Cultura Opinión

Sobre la educación tradicional | Parte I

Ayer se celebró el Día del Maestro en Colombia, en un entorno bastante atípico. No obstante, si algo ha demostrado este período de confinamiento obligatorio, es que la educación tradicional es un problema, y que los que llamamos maestros, no lo son tanto.

¿A qué se debe todo esto? ¿Qué tiene el sistema escolar actual que tantos encuentran insatisfactorio? ¿Por qué generaciones de gobernantes y legisladores en la historia de Colombia no han logrado mejorar el sistema educativo y, de hecho, lo han llevado a degenerar cada vez más en altísimos niveles de mediocridad? Primero que todo; a que nuestro sistema educativo de primaria y secundaria se encuentra concebido para formar soldados, brigadas y ciudadanos sumisos. Aún continuamos apegados a un sistema que fue desarrollado por los ingleses para fomentar la revolución industrial, y que posteriormente se “perfeccionó” hasta el colmo de la minuciosidad por la cultura alemana –de la cual plagiamos muchas cosas–.

Pese a que durante esta temporada los niños no se encuentran asistiendo a las aulas, se mantienen las premisas básicas de dicho modelo: vivir la vida en fracciones de tiempo controladas por un timbre o campana (en este caso, los cambios abruptos de una clase virtual a otra), estar siempre sentados en pupitres con filas bien ordenadas (en este caso, no dejar de observar a la pantalla ni una sola vez), y jamás cuestionar al personal docente –Cabe aclarar que el hecho de cuestionar toda autoridad, no implica faltarle al respeto. Cuestionar y respetar no tienen porqué ser eventos mutuamente excluyentes. Si un discípulo no tiene posibilidad alguna de cuestionar a su maestro, no es su discípulo sino su esclavo, y no es su admirador sino su adulador–. Los antecedentes en mención, se robustecen como los más vehementes anhelos que germinan del corazón de los colectivistas para nuestros niños, y de este modo convertirlos en sus réplicas. Eh ahí la segunda razón: el hecho de que el Estado controle la educación, porque aunque existan instituciones privadas, los programas curriculares se ciñen a lo que éste exija.

Chicos resignados que no cuestionan, son perfectos para un mundo estancado en donde la innovación, más que exaltada, es atacada sin ningún tipo de compasión. Por esa razón, naciones como Cuba o Corea del Norte, parecen una fotografía de mucho tiempo atrás. Ahora bien ¿Por qué nos quejamos de que los colegios y las universidades en general, no producen mayor innovación? El problema de estas instituciones, ya sea que se sostengan con capital público o privado, es el mismo, y no es un asunto de recursos, sino de individuos que llegan a leer traducciones de libros de antaño, y de tecnologías que están muy consolidadas ya y no representan ninguna ventaja competitiva a nivel empresarial. El estudiante tiende a no ir más allá porque la gran injerencia del Estado sobre la educación; no permite consentir individuos libres que puedan cuestionar, y el gran “empresario privado” –que en realidad no es tan privado– no puede permitir el despliegue de una libre competencia.

El resultado de todo esto es bastante predecible: una permanente decadencia de la economía y la sociedad, puesto que no se crea nada y la iniciativa se corta y se castiga.

Colombia y Latinoamérica en general, cuentan con un modelo económico altamente intervenido, de sobre-exceso tributario y grupos empresariales privilegiados por el Estado, en donde el ciudadano de a pie está supeditado a su despotismo y al cual por ningún motivo se puede dejar de servir –irónicamente, el Estado fue creado para servir al ciudadano–. Y es así como la economía, esté abierta o no, se destruye porque no existe generación de nueva información, o no se desecha la que ya no sirve. Tenemos empresas de poco valor agregado, con maquinaría nueva pero basada en tecnologías viejas, y con pésimos salarios a causa de la poca cantidad de capital y conocimiento por parte del personal colaborador.

Entonces ¿Cómo lo resolvemos?

