Opinión Selección del editor

Quintero y el valor de la sinceridad

Según Alcohólicos Anónimos, el primero de los doce pasos para enfrentar el alcoholismo es que las personas admitan la impotencia ante el alcohol y la falta de gobernabilidad que tienen sobre sus vidas. Las religiones exigen la aceptación de los pecados a viva voz como primer paso para el cambio espiritual. La ciencia y la tecnología, así como la cultura de proyectos, también parten de la adecuada identificación y caracterización de los problemas como paso previo para avanzar en el diseño de soluciones.

 

No es coincidencia. El primer paso para que las personas, empresas y sociedades avancen, es precisamente ser honestos frente a sus problemas. El atraso se fundamenta en la autocomplacencia y el engaño colectivo.

 

El discurso del nuevo alcalde marcó precisamente esa diferencia frente a sus antecesores: “No quiero llamarlos a engaños, el panorama en Medellín hoy es complejo y no pretendo negarlo como ha sido costumbre. Esto lo aprendí del mundo de la innovación en el cual los problemas no son visto con vergüenza, sino como oportunidades para encontrar nuevos desafíos. Solo si ponemos con sinceridad las dificultades sobre la mesa, podremos encontrar las soluciones correctas”.

 

Más allá de discursos vacíos y llenos de lugar comunes, de indicadores de percepción ó de índices amañados con comparaciones engañosas, un alcalde por fin habló con indicadores de resultado ciertos sobre la realidad económica, social, y ambiental de la ciudad.

 

Por primera vez en décadas tenemos la oportunidad de dejar la autocomplacencia y de quebrar el facilismo de la inercia que caracteriza la pedancia de nuestros funcionarios públicos para empezar a reconocer nuestra realidad. Reconocer nuestros problemas es el primer paso para avanzar como sociedad.

 

Es menester entonces empezar a reconocer, por ejemplo, que las políticas de Desarrollo Económico basadas en micronegocios generan sobreoferta de productos de bajo valor agregado en mercados que no crecen, causando mayores niveles de informalidad y pobreza a nivel macroeconómico. Que las políticas actuales de bienestar social generan incentivos negativos hacia el atraso de las familias subsidiadas. Que los métodos y temas que enseñamos en nuestras escuelas no generan las habilidades necesarias para competir en las nuevas economías y que la estructura de nuestra educación superior es excluyente, elitista y enfocada en el lucro económico. Que bajo ningún indicador objetivo Medellín es la ciudad más innovadora del mundo, que de hecho no es siquiera la ciudad más innovadora de Suramérica. Que nuestras políticas urbanas han impulsado un modelo de desarrollo especulativo en función del negocio de pocos. Que ninguna evaluación de impacto  soporta el discurso de los grandes castillos de cemento en las comunas más pobres como impulsores de la “transformación de Medellín del miedo a la esperanza”…

 

La batalla de las elecciones se ha ganado. La segunda batalla del gabinete también tiene buena cara: la nueva directora de planeación, Análida Rincón, tiene comprobados conocimientos técnicos y experiencia haciendo frente a los fenómenos de reasentamiento de Medellín, además garantiza una cara social a la planeación del territorio; el nuevo secretario de educación Alberto Uribe conoce el sector público, tiene inigualable experiencia en el sector educativo y puede convertirse en un verdadero reformador de la educación para la IV Revolución Industrial bajo el acompañamiento adecuado; el nuevo secretario de juventud Alejandro Matta es un académico heterodoxo de altas calidades, conocedor de la política antioqueña y que puede convertirse en fabuloso coequipero para impulsar oportunidades en el grupo etáreo más vulnerable de la ciudad…

 

Sin embargo, las batallas definitivas contra el continuismo inmovilizador y el autoelogio estilizado apenas empiezan. La primera de ellas es la construcción de un plan de desarrollo a la medida de las esperanzas de cambio y de la realidad pura y dura de la ciudad.

 

Dirigentes empresariales, académicos, sociales y políticos deben aprovechar esta oportunidad para darle el viraje definitivo que necesita la ciudad y que así Medellín pueda hacer parte efectiva y exitosa de la nueva economía global.