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Redireccionar la lucha contra el cambio climático

A pesar de las innumerables propuestas que hoy tenemos para la lucha contra el flagelo del cambio climático y consecuentemente las decisiones para evitar un irreversible cataclismo que termine con la vida en nuestro planeta, lo cierto es que el discurso ambientalista que hoy impera en la agenda global es insatisfactorio y débil en su línea pragmática, por ello considero es imperativo redireccionar los lineamientos que se tienen hoy para hacer frente a esta problemática y pensar en el hoy y no solo al largo plazo.


Vivimos en una época en donde el medio ambiente es el centro del debate global. La preocupación por parte de los Estados, organizaciones no gubernamentales e incluso las empresas alrededor del mundo han puesto entre otras cosas, a cuestionarnos como nuestra especie interactúa con el medio ambiente y a debatir sobre las consecuencias que trae consigo la “agresividad” con la que explotamos los ecosistemas. Hoy por hoy, el tema ambiental es una problemática global, pero tal parece que la pretensión de poner fin a la depredación contra los ecosistemas parece más bien un instrumento discursivo para ganar votos y aceptación; la realidad es que las líneas de acción que se proponen en dichos discursos parecen quedarse solo en retahílas vacías que aparecen en tratados, propuestas de campaña e influencers de poca monta.

Entender el cambio climático es entender que este es un fenómeno multicausal: Por una parte, existen una serie de causas que denominaré exógenas o naturales, las cuales se configuran en ciclos inminentes de la naturaleza. Dentro de esta categoría se encuentran las tormentas solares, por ejemplo, que una vez se llevan a cabo, llegan con mayor intensidad a nuestro planeta y consecuentemente aumentan la temperatura en determinadas zonas del globo terráqueo, a su vez, estas tormentas causan innumerables fluctuaciones en nuestro campo magnético terrestre, ocasionando afectaciones y desórdenes térmicos. Dentro de esta misma categoría se encuentran los gases de efecto invernadero que se producen de manera natural: el dióxido de carbono, metano, óxido nitroso y vapor de agua (provocado por el ciclo natural de evaporación del agua). Estos ciclos no se pueden evitar, ninguna actividad humana puede detener dichos fenómenos. Estas acciones configuran un 30% de lo que hoy estamos viviendo.

¿Y el otro 70%? Imagínese usted querido lector que posiblemente haya seguido muy al pie de la letra las campañas de reciclaje o diga ser “un amigo incondicional del medio ambiente”, aun cuando nuestra cotidianidad nos obliga a adquirir objetos de plástico, madera, aluminio, silicio, yodo y un sinnúmero de elementos provenientes de la conversión de combustibles fósiles en productos para aseo personal, de belleza y demás que provienen de estos. Incluso desde el celular o computador que usted está leyendo este artículo tiene un impacto ambiental muy significativo. Todo esto, sin embargo, por pesimista y desalentador que parezca, esta situación es producto de una larga historia que data desde la Revolución Industrial en donde se hicieron los primeros descubrimientos e inventos significativos de nuestra humanidad, y que paralelamente, provocaron un crecimiento exponencial de las causas endógenas del denominado calentamiento global. Gracias a ella tenemos lo que hoy poseemos, tenemos la más avanzada tecnología y nuestra calidad de vida ha mejorado considerablemente. ¿El costo del progreso? Una aceleración vertiginosa de las causas exógenas a las cuales hice referencia en el párrafo anterior y dantescas consecuencias como las que hoy ondean los titulares de prensa: incendios, epidemias, inundaciones, olas de calor, inviernos cataclísmicos. Si bien el avance de la humanidad ha sido contado desde la óptica de la explotación del medio ambiente ¿por qué no usar tanto desarrollo científico e industrial para devolverle un poco de ello al planeta?

Y si, hoy tenemos un acuerdo global de la lucha contra el cambio climático, campañas de carbono neutro, impuestos al plástico y la suspensión de uso de combustibles fósiles. Sin embargo, considero que esas “acciones de gran importancia global” que se han fijado diversos actores internacionales están lejos de ser el antídoto para una verdadera transformación que reduzca drásticamente las consecuencias de lo que estamos viendo al día de hoy. Por ejemplo, ¿sabía usted que existen islas en medio del Océano Pacífico que se convirtieron en bote de basura mundial de todo el uso de plástico de los países desarrollados e incluso en vías de desarrollo? ¿A estas alturas con el avance tecnológico y científico no se les ha ocurrido crear una gran planta de hidróxido potasio, un elemento que puede desintegran en 24 horas el material del plástico y sus similares? ¿Ante la demanda energética y la poca rentabilidad petrolera, ¿por qué continuamos con el absurdo temor para hacer transformaciones energéticas a escala nuclear? Los ambientalistas de hoy miran mucho hacia el futuro y poco miran al presente, con las soluciones que tenemos a nuestra disposición para el corto plazo, pues para para mantener su trillado discurso ambientalista, ya sea para hacerse con el poder o para posicionarse a escala social, estas soluciones no verán en la inmediatez los efectos deseados. Es por esto que se necesitan acciones concretas inmediatas que generen resultados positivos para nuestro medio ambiente en el tiempo inmediato.

Dicho esto, y para ser concreto e ir directo al grano la propuesta de agenda climática debe girar en cuatro ejes fundamentales, con la inexorable colaboración de los avances científicos

  • Obligatoriedad a todos los Estados para la construcción de plantas de tratamiento de materiales con acto impacto ambiental (Plásticos, aluminio, silicio, mercurio, etc)
  • Hacer inversiones en investigación científica dirigida a la búsqueda de combustibles alejados de los fósiles (energía nuclear). (Si el lector se escandaliza por el uso de electricidad de origen nuclear como alternativa energética, no se pierda el próximo artículo que escribiré para este portal desmitificando con argumentos científicos porque el uso de la fusión de elementos radioactivos si podría ser el reemplazo sostenible para los combustibles fósiles)
  • Prohibición de prácticas de fracking y extracción irregular de combustibles sobre el globo terráqueo
  • Fortalecimiento y exaltación de emprendimientos que promuevan la elaboración de artículos que no sean desechables.

A simple vista, estas acciones parecen igual de utópicas e insuficientes y si, admito que la única manera de llevarlo a cabo es gracias a la voluntad institucional, individual y económica (como las que existen hoy), sin embargo, considero es un punto de partido para pesar en el hoy y menos en el mañana. Los instrumentos que hoy poseemos para enfrentar al cambio climática están pensados para suplir las expectativas para dentro de 40 0 50 años (por ejemplo, véase los programas de carbono neutro de algunos países al 2050) pero lo cierto es que tendremos que dejar tanto discurso vacío y pasar a la acción inmediata, es por esto que hace imprescindible no postergar el debate y buscar un acuerdo global por la supervivencia en nuestro planeta.