El mejor método para comprobar cualquier premisa descansa sobre la libre iniciativa y el libre mercado. Necesitamos cada vez más individuos dispuestos a arriesgar su propio dinero en el emprendimiento, pues son precisamente ellos quienes mejor pueden comprobar si las propuestas que hacen aportan valor. Una empresa o un producto pueden fracasar, y eso implica que muy probablemente su propuesta no era la verdadera y que hay que desecharla. El emprendedor o empresario, por más que lo deseen, no pueden imponerle su voluntad a la realidad. Sin embargo, cuando regímenes totalitarios llegan al poder, gústenos o no, si pueden usar la violencia, aunque al final el resultado es el que ya conocemos y ellos son incapaces de aceptar que pasará.

Se debe entender además, que la educación y la cultura son manifestaciones espontáneas de las necesidades económicas que, aunque continuamente retroalimentan el sistema para optimizarlo, no son su inicio. Su inicio son la libertad individual y la libertad para emprender, en un marco institucional en el cual las normas sean las mismas para todos y la carga impositiva sea mucho más baja en comparación con la actual.

Luego ¿Qué papel juega la educación en todo esto, sabiendo que no es el inicio para resolver el problema?

Primero se debe explicar en qué consiste la educación. Para ello, me remitiré al magistral concepto que Ayn Rand, novelista rusa y precursora de la filosofía objetivista, proveyó sobre ésta, en una franca e inédita entrevista realizada por Tom Snyder en julio de 1979:

Educar significa desarrollar la mente del hombre para permitirle lidiar con los hechos provistos por la realidad. En todas las especies con vida, a los pequeños hay que enseñarles sus medios de supervivencia, información que es provista por sus mayores. Si alguna vez, uno se detiene a observar a los gatos o a los pájaros, se verá que la madre les enseña a los gatitos a cazar o a los pájaros a volar. En cada especie –al menos entre los animales más evolucionados– los padres les enseñan a los hijos las habilidades específicas necesarias para su supervivencia. Este proceso ciertamente aplica para el ser humano, cuyos medios de supervivencia son los más complejos, pero que también son autoexhortativos.

La herramienta básica de supervivencia del hombre es su mente, su facultad racional. Para llegar a ser un completo adulto y sobrevivir por sí mismo, un individuo necesita dos cosas: un conocimiento de los hechos (por lo menos hasta el nivel adquirido por sus mayores) y, aún más importante, el conocimiento de cómo usar su mente para adquirir más hechos. El hombre es la única especie capaz de transmitir y expandir su conocimiento de generación a generación. Los animales pueden transmitirles a sus pequeños solamente las habilidades con los que han sido dotados por la naturaleza; no pueden transmitir conocimiento. El hombre sí que puede.

La cuestión crucial es cómo el hombre adquiere conocimiento. No sabe automáticamente lo que es verdadero o falso. No sabe automáticamente cómo validar sus conclusiones haciendo que se correspondan con los hechos de la realidad. La habilidad de adquirir conocimiento –lo que significa, de razonar– no es innata. El hombre nace sólo con la capacidad de pensar, pero tiene que descubrir cómo usar esa capacidad. Tiene que descubrir las leyes de la lógica, las leyes a través de las cuales puede validar su conocimiento y determinar lo que es verdad. El objetivo básico de la educación, empezando con el niño pequeño y acabando en la universidad, es entrenar al joven a usar su mente. Hay que darle ciertos hechos fundamentales que la humanidad ya ha adquirido, para que no tenga que empezar desde cero como un salvaje en la selva. Pero, por encima de todo, hay que enseñarle cómo adquirir conocimiento. Cuando un hombre acaba la universidad, por lo tanto, debe tener el conocimiento básico en el campo específico en el que se está especializando, y debe saber cómo extender ese conocimiento. Debe saber cómo pensar.

Es en esto precisamente en lo que la educación moderna ha fallado estrepitosamente. No sólo no le proporciona al estudiante los hechos básicos, sino que está diseñada –casi como si hiciera de forma deliberada– a negar su capacidad de pensar. Si los jóvenes de hoy no son neuróticos cuando entran en la universidad, tienen una buena probabilidad de serlo cuando salen de ella. Toda esa tendencia anti-racional en la filosofía de la educación está diseñada para paralizar la mente conceptual del hombre.”

