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Repensar la economía: una reflexión para crear sociedades más justas

Lo que el mundo demanda hoy soy propuestas de reformas que configuren un sistema económico sostenible y que permita a los Estados tratar estas problemáticas con herramientas que quizá no se encuentren en la economía como disciplina y que requieran nuevas perspectivas de áreas como la Filosofía Política, la sociología y que el mismo contexto particular pueda propiciar-


En una columna que escribí para este medio hace unos meses, hice una reflexión sobre los puntos que se tocaron en el Foro Económico Mundial de principios de este año que se llevó a cabo en la ciudad de Davos y como estos, en medio de la reestructuración de nuestra sociedad después del cataclismo económico desencadenado por la pandemia, podría generar una transformación sustancial de la manera de relacionarnos en el mundo y construir un futuro venturoso y próspero*.

Así, complementando lo constatado en el Manifiesto del Foro, en donde se dejó la consigna de que el capitalismo debía reformarse, priorizando el beneficio común sobre el individual incluyendo una armonía  entre el desarrollo y el medio ambiente , adicionalmente, creo pertinente hacer una reflexión de cómo sería posible construir sociedades más justas, teniendo en cuenta que los indicadores del corto y mediano plazo como la pobreza y el desempleo, tuvieron sus más grandes alzas solo superadas por el dantesco escenario económico de 1929 y la crisis financiera del 2008, las cuales han significado serios obstáculos para encontrar la fórmula “mágica” de estructurar una economía sana y sostenible que no padezca estas súbitas fluctuaciones como la que estamos presenciando a causa de la pandemia del COVID-19.

Ese tal vez sea el problema: encontrar “fórmulas mágicas” para atenuar los problemas coyunturales como la pobreza no debería ser la tarea de los economistas políticos de la actualidad. Lo que el mundo demanda hoy soy propuestas de reformas que configuren un sistema económico sostenible y que permita a los Estados tratar estas problemáticas con herramientas que quizá no se encuentren en la economía como disciplina y que requieran nuevas perspectivas de áreas como la Filosofía Política, la sociología y que el mismo contexto particular pueda propiciar. En ese orden de ideas, los intentos infructuosos por responder a la pregunta ¿cómo crear sociedades más justas? está agobiando no solo a los letrados de las finanzas y a los gobiernos, sino a una sociedad a la cual le preocupa, en serio, la coyuntura que ha desencadenado esta nueva crisis social y económica que estamos viviendo.

Y es que lo anterior ya ha sido denunciado desde hace unos veinte años:   En su libro La idea de la Justicia, el economista –y Premio Nobel-  indio Amartya Sen, en un ambicioso plan de reconfigurar las diversas concepciones de sociedades justas que se empezaron a discutir de la mano de intelectuales de la Filosofía Política y la Economía del bienestar en los años sesenta, afirmaba que era hora de redefinir la manera en la que los Estados alardeaban de sus logros de crecimiento económico, rediseñando así los criterios vigentes como el Producto Nacional Bruto, el coeficiente Gini y los extensos y complejos análisis macroeconómicos, insertando nuevos métodos de “medición” de bienestar que permitieran a cada país y a los organismos multilaterales tener una comprensión holística de lo que conlleva el fenómeno de la pobreza y el desempleo, diagnosticando las consecuencias que eso trae para el correcto y firme funcionamiento de sus sociedades.

Si se hace una radiografía juiciosa a la teoría económica, se encontrará que los criterios hoy vigentes para la medición de la pobreza son sumamente exiguos e insuficientes: por ejemplo, para el Banco Mundial, una persona en pobreza extrema es aquella que tiene como ingresos menos de USD$ 2 dólares/día ; en otras palabras, sin importar la zona geográfica en la que se encuentre, en qué condiciones viva o a que trabajos esté sometida, esta persona se encuentra bajo un estándar global de pobreza solo por sus ingresos; otros sistemas o criterios de medición de pobreza, mucho más elaborados, como los medidores de pobreza relativa, toman como unidad de análisis los PIB y PNB –el Producto Nacional Bruto- de los países y mediante el cálculo aproximado del PIB pér cápita –es decir, el PIB de un país dividido entre el número de habitantes- dan un horizonte más contextual de la calidad de vida de los habitantes; sin embargo, sigue siendo un criterio sumamente vago, pues es implausible hacer una distribución plena de la renta nacional cuando el mismo funcionamiento de la economía no permite, en ningún escenario, redistribuir en plena equidad la producción de un país.

