Opinión Política Selección del editor

Sin polarización, no hay democracia

No hay nada más peligroso para una sociedad, que se denomine a sí misma democrática e inclusiva, que la censura de la polarización. Aquellos líderes que pregonan el discurso de “no más polarización” o de la superación de las diferencias, están muy cerca de perpetuar una tiranía del consenso que erradique cualquier posibilidad de disentir y pensar diferente.

No hay nada más peligroso para una sociedad, que se denomine a sí misma democrática e inclusiva, que la censura de la polarización. Aquellos líderes que pregonan el discurso de “no más polarización” o de la superación de las diferencias, están muy cerca de perpetuar una tiranía del consenso que erradique cualquier posibilidad de disentir y pensar diferente.

Reconocer nuestra naturaleza conflictiva es sin duda uno de los grandes retos de las democracias modernas, porque solo es en la aceptación de la imposibilidad del pleno consenso en donde se construyen sociedades verdaderamente pluralistas. En consecuencia, el establecimiento de una asociación política que incluya la articulación de los múltiples intereses públicos y privados de los individuos que la conforman, podría ser el punto de partida para la creación de instituciones que resuelvan de manera eficiente los problemas que aquejan a dichas sociedades.

La historia de nuestro país es un ejemplo paradigmático de la omnipresencia del conflicto como motor de construcción social. Durante el Siglo XIX, la guerra fue la edificadora de los proyectos nacionales debido a la recalcitrante fragmentación liberal/conservadora, nuestro país se vio devastado por las incesantes confrontaciones bélicas que cobraron miles de vidas, justificadas en intentos de imposición de los intereses de la clase política que emergía para la época.

El Siglo XX no fue el fin del complejo panorama. El asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán exacerbó la atomización de la sociedad colombiana; sumado a esto, con la llegada de las ideas revolucionarias a nuestro país, se emprendió una sangrienta disputa por el control legitimo del Gobierno entre grupos guerrilleros, grupos paramilitares y el Estado. Luego de intentos infructuosos de consenso entre las partes, llegó el esperado año del 91; todas las expectativas estaban en pasar las páginas del doloroso relato de la guerra y pensar en una Colombia en la que todos, al unísono, materializáramos la utopía de la nación soñada.  No fue así. La proliferación de una Nueva Carta Magna nos dejó aún más claras nuestras diferencias, nos dimos cuenta de la riqueza de nuestra cultura, de nuestra diversidad nos dio a entender que la diferencia no es algo que debamos erradicar, por el contrario, es un tesoro del cual todos debemos sentirnos orgullosos y que debemos aceptar de lo que se viene de aquí en adelante.

En este contexto, es importante reconocer como sociedad colombiana, el valor que tiene el conflicto en la edificación de nuestra sociedad. Hoy, a diferencia del Siglo XX, contamos con un amplio abanico de representación ideológica y social en nuestras instituciones, lo que nos permite relegar la violencia como instrumento de disenso y expresarnos mediante la palabra, en los espacios públicos, en los medios de comunicación y en las calles.

Por lo anterior, aquellos personajes como Sergio Fajardo, que se la pasan alardeando su trasnochado discurso de no más polarización, deben ser derrotados en las urnas porque es más fácil que esos discursos se conviertan, más adelante, en regímenes de dictadura de opinión en donde censuren las diferencias y los medios para representarlas. Sintámonos orgullosos de pensar diferente y de contar con los medios para expresarla.

Esto fue escrito por

Esteban Escudero Correa

Estudiante de Ciencias Políticas y Filosofía de la Universidad Pontificia Bolivariana. De mis gustos personales está en escribir sobre mis opiniones, argumentos y puntos de vista sobre coyuntura nacional e internacional; escribir ensayos sobre reflexiones de teoría filosófica y de interés general. Apasionado por la lectura, el arte y el teatro.

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