Adhiriendo completamente a las palabras de Rand, es claro que el único objetivo de la educación es enseñarle al alumno cómo vivir su vida, desarrollando su mente y dándole los medios para que sepa enfrentar la realidad. La formación que necesita el alumno es teórica sin duda, pero hay que enseñarle a pensar, a entender, a integrar, y a validar. Hay que enseñarle el conocimiento esencial descubierto en el pasado, y prepararle para que pueda adquirir nuevos conocimientos por su propio esfuerzo. Razón por la cual, el objetivo fundamental de la educación, difícilmente pueda ser logrado en un sistema de educación pública.

Esto se debe a que la educación pública es una forma de actividad impuesta por la fuerza. Basta con observar el actual estado de los colegios y universidades que son financiados con recursos públicos: una total demostración de por qué el uso de la fuerza sólo provoca desastres. Pueden existir desde luego, excepciones en algunas instituciones estatales específicas, pero como sistema, la educación pública inculca conformidad social y obediencia, no autonomía e independencia. Cuando la educación cae en manos del Estado, los maestros deben ser fieles y apoyar incondicionalmente al sistema para el cual trabajan –por más que vayan en contravía de sus principios y valores–, pues están paralizados por un aparato político que vigila cada uno de sus movimientos.

Los problemas de la educación pública

La educación pública, por definición, no cumple ni es capaz de cumplir con los objetivos de una educación adecuada, porque las instituciones educativas estatales no sólo proveen los edificios donde se imparte la educación, sino que además determinan el contenido de lo que se les enseña a nuestros niños. Los currículos están politizados para reflejar las prioridades ideológicas de los gobernantes de turno, y sus estándares son continuamente reducidos para conservar el mínimo común denominador. A los niños más brillantes no se les permite desarrollar al máximo su ilimitado potencial humano, se descuidan los casos especiales de las individualidades de cada niño y los estudiantes de nivel medio se convierten en poco menos que los engranajes de una máquina.

En estos lugares, los estudiantes difícilmente aprenden “los hechos” ni cómo adquirir nuevo conocimiento. Ellos aprenden los hechos que el Estado decide que deberían aprender y por el método que éste mejor prefiera, sumado a todos los prejuicios ideológicos que los gobernantes de turno quieran imbuir en esas mentes indefensas, sean teorías con base en el misticismo o la idolatría, religiones variadas –se está tendiendo a suprimir la fe cristiana–, o ideas políticas sectarias escondidas bajo rubros como “Educación para la Ciudadanía”.

La alternativa

Sólo un sistema de educación basado en el financiamiento privado puede inculcar la razón, con intromisión mínima del Estado. En las instituciones de educación privada se enfatiza sobre la autonomía y la independencia –igual que en todas las iniciativas privadas–, y sobre la importancia de valernos por nosotros mismos y de nunca perder la razón. Nuevamente, puede que existan excepciones en casos específicos de docentes, pero a esto es a lo que conduce la educación privada por su naturaleza.

Cualquier influencia del Estado sobre la educación corrompe su objetivo, y por lo tanto la capacidad de las personas de pensar y razonar. Lo único que les permite a los padres equipar a sus hijos para funcionar en el mundo –y lo único que no viola los derechos de los padres ni de los hijos, ni de ningún individuo– es una separación absoluta entre Estado y educación. Si la educación se empieza a concebir como lo que es: un bien económico, existirá cada vez más un mercado diversificado de la educación y que se adapte a las necesidades individuales de cada alumno.

La principal razón por la que la educación tradicional está condenada a desaparecer, en todas sus jerarquías, desde la financiación hasta la asistencia, es porque ésta se basa en la compulsión en lugar del consentimiento voluntario. Años atrás, esta problemática había sido identificada por el genial Murray N. Rothbard en su monografía Educación: libre y obligatoria.

Visiones para mejorar la educación

En la actualidad, Laura Mascaró, gurú de la educación en casa, la libertad educativa y la importancia de formar a los niños en economía y finanzas; plantea que pueden haber todas las formas habidas y por haber de educar, creyendo por supuesto que todas son igualmente válidas. Mascaró ha destacado en repetidas ocasiones, que los padres deben ser libres de elegir la opción que consideren más adecuada para cada uno de sus hijos, y que entre ellas también está la opción de educar sin asistir al colegio.