Por otra parte, además de las ambigüedades y límites que tienen los métodos anteriormente mencionados ,para el tratamiento del fenómeno de la pobreza también han surgido un sinnúmero de propuestas que tampoco parecen satisfactorios para aplicarlos  de manera universal : por un lado, están quienes afirman que una renta básica universal es la salida para la pobreza extrema en los países subdesarrollados, sin embargo los mismos marcos fiscales de países como Colombia, Ecuador, México o El Salvador imposibilitan la ejecución de este tipo de planes, puesto que la omnipresente corrupción de quienes administran el erario público y la falta de voluntad política, junto con la deficiente capacidad de recaudación, hacen de esta medida una mera utopía. Estos y muchos países tienen grandes programas de asistencialismo estatal que no han reducido el flagelo de la pobreza y, por el contrario, se han convertido en fondos de malversación y robo del dinero público que dinamitan la posibilidad de plantear una solución con una mayor participación del Estado. Por otro lado, de manera antagónica, están los partidarios de una reducción significativa de los tamaños de los Estados para “liberar” el aparato productivo de los países y así, bajo las leyes del mercado, impulsar pequeños y medianos emprendimientos donde cada persona, con un pequeño capital, saque adelante un proyecto personal para satisfacer sus necesidades básicas. Es una propuesta interesante de la cual yo, personalmente soy partidario; sin embargo, admito las graves deficiencias que tendrían estas propuestas en un país como Colombia, en donde la propiedad privada es injustamente acumulada por grandes terratenientes, como si estuviéramos en una colonia feudal, y los grupos armados amenazan la tenencia y la producción de la tierra; por otra parte, la gran ausencia de oportunidades hace difícil la implementación de este tipo de medidas.

Sea cual sea el programa y plan de acción que se elija para afrontar el flagelo de la pobreza; sin embargo, es muy importante hacer reformas sustanciales a nivel mundial para que las concepciones de una sociedad justa puedan materializarse con una mayor facilidad en cada uno de los Estados : primero, reformular la manera de medir nuestro crecimiento económico, pues la evidencia empírica ha demostrado que una tasa de variación positiva del Producto Interno Bruto no se traduce necesariamente en una disminución significativa de la desigualdad y la pobreza, y por el contrario, en países como Estados Unidos vemos a diario en los medios de comunicación cifras alentadoras en sus índices macroeconómicos, cuando simultáneamente, el bienestar y la calidad de vida de nativos estadounidenses y latinos residentes bajan significativamente; en lugar de ello, priorizar un criterio de desarrollo humano, talento científico o producción agrícola como criterios de verdadero crecimiento. Eso sí, dejando atrás la comparación con otros países. Segundo, trabajar  en la apremiante necesidad de crear instituciones políticas y económicas virtuosas, lo que hace necesario legislar,  en cada uno de los países, las reglas de juego para estimular la creación de emprendimientos prósperos que promuevan  una economía venturosa para cada uno de los Estados, evitando que los grupos armados vulneren el derecho a la propiedad privada y permitiendo el desarrollo libre del presente y del futuro de cada individuo de acuerdo a sus deseos y anhelos, lo cual se logra con Gobiernos conscientes de su realidad, atendiendo las necesidades de su gente, garantizando su seguridad y no acumulando las rentas nacionales instrumentalizando los actos de corrupción de los cuales somos víctimas a diario.

Y si, como ustedes, queridos lectores, pueden constatar, me he quedado sin responder a la pregunta central ¿Qué hacer para crear sociedades justas y prósperas? pero si fuera posible hacer las reformas que puntualicé anteriormente, estoy seguro de que estaríamos un paso más cerca de construir una nueva sociedad, en donde diríamos, sin tanto recato, que estamos más cerca de crear condiciones más óptimas para la prosperidad y el éxito para nuestro mundo del presente y del mañana.

Esto fue escrito por

Esteban Escudero Correa

Estudiante de Ciencias Políticas y Filosofía de la Universidad Pontificia Bolivariana. De mis gustos personales está en escribir sobre mis opiniones, argumentos y puntos de vista sobre coyuntura nacional e internacional; escribir ensayos sobre reflexiones de teoría filosófica y de interés general. Apasionado por la lectura, el arte y el teatro.

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