decepcionado(a) o asustado(a) de esta propuesta que hago, pues la mala –e injusta- fama que tiene la energía nuclear pone a los ambientalistas radicales, a la persona del común y a algunos jefes de Estado a temblar y ha sido el caldo de cultivo para que se estructure una campaña de desprestigio sin precedentes a una opción que, podría salvarnos de las crisis energéticas que vive el mundo hoy.

Chernóbil, Fukushima, elaboración de armas de destrucción masiva, huella ambiental, lluvias ácidas son algunos de los argumentos utilizados por los detractores de la energía nuclear para descartarla como el pilar de sustitución de los combustibles fósiles que ya, probado, es un recurso altamente peligroso para la supervivencia de nuestra especia y de los ecosistemas. Antes de desmitificar algunas supersticiones sobre la energía nuclear me permitiré a exponer brevemente cómo funciona el proceso de elaboración, distribución y abastecimiento de la energía nuclear.

Usted querido/a lector/a está hecho de átomos, a su vez que estos interactúan con la materia orgánica de su cuerpo generan pequeñas reacciones de radiación nuclear a pequeña escala; en el Sol, nuestra enana blanca, ocurren un promedio unas 500 reacciones de fusión nuclear (más tarde explicaré brevemente en que consiste) y en un día aquí en la Tierra son en parte responsables, que hoy la sensación térmica en nuestro planeta haya aumentado considerablemente. Luego del cataclismo ocasionado en la Segunda Guerra Mundial con las bombas de Hiroshima y Nagasaki, junto con el proyecto Manhattan (no niego de ninguna manera que fueron eventos muy dolorosos y execrables de la humanidad, más aun cuando se utilizó todo ese conocimiento de física teórica para destruir y no para construir), la humanidad descartó, a mi parecer de manera muy apresurada, la instrumentalización de todo el conocimiento hasta ese momento obtenido sobre los átomos, su comportamiento y su provecho para hacer nuestra vida más fácil y suplir uno de los grandes desafíos de los combustibles: la eficiencia.

Entonces ¿cómo funciona este cuento? En términos generales, la energía nuclear, como su nombre lo dice, viene del núcleo de los átomos, los cuales están compuestos por neutrones y protones, los cuales a su vez empiezan a reaccionar de manera espontánea y así es como generar energía. La fuerza que acompaña dicho proceso no es ni la gravitatoria ni la electromagnética (que es la que hace posible la generación de electricidad por campos magnéticos), sino que debe acudir a otra fuerza teorizada que nosotros los físicos estudiamos bastante para hacer radiografías de las explosiones solares: la fuerza nuclear fuerte. Esta fuerza es la que permite la estabilización del átomo para la posterior generación de energía.

Imagínese usted poder generar estas reacciones a escala masiva para abastecerse: su televisión, la carga del celular o computador sobre el cual está leyendo este artículo pueden funcionar 200% más su rendimiento gracias a la tecnología. ¿Cómo funciona? A diferencia de las reacciones que se generan en el Sol, las cuales son reacciones de fusión nuclear que consiste en que los núcleos de los átomos se unen para formar núcleo atómico más pesado, las que necesitamos para generar energía de uso civil, sería el proceso contrario: la fisión nuclear. Básicamente, este proceso es el viceversa al proceso de fusión: ya no necesitamos que los núcleos busquen otro similar para generar uno más fuerte, si no que necesitamos que se divida para obtener núcleos atómicos más débiles. Para llevar a cabo dicho proceso necesitamos una central nuclear que palabras, palabras menos se compone de un reactor nuclear, generador de vapor, una turbina y un condensador.

Ilustración de la fusión nuclear
Ilustración de fisión nuclear

 

Seguramente, cuando piensas en este modelo de central nuclear, te estarás imaginando la Planta Nuclear de Springfield de la serie Los Simpson operada por Homero Simpson, Lenny y Carl, y administrada por el Señor Burns o la serie “Chernobyl” que sacó Amazon Prime y me dirás: “No, eso es demasiado peligroso”. Y si no, te voy a negar que el riesgo siempre está, pero también hay que tener en cuenta que de las 444 centrales nucleares que existen (y otras 50 que hay en construcción) en el mundo, la proporción de situación nucleares de alta peligrosidad son ínfimas. Por ejemplo, lo sucedido en Chernóbil fue una explosión en un reactor en una prueba de corte eléctrico, lo que propició que el material nuclear contenido (gases nobles y Cesio 137) se expandiera a un radio de aproximadamente 16.000 KM con un sinnúmero de víctimas mortales y afectaciones en el ecosistema duradero. Por su parte Fukushima, fue a causa de un terremoto que sacudió el país nipón en 2011, reactores que contenían vapor agua, presentaron fugas y una persona murió a causa del incidente. Son dos relatos de alta peligrosidad en más de 70 años de existencia de la energía nuclear.

¿Y bueno la huella ambiental? La lluvia ácida puede ser el argumento perfecto de los detractores ambientalistas, pero no, gracias al generador de vapor, aquello que sale de las plantas nucleares es simple vapor de agua y la huella ambiental se minimiza porque la energía nuclear no desprende gases de efecto invernadero nocivo (cosa que si hace por ejemplo la apropiación de combustibles derivados del petróleo para poder retroalimentar las plantas de energía de hoy y generar electricidad convencional. Ahora ¿y los desechos radioactivos? Una planta nuclear por supuesto que no puede operar sin un desintegrador atómico, que sería el responsable de reunir los vestigios de material nuclear y reutilizarlos para nuevos procesamientos, la innovación de esta energía es que no existe la posibilidad de pérdida del trabajo mecánico generado por la fisión (cosa que no pasa con el petróleo, con la energía solar y la energía eólica).

El ultimo mito a derribar es sobre la proliferación de más armas nucleares. Lo cierto es que como especie hemos utilizado mucho conocimiento en ingeniería y ciencia aplicada para el desarrollo de armas. Según datos de la ONU, EEUU y Rusia hoy poseen el 90% de las armas nucleares a nivel mundial, con la fortuna de que estos países hoy además de generar una parte importantes de su energía de uso civil gracias a la tecnología nuclear, estos países han procurado mantener descartado un conflicto nuclear a gran escala gracias a los métodos de la diplomacia moderna. Por ejemplo, el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (firmado recientemente en EEUU) hacen pensar que no veremos, al menos al mediano plazo un conflicto entre países de gran escala que ponga en riesgo la seguridad de la humanidad. Lo ideal, por supuesto, sería descartar de una vez por todas la instrumentalización de ese conocimiento en materia nuclear e invertirlo única y exclusivamente para uso civil. Soy creyente que nuestra facultad racional nos permitirá dejar de usar la disuasión nuclear como arma de debate internacional.

Spoiler: En la próxima entrega para este portal entraré en materia para comparar la energía nuclear con otras alternativas energéticas y defenderé de porque es la mejor alternativa en términos de eficiencia para resolver el problema energético.


[1] Para leer el artículo: https://alponiente.com/redireccionar-la-lucha-contra-el-cambio-climatico/

Ilustraciones: Google Imágenes