Incluso, personajes notables como María Marty, comunicadora social y columnista del PanAm Post, directora Ejecutiva de la Fundación para la Responsabilidad Intelectual (FRI) y del Ayn Rand Center Latin America, y liberal/libertaria objetivista y argentina; han insistido en la importancia de diversificar la educación y separarla del Estado –esta idea, aplica para cualquier nación–:

“¿Qué tal si cada padre se compromete a mirar los libros de texto que les dan a sus hijos en el colegio y ver qué les están enseñando? Resulta decepcionante leer contenidos de textos con los cuales se educa a niños de 2do grado en Cuba. Curiosamente, a este sistema es lo que la Unesco llama un «ejemplo de educación para el mundo». En un país sin democracia –como Cuba– no es necesario ser «sutil». Pero en un país como el mío –Argentina–, la cuestión no es promocionar al tirano en el poder, sino la idea anticapitalismo y pro-colectivismo, produciendo generaciones de Estado-dependientes. Es nuestro deber moral, comenzar a buscar las «sutilezas» en los libros guía de nuestros niños y empezar a ponerlos en evidencia. También proponer la separación categórica entre Estado e iglesia, Estado y economía, y Estado y educación.”

Recordemos que el ideal de paz en el mundo, empieza por la paz en la familia, y de que, por lo tanto, cambiando la crianza se puede cambiar el mundo. Diversificando la educación y permitiendo a las familias decidir el espacio más apropiado para la formación de sus hijos, tendremos cada vez más emprendedores, innovadores, científicos, escritores, artistas, u otros profesionales, que cuenten con la facultad de crear un mundo cada vez mejor.

Cultura, conceptualmente hablando, viene de la palabra cultivo, y con el actual modelo que nos rige –política y económicamente hablando–, no se quiere sembrar porque el Estado se te lleva todo, por lo que no hay tampoco nada que cosechar: ni alimentos, ni tiempo libre, ni ocio para los “artistas” que están en cama con el Estado y que pagan sus privilegios con el ahorro que genera el excedente de los agricultores. Este es el papel que juega la educación en todo esto: necesitamos más profesionales aptos en el campo, y lo suficientemente fuertes tanto física como mentalmente, para enfrentarse a las continuas dinámicas que manifiesta el mercado. Sí al libre comercio y al crecimiento económico. Sí a menos Estado, a menos regulaciones y a más cultura, con educación privada que no proporcione adoctrinamiento.

Ahora bien ¿Cuáles son las opciones al actual modelo de educación tradicional, y que es fuertemente controlado por el Estado? En la próxima parte de este artículo, expondré algunas de ellas.

Esto fue escrito por

Cristian David Gil Toro

Ingeniero Electrónico de la Universidad Nacional de Colombia Sede Manizales (Manizales Caldas, Colombia), y Especialista en Gerencia de Proyectos de la Escuela de Ingeniería de Antioquia (Envigado Antioquia, Colombia). Socio y Administrativo de una franquicia educativa que imparte una metodología como complemento para que los alumnos mejoren su nivel académico. Facilitador calificado en la educación de jóvenes, niños y adultos en el área de las matemáticas. Promotor del desarrollo del potencial humano en términos de autodidactismo, autonomía, capacidad de trabajo, creatividad, defensa de los ideales, efectividad, atención, cálculo mental, síntesis, análisis, raciocinio y pensamiento lógico. Colaborador permanente de "This Is Silicon Valley", y en otras oportunidades de los portales "The Mises Report" y "MÁS+ Libertad". Defensor de la libertad influenciado por las ideas de pensamiento desarrolladas en la "Escuela Austríaca de Economía". Miembro de "Libertarios de Antioquia" y "Antioquia Libre y Soberana", movimientos de inspiración libertaria para conseguir la independencia de Antioquia (Colombia) por medios pacíficos. Miembro a su vez de las organizaciones "Thomas Jefferson Institute for The Americas", "Grupo Libertario de Salamanca" y "Libertas Phyle". Puedes seguirlo en Twitter (@cdgilt).

Añadir Comentario

Haga clic aquí para publicar un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.